Profesora de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Teherán.

Sus áreas de interés e investigación se centran en los asuntos europeos. Ha presentado ponencias en conferencias nacionales y extranjeras y publicado libros, artículos y trabajos en diversas revistas dentro de este ámbito.

https://lawpol.ut.ac.ir/en/~niknami.roxana

Tiempo de lectura:35 Minutos, 48 Segundos

Cualquier análisis serio de la política exterior francesa debe partir del reconocimiento de que Francia es un actor estructuralmente anómalo en el sistema internacional contemporáneo. Es miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, posee armas nucleares y un alcance militar global; a la vez, miembro fundador de la Unión Europea con la séptima economía más grande del mundo, una antigua potencia colonial con bases militares y relaciones de tratados que se extienden por África, Oriente Medio y el Indo-Pacífico; y, además, un Estado cuya población de 68 millones lo sitúa muy por debajo del umbral de una verdadera gran potencia en términos demográficos y económicos.

Esta combinación de atributos (la dotación institucional de una gran potencia con los fundamentos materiales de una potencia media) produce una política exterior que oscila permanentemente entre la ambición y la limitación, entre la pretensión de un papel global independiente y la necesidad pragmática de operar dentro de estructuras de alianza que Francia ni controla ni respalda plenamente.

Charles de Gaulle (1890-1970), fue Presidente de la República Francesa entre 1959 y 1969. Fuente: Encyclopedia Britannica.

El marco teórico de la autonomía estratégica gaullista, articulado de forma más sistemática por Charles de Gaulle en la década de 1960 y posteriormente institucionalizado por sucesivas administraciones francesas, tanto de izquierda como de derecha, se basa en tres proposiciones fundamentales.

La primera es que el interés nacional de Francia es irreductible a cualquier marco de alianza, por muy estrecho que sea, y que el Estado francés conserva el derecho soberano a definir sus intereses independientemente del consenso estadounidense, de la OTAN o europeo.

La segunda es que el asiento permanente de Francia en el Consejo de Seguridad, su disuasión nuclear y su influencia cultural y lingüística constituyen la base material para una voz global genuinamente independiente, una voz que debe ejercerse activamente en lugar de heredarse pasivamente.

La tercera es que el orden internacional se beneficia de una Francia que rechaza la alineación: que un mundo en el que París sigue por reflejo a Washington es un mundo menos estable, menos rico diplomáticamente y menos legítimo que uno en el que Francia proporciona un centro de gravedad independiente. Estas proposiciones no son meramente ideológicas: se han puesto en práctica en decisiones políticas concretas, desde la retirada del mando militar integrado de la OTAN en 1966 hasta la oposición del Consejo de Seguridad a la guerra de Irak en 2003, y están claramente presentes en la crisis actual.

La teoría de las potencias intermedias, desarrollada principalmente por académicos como Gareth Evans, Andrew Cooper y Eduard Jordaan, ofrece una perspectiva analítica complementaria que capta dimensiones del comportamiento francés que el gaullismo puro no puede explicar por completo. La teoría distingue entre lo que denomina potencias intermedias tradicionales (estados cuyo comportamiento se caracteriza por el multilateralismo, la formación de coaliciones y el uso de instituciones internacionales para amplificar su influencia desproporcionada a sus capacidades materiales) y potencias intermedias emergentes cuyas estrategias son más asertivas y están impulsadas por intereses. Francia ocupa una posición singular dentro de esta tipología: posee los recursos institucionales de una gran potencia, pero los emplea con el cálculo estratégico de una potencia intermedia sofisticada, utilizando las crisis como oportunidades para demostrar su indispensabilidad, posicionarse como mediador imparcial entre antagonistas y obtener capital diplomático que refuerce su pretensión de liderazgo en la política exterior europea. La crisis de Irán de 2026 activó ambas dimensiones de esta doble identidad con una claridad inusual.

La combinación de la autonomía estratégica gaullista y la teoría de las potencias intermedias genera un conjunto específico de expectativas analíticas sobre el comportamiento de Francia en la crisis actual: que París afirmará su independencia de Washington sin romper la alianza; que utilizará las instituciones multilaterales, principalmente el Consejo de Seguridad de la ONU, como foros para amplificar su influencia; que se posicionará como un posible mediador entre partes a las que se niega a respaldar o condenar por completo; y que intentará convertir la crisis en un argumento a favor de la autonomía estratégica europea como proyecto político estructural. Cada una de estas expectativas se ve confirmada por la conducta francesa desde el 28 de febrero de 2026, como demuestra el siguiente análisis.

Enmanuel Macron presidiendo el Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Francia, 28 de Febrero de 2026. Fuente: AFP

La evolución de la política francesa en las semanas transcurridas desde el inicio de la Operación Furia Épica se comprende mejor mediante un análisis cronológico antes de aplicar un análisis temático y teórico. La siguiente tabla reconstruye los momentos clave de la toma de decisiones francesas y sus contextos inmediatos.

Tabla 1: Cronograma de la política de Francia (del 28 de febrero al 22 de marzo de 2026)

Feb 28
Comienza operación Furia Épica y Líder Supremo es asesinado.

Macron convoca un consejo de defensa de emergencia. Declara que Francia «ni informada ni involucrada«. Solicita una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Afirma que los ataques carecen de fundamento jurídico internacional.
Mar 1
Irán ataca nueve países. Ataques a bases francesas en EAU y Jordania.


