Matilda Mason
Investigadora en Relaciones Internacionales, especializada en análisis de conflictos, con énfasis en el conflicto Rusia-Ucrania.
Licenciada en Mediación Cultural y Lingüística (2022) y Máster en Idiomas para la Cooperación Internacional (2025), su investigación aborda el Donbás, las relaciones OTAN-Rusia y la seguridad europea.
Actualmente cursa un posgrado en Antiterrorismo, es ayudante de docencia en la Universidad de Insubria en Italia e investigadora en la Universidad de Mármara en Turquía.
La frontera invisible de Europa Oriental
En el panorama de las relaciones internacionales contemporáneas, el Donbás se ha convertido en mucho más que un territorio en disputa. Representa una zona de fricción donde se reflejan las contradicciones del orden global posterior a la Guerra Fría. Desde el inicio del conflicto en 2014, la región del este de Ucrania se ha transformado en un espacio geopolítico simbólico, donde los principios jurídicos, las identidades históricas y las estrategias de las grandes potencias se entrelazan de forma cada vez más compleja.

La crisis ha reabierto una de las cuestiones más delicadas del derecho internacional actual: la relación entre el derecho de autodeterminación de los pueblos y la integridad territorial de los Estados. La anexión de las regiones de Donetsk y Lugansk a la Federación Rusa en septiembre de 2022 mostró claramente lo difícil que es conciliar las reivindicaciones locales con la estabilidad del orden internacional. Más que una guerra regional, el Donbás aparece como un precedente capaz de redefinir los equilibrios en el espacio postsoviético y de poner en duda la eficacia de las instituciones multilaterales.
Desde esta perspectiva, el conflicto no puede interpretarse solo desde un punto de vista militar. Representa un punto de encuentro entre memoria histórica, transformaciones identitarias y rivalidades geopolíticas, convirtiéndose en un reflejo de las tensiones que atraviesan el sistema internacional contemporáneo.
Memorias industriales e identidades en disputa

La particularidad del Donbás tiene sus raíces en el período soviético, cuando la región se consolidó como uno de los principales centros industriales de la URSS. Minas, fábricas de acero y polos energéticos atrajeron trabajadores de diferentes repúblicas soviéticas, contribuyendo a la formación de una sociedad profundamente rusófona y culturalmente vinculada al espacio soviético. Esta herencia no desapareció tras la disolución de la Unión Soviética, sino que continuó influyendo en la percepción de la pertenencia política incluso después de la independencia de Ucrania en 1991.
A partir de ese momento, el nuevo Estado ucraniano inició un proceso de construcción nacional orientado a reforzar una identidad propia, aunque este proyecto fue percibido de manera diferente en las distintas regiones del país. En el Donbás, las políticas lingüísticas y simbólicas destinadas a afirmar una identidad nacional separada de la rusa generaron tensiones latentes, que se intensificaron en momentos de mayor polarización política.
Las protestas de Euromaidán de 2013-2014 marcaron un punto de inflexión. El acercamiento de Ucrania a la Unión Europea y a la OTAN fue interpretado por parte de la población oriental como una ruptura con los vínculos históricos con Moscú, favoreciendo el nacimiento del movimiento Anti-Maidán y la difusión de la narrativa de la Novorossiya. Esta idea no solo evocaba continuidades históricas con el Imperio ruso, sino que también ofrecía un marco ideológico para las reivindicaciones separatistas.
La proclamación de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk en mayo de 2014 marcó el paso de una crisis política interna a un conflicto con implicaciones internacionales. Las dinámicas locales se entrelazaron rápidamente con intereses geopolíticos más amplios, transformando el Donbás en uno de los principales escenarios de la competencia entre Rusia y Occidente.

Diplomacias suspendidas y guerras de baja intensidad
Tras los referendos de 2014 y la declaración de independencia de las repúblicas separatistas, el conflicto adquirió una dimensión militar cada vez más evidente. La operación iniciada por el gobierno ucraniano y la formación de milicias locales dieron lugar a una guerra híbrida, caracterizada no solo por enfrentamientos armados sino también por una fuerte competencia narrativa.
Los acuerdos de Minsk I y II representaron el intento más importante de llevar la crisis hacia una solución diplomática. Sin embargo, la falta de aplicación de las medidas previstas y las interpretaciones divergentes de las partes impidieron la estabilización de la región. En los años siguientes, el Donbás vivió una fase de guerra de baja intensidad, marcada por bombardeos esporádicos, violaciones del alto el fuego y una creciente militarización de la línea del frente.
Este equilibrio frágil se rompió definitivamente en 2022, cuando el reconocimiento de las repúblicas por parte de Rusia y el inicio de la operación militar transformaron el conflicto en un enfrentamiento entre Estados soberanos. La anexión formal de los territorios en septiembre del mismo año consolidó la ruptura entre Rusia y Occidente, redefiniendo la naturaleza de la guerra y ampliando sus implicaciones geopolíticas.

