Estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en la Universidad de Belgrano.
lucia.lagokrummer@gmail.com
Darina Nikolaeva Yotova, más conocida como Dara, estrella de la música búlgara, se coronó el pasado 16 de mayo como la ganadora del Festival de la Canción de Eurovisión en Viena con su canción Bangaranga, el concurso musical que vio nacer a leyendas como ABBA y Celine Dion. Con esta victoria, el concurso volverá a celebrarse en los Balcanes después de 19 años.La participación de Israel y el consecuente boicot de 5 países (España, Irlanda, Eslovenia, Islandia y Países Bajos) sembraron la polémica en la edición de este año del certamen, que celebró sus 70 años desde su primera emisión.
Con una coreografía dramática, una puesta en escena cinematográfica y un carisma arrollador, Dara logró 203 puntos del jurado y 313 del voto popular para otorgarle a Bulgaria su primera victoria en la historia de Eurovisión. El año en el que ingresaron a la eurozona fue también el año donde el país balcánico logró ingresar de forma triunfal a la cultura mainstream europea, ganando el concurso del que tuvieron que ausentarse durante los últimos tres años por motivos económicos.
Los ritmos folclóricos que acompañan el instrumental de la canción conquistaron a Europa y pusieron a Bulgaria y todos los Balcanes en lo más alto, siendo la primera vez desde 2007 que un país balcánico gana el concurso. 19 años después de la primera victoria de Serbia, el triunfo de Bulgaria otorga visibilización a una región a menudo invisibilizada por el concurso.
El hecho de que Dara haya obtenido la puntuación más alta tanto con el jurado como con el público, así como la brecha más grande entre un primer y segundo puesto en la historia del certamen, demuestra el éxito arrollador de su canción y la capacidad de la artista de convencer a jurados profesionales que suelen votar por propuestas originarias de Europa Occidental, muchas veces mejor equipadas en términos de producción y presupuesto.
En las calles de Sofía, la capital búlgara, la alegría se apoderó de la gente. Para un país golpeado por las crisis económicas y la alta inflación, ganar el concurso musical más importante de Europa funciona como una puerta de entrada oficial a la Unión Europea, a la que pertenece desde 2007. Es decir, ganar en Eurovisión sirvió como una forma de legitimar su lugar en Europa ante un grupo de países que muchas veces cuestionaron la presencia de Bulgaria en la Unión debido a la inestabilidad política, el retroceso democrático que sufre el país y la orientación “prorrusa” que caracteriza a parte de la clase política búlgara. No obstante, y como lo han demostrado las declaraciones del Canciller alemán Merz, en Europa solo se escucha una palabra: Bangaranga.
Aunque su significado literal no es claro, el origen de la expresión «Bangaranga» provendría de la jerga jamaicana para expresar “caos” y “alboroto”. Mientras que el ritmo y las vestimentas evocan al ritual búlgaro de los kukeri, destinados a ahuyentar a los malos espíritus. La propia Dara tuvo que enfrentarse a una ola de odio en redes sociales luego de haber sido seleccionada como la representante de Bulgaria para Eurovisión, afirmando que llegó a tener miedo de salir a la calle como consecuencia de los comentarios negativos.
Eurovisión 2027 en Bulgaria: principales desafíos
El país enfrenta muchas dificultades de cara a la organización de la próxima edición del concurso que muy probablemente se realizará Sofía. Se prevé que la organización del concurso costará entre 20 y 30 millones de euros, una cifra bastante elevada para el país con el PIB per cápita más bajo de toda la Unión Europea.
Asimismo, las fuertes restricciones que existen en el país para los miembros del colectivo LGBTQ+ generan rechazo en la comunidad de admiradores de Eurovisión. En los últimos años el concurso se convirtió en un espacio seguro para muchos miembros de esta comunidad.

Con una carrera brillante por delante, el triunfo de Dara en Eurovisión funciona como un símbolo cultural que demuestra los valores que el concurso debe defender: un encuentro intercultural donde cada nación europea pueda encontrar su lugar.
En un contexto donde Eurovisión ya no goza de la reputación de antaño (en gran parte por la participación de Israel, país que busca utilizar su participación para correr el foco de las masacres cometidas contra los palestinos) la victoria de Bulgaria brinda esperanza para imaginar un futuro mejor. Un futuro donde Europa realmente pueda unirse mediante la música.