El comunicado conjunto del E3 con Alemania y el Reino Unido condena los ataques iraníes «en los términos más enérgicos». Francia confirma el derribo de drones iraníes «en legítima defensa». Señala su disposición a emprender «acciones defensivas proporcionales para destruir la capacidad misilística de Irán en su origen».
Mar 2
Macron visita la base de submarinos nucleares de Ile Longue

Discurso histórico sobre la expansión del arsenal nuclear y la autonomía estratégica europea. «Lo que más deseo es que los europeos recuperen el control de su propio destino». Posiciona a Francia como escudo nuclear para Europa.
Mar 3
Irán ataca puerto de Abu Dhabi y hangar francés en base de los EAU.

Macron se dirige a la nación por televisión. Ordena al portaaviones Charles de Gaulle y a su escolta que se dirijan al Mediterráneo. Aviones Rafale desplegados sobre los Emiratos Árabes Unidos. Describe la misión como «estrictamente defensiva». Se despliegan un total de ocho buques de guerra.

Mar 8Mojtaba Khamenei es nombrado nuevo Líder Supremo.
Macron se convierte en el primer líder occidental en llamar al presidente iraní Pezeshkian. Le insta a que cesen los ataques. Menciona el caso de los detenidos franceses Cécile Kohler y Jacques Paris, todavía confinados en la embajada francesa en Teherán.
Mar 9
Macron visita al portaaviones Charles de Gaulle en las costas de Chipre.


Declara que “cuando Chipre es atacada, Europa es atacada”. Pide una coalición internacional para reabrir el estrecho de Ormuz. Diez buques de guerra desplegados constituyen una presencia naval francesa «sin precedentes».
Mar 13
Dron iraní mata al suboficial francés Arnaud Frion cerca de Erbil (Irak). Seis soldados franceses heridos.

Primera baja francesa en combate durante el conflicto. Macron califica el ataque de «inaceptable«. Segunda llamada telefónica con Pezeshkian exigiendo el cese inmediato de los ataques contra las fuerzas francesas y sus socios regionales.
Mar 19-20
Escalan ataques israelo-estadounidense contra infraestructura energética iraní.

Macron pide una moratoria sobre los ataques contra infraestructuras energéticas e hídricas. Consulta con el emir de Qatar y el presidente Trump. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Araghchi, acusa a Macron de doble moral: «Su preocupación surge tras nuestra represalia, no tras el ataque israelí a nuestras instalaciones de gas».
Mar 22
Situación a la fecha de la escritura del artículo.

Francia, simultáneamente: desplegó 10 buques de guerra; pidió un alto el fuego; mantuvo un canal diplomático extraoficial con Qatar; mantuvo críticas públicas a la conducta jurídica de Estados Unidos e Israel; lamentó la primera baja en combate; y dejó sin respuesta la acusación de hipocresía de Araghchi.

Lo que la cronología revela con mayor crudeza es la aceleración de la participación militar de Francia en proporción inversa a su independencia retórica. El 28 de febrero, Francia era un Estado que desconocía la guerra y solicitaba una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU para abordarla. Para el 22 de marzo, Francia contaba con diez buques de guerra en la región, había confirmado el derribo de drones iraníes, había sufrido su primera baja en combate y participaba en una incipiente coalición para la reapertura del estrecho de Ormuz, al tiempo que pedía una moratoria sobre el mismo tipo de ataques a infraestructuras que su socio Israel sigue llevando a cabo. La brecha entre la postura diplomática de Francia y su realidad operativa se ha ampliado semana tras semana, y el reto político y analítico consiste en comprender si esta brecha representa una contradicción inestable o una ambigüedad estratégica deliberadamente mantenida.

El portaaviones Charles de Gaulle, emblema de la Armada Francesa, entró en operaciones el año 2001. Fuente: defense.gouv.fr

Intereses estratégicos franceses: Lo material en juego

Antes de abordar el análisis teórico, es necesario un mapeo sistemático de los intereses materiales de Francia en la crisis, ya que la tradición gaullista de autonomía estratégica no es meramente ideológica. Siempre está ligada a un cálculo de intereses nacionales concretos a los que sirve la independencia. La siguiente tabla representa estos intereses en seis dimensiones.

Tabla 2: Intereses estratégicos franceses y su situación el 22 de marzo de 2026

DimensiónInterés francésCómo es afectado por la crisis


Personal Militar

Aprox. 800 soldados en Irak/Siria (Op. Chammal). Bases en EAU, Kuwait, Jordania

Primera muerte francesa: Suboficial Arnaud Frion, Erbil, 13 de marzo. Seis heridos. Bases bajo ataque de drones. Hangar francés en EAU atacado.

Ciudadanos en la región

Más de 400.000 nacionales franceses residentes o visitando países del Medio Oriente.

Procedimientos de evacuación de emergencia activados. Ministro de Relaciones Exteriores Barrot confirmó sistemas de salida 

Energía y Total Energies

Total Energies tiene inversiones de gran escala en el Gas Natural Licuado qatarí y en EAU. Rol de Qatar en el suministro de GNL a Francia.

Pausa en la producción de Ras Laffan afecta directamente el suministro francés. Petróleo Brent a $112-119 aumenta los costos de refinado inmediatamente. 


Exportaciones militares
Los estados del Golfo son grandes consumidores de armas francesas: EAU, Arabia Saudita, Qatar y Kuwait compran Aviones Rafale, Artillería CAESAR y embarcaciones. Paradoja: la crisis crea demanda de sistemas de defensa aérea franceses al tiempo que genera incertidumbre sobre la estabilidad a largo plazo en el Golfo Pérsico.