Autodeterminación entre norma y poder
El debate jurídico sobre el Donbás pone de relieve la tensión entre principios normativos e interpretaciones políticas. Por un lado, la narrativa rusa ha sostenido que los referendos locales representaban la expresión de la voluntad popular y, por tanto, una forma de autodeterminación. Por otro, gran parte de la comunidad internacional ha cuestionado esta interpretación, subrayando la falta de reconocimiento internacional y el contexto militar en el que se celebraron las consultas.
Esta divergencia muestra la naturaleza profundamente política del derecho internacional. Lejos de ser un sistema neutral de reglas, a menudo aparece influido por los equilibrios de poder entre Estados y por las estrategias geopolíticas de las grandes potencias. El Donbás se convierte así en un ejemplo emblemático de cómo principios jurídicos universalmente reconocidos pueden utilizarse para sostener narrativas opuestas.
Situado dentro de una serie más amplia de precedentes postsoviéticos, el caso de la región demuestra lo difícil que resulta establecer criterios compartidos sobre la legitimidad de las secesiones y las anexiones, revelando los límites del orden internacional contemporáneo.

Una Europa que se redefine
Las consecuencias de la anexión del Donbás van mucho más allá de las fronteras de la región. La Unión Europea y Estados Unidos respondieron con sanciones económicas y con un creciente apoyo militar a Ucrania, mientras que la OTAN reforzó su presencia en Europa oriental, contribuyendo a una nueva fase de militarización del continente.
Al mismo tiempo, organizaciones internacionales como la OSCE y las Naciones Unidas intentaron supervisar la situación sobre el terreno y documentar las violaciones de los derechos humanos, aunque su capacidad para influir en las dinámicas políticas fue limitada. El conflicto también aceleró la redefinición de los equilibrios energéticos europeos e implicó a actores globales como China, que adoptó una posición prudente intentando equilibrar neutralidad diplomática y cooperación económica con Moscú.
El Donbás se convierte así en el símbolo de una Europa nuevamente dividida a lo largo de profundas líneas geopolíticas, donde la seguridad ya no está garantizada por un orden compartido, sino por equilibrios frágiles y cambiantes.
El Donbás como espejo del presente
Observar hoy el Donbás significa enfrentarse a un mundo en transformación. La anexión de los territorios orientales de Ucrania no representa solo una disputa territorial, sino también una señal de la fragilidad de las normas que han regulado el orden internacional en las últimas décadas. Entre soberanía estatal y autodeterminación, entre memoria histórica y estrategias geopolíticas, la región permanece suspendida en un equilibrio incierto.
Existe el riesgo de que el Donbás se convierta en un conflicto congelado destinado a influir durante mucho en la seguridad y credibilidad del derecho internacional. Más que una simple guerra, aparece como un espejo de las contradicciones del presente, un lugar donde derecho y política continúan entrelazándose sin encontrar una síntesis definitiva.
Si el Donbás representa hoy uno de los puntos más críticos de la seguridad europea, también constituye una prueba para el futuro del derecho internacional. La experiencia de la región demuestra que la aplicación de los principios jurídicos nunca ocurre en un espacio neutral, sino dentro de dinámicas geopolíticas donde los intereses de los Estados suelen prevalecer sobre las normas compartidas. Por un lado, la comunidad internacional sigue defendiendo la soberanía estatal y la inviolabilidad de las fronteras, y por otro, las reivindicaciones identitarias y los referendos locales muestran lo difícil que resulta ignorar las aspiraciones políticas de las comunidades implicadas.
La posible normalización del Donbás requerirá probablemente una reconsideración profunda de las relaciones entre Rusia y Occidente y una revisión de los instrumentos de mediación internacional, capaces de equilibrar estabilidad y justicia, orden estatal y derechos de las poblaciones locales. En este sentido, el Donbás no es solo una crisis regional, sino también una señal de la transformación en curso dentro de la arquitectura internacional, donde la frontera entre legalidad y legitimidad parece cada vez más incierta.

