Apuntando a los pilares del Estado: Los ataques de Estados Unidos e Israel a comisarías de policía iraníes, fronteras y el bazar de Teherán

Las operaciones militares llevadas a cabo por Israel contra Irán a partir del 28 de febrero de 2026 se distanciaron significativamente de la lógica de selección de objetivos de ataques anteriores. En lugar de limitarse a las instalaciones nucleares y la infraestructura de misiles, Israel atacó sistemáticamente el aparato coercitivo de las comisarías de policía estatales iraníes, los puestos fronterizos y el corazón comercial del Bazar de Teherán.

Este artículo argumenta que estos ataques no fueron errores colaterales, sino que constituyeron una estrategia tridimensional coherente destinada a desmantelar la capacidad del régimen para la represión interna, fracturar su soberanía territorial según criterios etnonacionales y cortar las redes económicas que históricamente han sustentado la autoridad clerical. Basándose en el marco del realismo civilizacional de Robert Kaplan y su concepto de la geografía como determinante del comportamiento político, el análisis sostiene además que esta estrategia, por muy sofisticada que sea tácticamente, malinterpreta la estructura profunda de la cultura política iraní y corre el riesgo de generar precisamente la consolidación nacionalista que pretende prevenir.

Sobre la política exterior de Irán y sus relaciones con Tayikistán

La guerra civil de Tayikistán (1992-1997) estalló tras la independencia de la Unión Soviética, enfrentando al gobierno secular del presidente Rahmon Nabiyev (y posteriormente de Emomali Rahmon) contra una heterogénea oposición islamista y democrática agrupada en la Oposición Unida Tayika (OUT).

El conflicto, marcado por violaciones a los derechos humanos y decenas de miles de muertos, tuvo una fuerte dimensión regional e internacional, donde Irán desempeñó un papel contradictorio: siendo el primer Estado en reconocer la independencia tayika, brindó apoyo multinivel a la oposición islamista, lo que generó una profunda desconfianza inicial en Dushanbé. Sin embargo, las relaciones bilaterales han mejorado en los últimos años.

Rusia busca crear su propio marco túrquico

Moscú promueve el proyecto del “Gran Altái” como una iniciativa transfronteriza que enlaza Rusia, Kazajstán, Mongolia y China.

Los objetivos declarados del proyecto en materia ecológica, intercambio científico y renacimiento cultural se alinean con objetivos políticos más amplios, entre ellos, reforzar la herencia túrquica como una identidad euroasiática, expandir el Soft Power ruso a través de proyectos transfronterizos y demostrar la capacidad de establecer plataformas alternativas de integración.

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