Detenidos franceses
Cécile Kohler y Jacques Paris: detenidos desde mayo de 2022. Liberados de Evin pero confinados a la embajada francesas en Teherán1.La guerra los ha dejado atrapados en Teherán indefinidamente. Macron planteó su situación en ambas conversaciones con Pezeshkian. La situación es ahora mucho más precaria.

Disuasión Nuclear
Francia posee el cuarto mayor arsenal nuclear del mundo. Es la única potencia nuclear de la Unión Europea después del BrexitLa crisis impulsó el discurso de Macron del 2 de marzo, en el que pidió la expansión del arsenal nuclear y una «disuasión avanzada» europea, convirtiendo la crisis en una oportunidad estratégica.

La dimensión política de la respuesta francesa a la crisis iraní se caracteriza por una equidistancia cuidadosamente calculada que refleja tanto el principio gaullista como el cálculo propio de las potencias intermedias. La reacción inicial de Francia a la Operación Furia Épica, el 28 de febrero de 2026, se situó al más alto nivel: el presidente Macron convocó un consejo de defensa de emergencia en el Palacio del Elíseo pocas horas después del inicio de los ataques y, en una declaración que destacó por su precisión diplomática, afirmó que Francia no había sido «ni informada ni involucrada» en la operación. Esta declaración no era meramente un hecho, sino una declaración de posicionamiento político de primer orden. Al establecer públicamente que Francia no había sido consultada, Macron transmitió simultáneamente al mundo árabe, a China, a Rusia y al Sur global no alineado que Francia mantenía su independencia de las decisiones estratégicas estadounidenses, evitando al mismo tiempo cualquier condena formal a un aliado con el que los intereses de seguridad franceses están sustancialmente alineados.

Homenaje fúnebre al suboficial Arnaud Frion, caído en Erbil (Irak) el 12 de marzo de 2026. Fuente: AFP

La arquitectura gaullista de este posicionamiento resulta evidente para cualquier observador con conocimientos históricos. En 2003, Jacques Chirac empleó una estructura idéntica al declarar la oposición francesa a la guerra de Irak: aceptar el coste del descontento estadounidense para preservar la credibilidad de la voz independiente de Francia y, de paso, fortalecer sus relaciones con los Estados árabes y de mayoría musulmana, cuya cooperación valora Francia. La declaración de Macron de 2026 reproduce esta lógica con una estructura retórica casi idéntica. Sin embargo, se diferencia del gaullismo puro en su condena simultánea de los ataques de represalia iraníes. La declaración conjunta emitida el 28 de febrero con Alemania y el Reino Unido condenó explícitamente los ataques iraníes «en los términos más enérgicos», al tiempo que señalaba la no participación francesa en los ataques iniciales. Esta equidistancia, que critica tanto la operación estadounidense por su desviación del derecho internacional como la respuesta iraní por sus ataques indiscriminados, es el gesto característico de una potencia intermedia que busca maximizar su influencia diplomática negándose a cerrar ninguno de los dos canales de comunicación.

La invocación por parte de Macron del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como el foro apropiado para la gestión de crisis merece una atención analítica específica dentro del marco de la Teoría de la Potencia Media. Francia solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad a las pocas horas de los ataques, una medida que cumplió simultáneamente múltiples funciones políticas. Demostró un multilateralismo institucional coherente con la doctrina de la potencia media; situó a Francia en el centro del foro diplomático internacional más visible, en lugar de al margen de una operación bilateral estadounidense-israelí; indicó a China y Rusia, miembros del Consejo de Seguridad, que Francia no actuaba como representante de los intereses estadounidenses; y posicionó a París como el interlocutor preferido de los Estados que buscaban una voz occidental distinta a la de Washington.

El propio Macron articuló explícitamente la lógica gaullista, declarando a la prensa que «nadie puede pensar que las cuestiones del programa nuclear iraní, la actividad balística y la desestabilización regional se resolverán únicamente con ataques». Esta frase resume la creencia gaullista en la primacía de la diplomacia sobre la fuerza como instrumento de cambio estratégico duradero, una creencia que es a la vez basada en principios como de intereses, ya quela ventaja comparativa de Francia reside en la diplomacia más que en la capacidad militar en relación con Estados Unidos.

La evolución política de la postura francesa en los días siguientes puso de manifiesto los límites de la equidistancia ante la escalada de los ataques iraníes. Para el 1 de marzo de 2026, los ataques con misiles y drones iraníes habían alcanzado instalaciones militares francesas en los Emiratos Árabes Unidos y Jordania, lo que puso la crisis en contacto directo con los intereses soberanos franceses, de una forma que la mera equidistancia ya no podía contemplar. La declaración conjunta del E3 del 1 de marzo, firmada conjuntamente por Macron, Merz y Starmer, marcó un cambio cualitativo: por primera vez, Francia manifestó su disposición a emprender «la acción defensiva necesaria y proporcionada para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones en su origen». Este lenguaje, cuidadosamente enmarcado dentro de los principios de proporcionalidad y derecho internacional, representó el límite máximo de lo que permitían tanto la doctrina gaullista como la teoría de cálculo de las potencias intermedias: Francia no podía mantener la equidistancia una vez que sus propias fuerzas y ciudadanos estuvieran directamente en riesgo, pero mantuvo la insistencia gaullista en la legalidad y la proporcionalidad que distinguía su posición de la postura unilateral estadounidense.

