«Tengo veinte años»: Del deshielo de Jrushchov al servicio militar paraguayo

En 1965 debutó una de las obras cumbres del cine soviético: «Tengo veinte años», de Marlen Khutsiev. La película sigue a un joven liberado del servicio militar que, atrapado entre la rígida estructura social y la ausencia de su padre (muerto en la Segunda Guerra Mundial), debe encontrar el camino hacia la madurez y el sentido de su propia existencia.

Este texto no es solo una revisita a uno de los grandes clásicos del cine ruso, sino también la puerta de entrada al relato autobiográfico de su propio autor. Enlazando su vida a la obra, él nos entrega la historia de un joven paraguayo que, enfrentado a la conservadora sociedad local y a la ausencia parental, optó por el servicio militar para combatir sus propios fantasmas y encontrar ese mismo camino hacia la madurez.

«No a la Guerra»: La disidencia de principios de España en la Crisis de Irán de 2026

España bajo el gobierno de Pedro Sánchez exhibe muchas de las características de un actor normativo de política exterior: fue uno de los primeros Estados de Europa occidental en reconocer la condición de Estado palestino, ha invocado constantemente el derecho internacional humanitario en sus críticas a las operaciones israelíes en Gaza, se negó a respaldar la operación estadounidense extralegal que capturó a Nicolás Maduro en enero de 2026, y ha condenado la Operación Furia Épica como un atropello del derecho internacional, adoptando así la posición más confrontativa hacia Washington registrada entre los miembros de la OTAN, a un costo económico y de alianza significativo.

Apuntando a los pilares del Estado: Los ataques de Estados Unidos e Israel a comisarías de policía iraníes, fronteras y el bazar de Teherán

Las operaciones militares llevadas a cabo por Israel contra Irán a partir del 28 de febrero de 2026 se distanciaron significativamente de la lógica de selección de objetivos de ataques anteriores. En lugar de limitarse a las instalaciones nucleares y la infraestructura de misiles, Israel atacó sistemáticamente el aparato coercitivo de las comisarías de policía estatales iraníes, los puestos fronterizos y el corazón comercial del Bazar de Teherán.

Este artículo argumenta que estos ataques no fueron errores colaterales, sino que constituyeron una estrategia tridimensional coherente destinada a desmantelar la capacidad del régimen para la represión interna, fracturar su soberanía territorial según criterios etnonacionales y cortar las redes económicas que históricamente han sustentado la autoridad clerical. Basándose en el marco del realismo civilizacional de Robert Kaplan y su concepto de la geografía como determinante del comportamiento político, el análisis sostiene además que esta estrategia, por muy sofisticada que sea tácticamente, malinterpreta la estructura profunda de la cultura política iraní y corre el riesgo de generar precisamente la consolidación nacionalista que pretende prevenir.

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