Incidente en Erbil y liberación de rehenes franceses

La muerte del suboficial Arnaud Frion, militar francés fallecido en un conflicto armado cerca de Erbil el 13 de marzo, desencadena una serie de respuestas institucionales, políticas y emocionales en la cultura política francesa que difieren cualitativamente de los costos materiales o diplomáticos. La Quinta República francesa cuenta con un sólido marco constitucional para los poderes presidenciales en tiempos de guerra, y la muerte de un soldado genera exigencias de rendición de cuentas públicas y parlamentarias que limitan el margen de maniobra del gobierno. La tensión entre la postura pública de Macron, que define la misión de Francia como «estrictamente defensiva», y el hecho de que las fuerzas francesas estén muriendo en un conflicto que no iniciaron, no es meramente retórica. Se trata de una vulnerabilidad política que la oposición y el ala izquierda de la propia coalición gobernante ya están aprovechando.

El caso de Cécile Kohler y Jacques Paris fue uno de los grandes puntos de tensión entre Francia e Irán en los últimos años. Fuente: AFP

El caso de Cécile Kohler y Jacques Paris, los dos profesores franceses confinados en la embajada francesa en Teherán desde su liberación de la prisión de Evin en noviembre de 2025, sin poder abandonar territorio iraní, añade una dimensión humana a la política francesa hacia Irán que no tiene parangón en la situación de otros Estados europeos. Macron planteó sus casos en sus dos conversaciones telefónicas con Pezeshkian, y su continua detención constituye una forma de presión iraní sobre Francia que limita la capacidad de París para adoptar una postura de confrontación total hacia Teherán. Esta dinámica de rehenes, poco documentada en los análisis de la política francesa, es uno de los factores que explican por qué Francia se ha mostrado más dispuesta que Alemania o el Reino Unido a mantener un canal diplomático directo con la presidencia iraní, incluso mientras las fuerzas francesas derriban drones iraníes. Luego de las conversaciones entre ambas partes, Kohler y Paris finalmente lograron regresar a Francia el 8 de abril, poniendo fin a la crisis.

El discurso nuclear: el momento más ambicioso del gaullismo

La dimensión militar de la respuesta francesa a la crisis iraní es donde la tensión entre la ambición gaullista y las limitaciones materiales se hace más patente, y donde la brecha entre la imagen que Francia proyecta de sí misma como potencia militar global independiente y la realidad operativa de su estructura militar se hace más evidente. La crisis ha brindado a Francia, al mismo tiempo, oportunidades para demostrar su relevancia militar y ha puesto de manifiesto los límites estructurales de su capacidad para actuar de forma independiente y a gran escala en un conflicto regional de alta intensidad.

La decisión militar francesa más simbólica de la crisis fue la orden de Macron de desplegar el portaaviones Charles de Gaulle en el Mediterráneo oriental. Esta decisión, anunciada en la declaración de emergencia inicial del presidente el 28 de febrero, tuvo una función tanto política como operativa. El Charles de Gaulle es el único portaaviones de propulsión nuclear fuera de la Armada de los Estados Unidos, y su despliegue demuestra la seriedad y la capacidad de Francia en un plano que las flotas más pequeñas no pueden alcanzar. Su ubicación en el Mediterráneo, en lugar del Golfo Pérsico o el Golfo de Omán, refleja tanto la cautela operativa como las limitaciones del alcance naval francés: operar un solo portaaviones en las disputadas aguas del Golfo, en condiciones de amenaza activa de misiles antibuque iraníes, sería imprudente, y Francia carece de la profundidad de grupo de combate de portaaviones necesaria para absorber las pérdidas que la Armada de los Estados Unidos, con su flota de once portaaviones, sí puede gestionar. El despliegue en el Mediterráneo permite a Francia proyectar una presencia militar visible y proporcionar cobertura de defensa aérea a Chipre y Líbano, al tiempo que preserva su principal activo naval de riesgos operativos innecesarios.

El despliegue de aviones de combate Rafale en los Emiratos Árabes Unidos, la fragata Languedoc en aguas chipriotas y buques de guerra adicionales para reforzar la Operación Aspides de la UE en el Mar Rojo y el Golfo de Adén conforman un panorama operacional coherente: Francia refuerza el perímetro defensivo en torno a sus propios activos y los de sus socios del tratado del Golfo, al tiempo que contribuye al marco multilateral de seguridad marítima, en consonancia con su preferencia, como potencia intermedia, por las operaciones de coalición bajo amparo jurídico internacional. Es fundamental destacar que Francia ha dejado claro que estos despliegues tienen carácter defensivo y están condicionados a las solicitudes formales de los gobiernos anfitriones, un planteamiento que preserva la insistencia gaullista en la soberanía y la legalidad, al tiempo que permite una contribución militar significativa.

La declaración militar más trascendental de la crisis se produjo el 3 de marzo de 2026, cuando Macron declaró en un discurso televisado que una operación de coalición militar para reabrir el estrecho de Ormuz estaba «sobre la mesa». Esta declaración representa el punto más cercano a la coerción militar explícita que Francia ha alcanzado desde los ataques iniciales. Refleja la lógica de la Teoría de la Potencia Media, que utiliza los momentos de crisis para demostrar su indispensabilidad: si se conforma una coalición para reabrir el Ormuz, Francia quiere estar en el centro, no en sus márgenes, tanto por la influencia operativa que esto proporciona como por el precedente que sienta respecto a la capacidad militar europea. Macron se ha esforzado por presentar cualquier operación de este tipo como un esfuerzo de coalición que opera bajo el derecho internacional, en claro contraste con la operación unilateral estadounidense que desencadenó la crisis. Este enfoque, a la vez que promueve el objetivo del Ormuz, refuerza el posicionamiento distintivo de Francia como actor militar escrupuloso en materia legal.

La dimensión militar también revela una faceta de las relaciones franco-estadounidenses que los análisis políticos y económicos tienden a ocultar. La confirmación de Macron de que las fuerzas francesas derribaron drones iraníes «en las primeras horas del conflicto» en defensa de las fuerzas aliadas demuestra que, más allá de la retórica pública de independencia y no consulta, Francia y Estados Unidos mantienen una profunda coordinación militar operativa que sigue funcionando incluso cuando las relaciones políticas se tensan. Esta cooperación encubierta, manteniendo la distancia pública, es un rasgo clásico de la tradición gaullista: De Gaulle retiró a Francia del mando militar integrado de la OTAN en 1966, manteniendo al mismo tiempo el compromiso subyacente de Francia con la defensa occidental en caso de un ataque soviético. La versión de 2026 de esta crítica pública al unilateralismo estadounidense, combinada con la participación operativa en la defensa de las posiciones de los aliados estadounidenses, es estructuralmente idéntica.

El momento elegido para el discurso, cuatro días después del inicio de una guerra lanzada sin consulta europea por un presidente estadounidense cuyo compromiso con la garantía del Artículo Cinco de la OTAN ha sido cuestionado públicamente durante todo su segundo mandato, no fue casual. Macron llevaba varios años desarrollando el concepto de reparto nuclear europeo, encontrando una resistencia constante por parte de Alemania y un escepticismo estadounidense. La crisis iraní proporcionó tanto la urgencia política como la audiencia pública para un argumento que hasta entonces había tenido dificultades para calar: que los estados europeos no pueden depender indefinidamente de la protección nuclear estadounidense, que la disuasión nuclear francesa es la única capacidad nuclear soberana europea disponible, y que el actual momento de unilateralismo estratégico estadounidense exige una alternativa europea. «Lo que deseo por encima de todo, como habrán comprendido, es que los europeos recuperen el control de su propio destino», dijo Macron, una frase que resume todo el proyecto gaullista.

Ile Longue, en Bretaña, es una base clave para el potencial nuclear francés. Fuente: Google Earth

Desde la perspectiva de la Teoría de las Potencias Intermedias, el discurso nuclear constituye el ejemplo más llamativo, en la crisis actual, de lo que los académicos denominan «liderazgo empresarial»: el aprovechamiento de un momento de crisis para impulsar un proyecto institucional estructural que trasciende la emergencia inmediata. Francia no se limita a responder a la crisis iraní; la está utilizando. El argumento a favor de la autonomía estratégica europea, que Macron ha esgrimido de diversas formas desde su discurso de 2017 en la Sorbona, cobra una relevancia política sin precedentes cuando el presidente estadounidense, simultáneamente, inicia una guerra no autorizada en Oriente Medio, amenaza con abandonar a los aliados de la OTAN que lo critican e impone aranceles a las exportaciones europeas. La crisis ha generado una demanda del producto que la doctrina francesa de autonomía estratégica ha estado ofreciendo, y el discurso de Macron del 2 de marzo representa la promoción más directa de dicho producto hasta la fecha.

La dimensión económica

Las implicaciones económicas de la crisis iraní para Francia son sustanciales y multidimensionales, abarcando la seguridad del suministro energético, las relaciones de exportación de bienes de uso militar, la exposición financiera de las empresas francesas con operaciones en Oriente Medio y las consecuencias macroeconómicas de una prolongada crisis del petróleo. Comprender estas implicaciones es fundamental para contextualizar el comportamiento político francés dentro de los intereses materiales a los que, en última instancia, sirven tanto la teoría gaullista como el cálculo de las potencias intermedias.

La exposición de Francia al sector energético en la crisis actual es indirecta pero significativa. Francia no importa volúmenes sustanciales de crudo directamente de Irán; sus principales proveedores en el Golfo son Arabia Saudita, Irak y los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, está expuesta al mecanismo del precio del crudo Brent, que vincula a todos los importadores de petróleo con las interrupciones del suministro en cualquier punto del sistema. Tras el aumento de más del quince por ciento del precio del Brent después del cierre del estrecho de Ormuz, las refinerías francesas se enfrentan a un incremento inmediato de los costos que se traducirá en precios más altos en las gasolineras en cuestión de semanas. A medio plazo, la exposición de Francia al GNL es aún más significativa y la pausa preventiva en la producción de Ras Laffan, provocada por la amenaza de ataques iraníes contra la infraestructura energética del Golfo, ha generado una incertidumbre en el suministro que la estrategia de diversificación energética de Francia tras la crisis de Ucrania no había previsto del todo. Total Energies, la mayor empresa energética de Francia y una de las principales comercializadoras de GNL del mundo, tiene importantes inversiones tanto en Qatar como en los Emiratos Árabes Unidos que están directamente en riesgo debido a la escalada actual, una exposición corporativa que otorga al gobierno francés un interés financiero concreto en una rápida desescalada que va más allá de un cálculo estratégico abstracto.

El complejo de Ras Laffan (Qatar), vital para el suministro global de Gas Natural Licuado, ha visto disminuir su producción por la guerra. Fuente: GlobalLNGhub

La dimensión exportadora de defensa de la participación económica de Francia en la crisis opera en una dirección más compleja. Francia fue el segundo mayor proveedor de armamento pesado entre 2021 y 2025, representando el 9,8 % de las exportaciones mundiales, y los estados del Golfo Pérsico constituyen uno de sus mercados de exportación más importantes. Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait han adquirido en conjunto miles de millones de euros en equipo militar francés en los últimos años, incluyendo aviones de combate Rafale, sistemas de artillería CAESAR y buques de guerra. La crisis actual crea una situación paradójica: genera simultáneamente demanda de sistemas defensivos franceses (los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí buscan urgentemente reforzar sus capacidades de defensa aérea en respuesta a los ataques con misiles iraníes)y genera incertidumbre sobre la estabilidad a largo plazo del entorno de seguridad del Golfo, lo que podría llevar a los compradores a diversificar sus proveedores hacia los estadounidenses, que ofrecen garantías de seguridad más directas. La disposición de Francia a declarar su preparación para defender a los estados del Golfo, expresada explícitamente por el Ministro de Asuntos Exteriores Barrot, no es, por lo tanto, puramente altruista; es una declaración de política de exportación de bienes militares envuelta en el lenguaje de la solidaridad de la alianza.

Las consecuencias macroeconómicas más amplias de una crisis prolongada del petróleo afectarían de forma desigual a Francia en comparación con otras grandes economías europeas, pero la dirección del impacto es inequívocamente negativa. El Banco de Francia ha estimado que un aumento sostenido de 10 euros por barril en el precio del petróleo aumenta la inflación en un 0,4%. Además, estudios estipulan que un 20% de aumento sostenido de los precios del petróleo disminuye un 0.2% el crecimiento del PIB, un coste modesto pero no insignificante en una economía que ya crece por debajo de su potencial. El efecto inflacionario es más inmediato y políticamente más sensible: los hogares franceses son extremadamente sensibles a las subidas de precios de la gasolina tras el movimiento de los Chalecos Amarillos de 2018-19, que se desencadenó precisamente por las subidas de los impuestos sobre el combustible y que demostró el potencial político explosivo de las presiones de los costes del transporte sobre los votantes de clase trabajadora y media baja. El gobierno de Macron, que ya se enfrenta a la fragilidad parlamentaria, tiene un poderoso incentivo político interno para poner fin a la crisis rápidamente, un incentivo que refuerza materialmente el activismo diplomático de Francia.

Una dimensión de la participación económica de Francia que recibe insuficiente atención analítica es el capital humano que representa su comunidad de expatriados en la región. El ministro de Asuntos Exteriores, Barrot, señaló explícitamente que aproximadamente 400.000 ciudadanos franceses residen o visitan la docena de países afectados por la crisis, cifra que incluye no solo a los residentes de los estados del Golfo Pérsico, sino también a los ciudadanos franceses en Líbano, Jordania, Irak y otros estados expuestos a ataques de represalia iraníes. La logística consular y militar para proteger y, de ser necesario, evacuar a esta comunidad representa una importante operación, como lo sugiere la declaración de Barrot de que Francia ya contaba con «sistemas establecidos localmente para facilitar las salidas por tierra cuando fuera posible«. Esta dimensión humana proporciona una legitimación moral y política al activismo militar francés en la región que trasciende el mero cálculo estratégico y vincula los intereses del Estado gaullista con el bienestar de los ciudadanos franceses de una manera políticamente significativa.

La acusación de Araghchi: Cuando la equidistancia fracasa

El intercambio diplomático más revelador de la crisis para comprender la posición estratégica de Francia no provino de una capital occidental, sino de Teherán. El 19 de marzo, después de que Macron pidiera una moratoria a los ataques contra infraestructuras energéticas e hídricas y publicara sus conversaciones con el emir de Qatar y el presidente Trump, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, respondió directamente en X con un mensaje que ponía de manifiesto las contradicciones de Francia: «Su preocupación actual no surgió tras el ataque israelí a nuestras instalaciones de gas, sino tras nuestra represalia. ¡Qué triste!». Esta réplica resume la vulnerabilidad política central de la posición francesa con una precisión que ningún analista occidental ha logrado igualar.

Abbas Aragchi (1962-). Ministro de Asuntos Exteriores de Irán Fuente: ; Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán.

La acusación de Araghchi es, desde una perspectiva estrictamente objetiva, correcta. Macron no pidió una moratoria a los ataques contra la infraestructura iraní cuando las bombas estadounidenses e israelíes impactaban las instalaciones nucleares, los edificios gubernamentales, las instalaciones militares y la infraestructura civil circundante de Irán desde el primer día del conflicto. Pidió una moratoria cuando la represalia iraní comenzó a atacar la infraestructura energética e hídrica de los estados del Golfo, cuya estabilidad Francia tiene la obligación de proteger en virtud de tratados. La simetría de la crítica de Araghchi es analíticamente precisa: la preocupación de Francia por la infraestructura civil se activa con los ataques a sus aliados, no con los ataques a sus adversarios. Esto no es hipocresía en un sentido burdo; es exactamente lo que predeciría un análisis de la Teoría de la Potencia Media, a saber, que las posiciones normativas de Francia están calibradas para servir a los intereses franceses, incluso cuando se expresan en el lenguaje de la preocupación humanitaria universal. El problema es que Irán ha hecho visible esta calibración, y esta visibilidad socava la credibilidad de la autoimagen de Francia como mediador imparcial.

Esta ruptura diplomática con Teherán tiene consecuencias estratégicas concretas. La capacidad de Francia para actuar como mediador entre la coalición estadounidense-israelí e Irán depende de su credibilidad ante ambas partes. El bando estadounidense nunca ha confiado plenamente en la independencia de Francia. El malestar del gobierno de Trump ante las críticas legales de Macron a la Operación Furia Épica ha quedado patente en diversas interacciones bilaterales. Ahora, el bando iraní ha acusado públicamente a Francia de doble rasero en términos difíciles de refutar. Un mediador cuya imparcialidad ha sido cuestionada por ambas partes se enfrenta a un problema de credibilidad estructural que ninguna habilidad diplomática, por mucha que sea, puede resolver por completo. La interpretación más optimista de la posición actual de Francia es que conserva suficiente credibilidad residual ante ambas partes como para servir de canal de comunicación informal, si no de mediador formal. La interpretación pesimista es que Francia ha logrado antagonizar tanto al agresor como a la víctima sin influir significativamente en ninguno de los dos.

Francia en perspectiva comparada: aún caminando sobre la cuerda floja

La singular posición de Francia en la crisis actual se hace más evidente al analizarla en el contexto comparativo de las respuestas de la política exterior europea. La siguiente tabla resume las posiciones de las cinco mayores potencias europeas al 22 de marzo.

Tabla 3: Respuestas de la política exterior europea a la crisis iraní: panorama comparativo



País

¿Condenó los ataques de EEUU?


¿Despliegue militar?


¿Llamó a un alto al fuego?


Tensión Clave
Francia

Criticó ilegalidad, pero señala a Irán como «principal responsable».

Sí: 10 buques de guerra, el portaaviones Charles de Gaulle, aviones Rafale. Misión «defensiva».

Sí: solicitó un marco de la ONU y coalición para reapertura de Ormuz.

Primera muerte en combate. Araghchi acusa a Macron de doble estándar.
Alemania
No hubo condena explícita. Merz se reunió con Trump en la Casa Blanca después de los ataques.

Limitado: mayor preparación, sin despliegue importante.

Pide una «solución diplomática»: no exige un alto el fuego específico.


Percibido como el más cercano en Europa a la posición estadounidense.
Reino Unido

Ni respaldo ni condena. Comprometido por el uso de la base de Akrotiri.

Posición Defensiva: RAF en Chipre, algunos activos navales.

Apoya marco del E3: no hay llamado unilateral de alto al fuego.

Relación especial vs soberanía de la base Akrotiri.
España

Sí: Condena explícita de los ataques como violación del Derecho Internacional.


Fragata Cristóbal Colón desplegada con grupo francés.

Sí: Posición más fuerte de Europa. “No a la guerra”
Expulsa aviación estadounidense de bases de Rota y Morón. Amenazas comerciales por parte de Trump.
Italia
Expresa preocupación. Roma ha sido sede de negociaciones entre EEUU e Irán en los último años.

Mínima: contribución a la Operación Aspides de la UE.

Propuso mediación. No realiza llamado formal de Alto al Fuego.

Busca posicionarse como mediador evitando costos en la relación con Estados Unidos.

La tabla comparativa revela un espectro de respuestas europeas que abarca desde la alineación implícita de Alemania con la postura estadounidense hasta la condena explícita de España y la expulsión de activos aéreos estadounidenses, con Francia ocupando la posición más compleja y contradictoria en el medio. Lo que distingue a Francia de todos los demás estados europeos —y esta es la conclusión más precisa de la Teoría de la Potencia Media— es que Francia es, simultáneamente, el actor europeo más activo militarmente, el más ambicioso diplomáticamente y el más independiente retóricamente en la crisis. Ningún otro estado europeo ha desplegado diez buques de guerra; ningún otro líder europeo ha llamado dos veces a presidentes iraníes; ningún otro líder europeo ha pronunciado un discurso sobre la expansión del arsenal nuclear enmarcado como una respuesta al unilateralismo estadounidense. Francia está haciendo más, diciendo más y contradiciéndose más que cualquier otro actor europeo, y esta combinación no es accidental, sino estructural, la expresión de una potencia cuyos recursos institucionales y cultura estratégica generan ambiciones que sus capacidades materiales no pueden sustentar plenamente.

El contraste con España merece una atención analítica específica. Como se analizó en detalle en el artículo complementario de esta serie, el gobierno español de Sánchez adoptó una postura de condena basada en principios, más coherente internamente que la de Francia, pero con menor influencia operativa. España condenó la guerra, expulsó a las fuerzas estadounidenses de sus bases, se negó a desplegar recursos militares ofensivos o incluso nominalmente defensivos más allá de la participación de la fragata Cristóbal Colón en el grupo francés, y mantuvo una postura pública de claridad moral que la Francia de Macron no puede igualar. Sin embargo, España no puede abrir un canal diplomático con Teherán; no puede ofrecer un paraguas nuclear a sus socios europeos; no puede liderar una coalición para la reapertura del Ormuz. La distribución de la influencia y la coherencia entre ambos Estados refleja la diferencia estructural entre una potencia normativa y una gaullista: España puede tener razón, Francia puede ser eficaz, y la crisis actual exige ambas cualidades en una medida que ninguno de los dos posee por sí solo.

Evaluación teórica: Gaullismo bajo estrés máximo

Los veintidós días de la crisis iraní han sometido al marco gaullista a una prueba de estrés más severa que cualquiera a la que se haya enfrentado desde la Guerra Fría. La apuesta fundamental del Gaullismo, según la cual la voz independiente de Francia genera una influencia a largo plazo que compensa los costes de las fricciones en la alianza, se está poniendo a prueba simultáneamente en tres dimensiones: su credibilidad ante el aliado estadounidense, su credibilidad ante el adversario iraní y su credibilidad ante los socios europeos como base para un proyecto estratégico colectivo.

En primer lugar, las críticas de Francia a la Operación Furia Épica han generado una notable irritación en Estados Unidos. Las conversaciones bilaterales de Trump con Merz, ostentosamente más cordiales que sus comunicaciones con Macron, indican que su administración ha tomado nota de las críticas legales de Francia y ha ajustado su diplomacia en consecuencia. La respuesta gaullista a esta señal es bien conocida: aceptar los costes a corto plazo y mantener el posicionamiento a largo plazo. Francia ya hizo este cálculo en 2003, en Libia y en Siria, y generalmente ha resultado acertado en un horizonte de cinco a diez años. La cuestión es si la memoria institucional, típicamente corta, de la administración Trump y afinidad a los gestos simbólicos implican que el cálculo de costes y beneficios se resuelva más rápidamente de lo que sugieren los precedentes históricos.

Friedrich Merz y Donald Trump se reunieron en Washington el día 3 de marzo. Fuente: Bloomberg.

En segundo lugar, la acusación de Araghchi ha dañado la credibilidad de Francia como mediadora ante Teherán de una manera estructuralmente más significativa que la irritación estadounidense. El descontento estadounidense con la independencia francesa es una característica permanente de la relación que ambas partes han aprendido a gestionar. La acusación iraní de doble rasero francés es un hecho novedoso que refleja un deterioro real en la posición de Francia como posible interlocutor. La consecuencia práctica es que la capacidad de Francia para servir de canal a través del cual fluye una solución negociada, que era el objetivo estratégico implícito del posicionamiento de equidistancia de Macron desde el primer día, se ha visto comprometida precisamente cuando se abre la ventana diplomática.

En la tercera dimensión, la autonomía estratégica europea, la crisis ha sido paradójicamente el contexto más propicio para el liderazgo francés desde que Macron asumió el cargo. El discurso nuclear del 2 de marzo generó un nivel de compromiso europeo con las propuestas francesas de disuasión que años de debate en tiempos de paz no habían logrado. La disposición históricamente anómala de Alemania a debatir el gasto en defensa al 5% del PIB, sumada a la vulnerabilidad del Reino Unido tras el Brexit y la inquietud de los países del flanco oriental ante el compromiso estadounidense, ha creado un entorno político en el que el argumento de Macron, de que Europa necesita su propia capacidad estratégica, resulta más convincente que nunca. Esta es la lógica gaullista más profunda en acción: la influencia a largo plazo de Francia en Europa no se construye mediante la alineación con Estados Unidos, sino mediante su papel indispensable en las alternativas europeas a la dependencia estadounidense.

Conclusión

La crisis iraní de 2026 ha sometido la identidad estratégica de Francia a una presión que las crisis de la década anterior (Ucrania, el Brexit) no generaron de la misma manera. Cuando un aliado cercano inicia una guerra de gran envergadura sin consulta previa, asesina a un jefe de Estado en funciones, bloquea la principal ruta energética del mundo e incita a represalias contra instalaciones militares francesas en una docena de países, la brecha entre la ambición gaullista y las limitaciones materiales se vuelve difícil de gestionar con las herramientas habituales de posicionamiento diplomático y precisión retórica. La respuesta de Macron ha sido redoblar sus esfuerzos precisamente en esas herramientas: la afirmación de la independencia, la activación de foros multilaterales y la aspiración al liderazgo de coaliciones, al tiempo que mantiene discretamente la cooperación militar operativa con Estados Unidos, de la que depende en última instancia la seguridad de Francia.

No está claro si esta estrategia resultará adecuada para la magnitud de la crisis. La tradición gaullista ha sido más eficaz en situaciones en las que Francia puede amenazar de forma creíble con retener la cooperación que Estados Unidos realmente necesita, una influencia que se hizo más evidente en el contexto de la Guerra Fría, en lo que respecta a la defensa territorial europea, y que se ha ido erosionando a medida que ha aumentado la autosuficiencia militar estadounidense. La Teoría de la Potencia Media sugiere que la influencia de Francia será máxima en la fase diplomática de la resolución de la crisis, cuando las partes necesiten un interlocutor con credibilidad en diversos sectores y acceso institucional al Consejo de Seguridad. Si surge una negociación de alto el fuego y la presión económica derivada del cierre del Ormuz crea poderosos incentivos para ello, Francia está bien posicionada para desempeñar un papel central, precisamente porque su negativa a respaldar los ataques iniciales preserva la credibilidad necesaria para actuar como garante de cualquier acuerdo.

Lo que la crisis de 2026 ha confirmado, sobre todo, es que el gaullismo sigue siendo la gramática organizadora de la política exterior francesa, incluso cuando su contexto original de la Guerra Fría se ha disuelto hace tiempo. Francia no seguirá a Estados Unidos; tampoco liderará en el sentido estadounidense de liderar mediante el poder preponderante; pero insistirá, con notable consistencia, en el derecho a ocupar una posición distintiva en cada crisis internacional significativa, una posición que refleja tanto las ambiciones de un Estado que no se ha reconciliado del todo con su propio declive relativo como los sofisticados cálculos de una potencia media que ha aprendido, a lo largo de setenta años de la Quinta República, a convertir la singularidad misma en una forma de influencia.

  1. Luego de importantes esfuerzos diplomáticos, ambos pudieron regresar a Francia el 7 de abril de 2026. ↩︎
Previous post Montenegro: La memoria silenciosa de las Guerras Yugoslavas 
Next post Saddam es la mayor “Bandera Roja”: 5 relatos desde Irak

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cerrar