Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina). Auxiliar de Taller de Bellas Artes.

Investigación en artes, con especialización en pintura. Estudios sobre lenguas germánicas y urálicas.

ercila@tarpan.cl

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En la tradición pictórica de la dinastía Joseon (1392-18971 d.C) el paisaje ocupó un lugar central como vehículo de expresión estética y filosófica. Durante siglos, la pintura coreana se desarrolló bajo una fuerte influencia de modelos chinos, privilegiando la representación de escenarios idealizados que respondían más a convenciones literarias y simbólicas que a la observación directa del entorno. En este contexto, el paisaje era concebido como una construcción intelectual que reflejaba valores confucianos y aspiraciones eruditas en vez de un espacio concreto. 

Sin embargo, hacia el siglo XVIII emergió una transformación significativa con el desarrollo del jingyeong sansuhwa (진경산수화), o pintura de “vista real”. Artistas como Jeong Seon comenzaron a representar paisajes específicos de la geografía coreana, basándose en la observación directa de montañas, ríos y formaciones naturales. Este giro técnico y estilístico, implicó una reorientación en la forma de concebir el paisaje: de una abstracción heredada a una experiencia situada en el territorio. 

Más allá de su dimensión artística, este desplazamiento puede interpretarse como una manifestación temprana de conciencia proto-nacional. Al privilegiar la representación del entorno local, el jingyeong sansuhwa contribuyó a consolidar una mirada que reconocía el paisaje coreano como digno de contemplación estética y significado cultural propio. En este sentido, la pintura de “vista real” capturó la fisonomía del territorio y también participó en la construcción simbólica de una identidad, anticipando formas de pertenencia que, siglos más tarde, serían fundamentales en la configuración de la nación coreana.

Jeong Seon, Vista general del Geumgang (1740)

De paisaje imaginado a paisaje habitado

La pintura de paisaje de vista real, conocida como jingyeong sansuhwa(진경산수화), se consolidó como una de las corrientes más significativas del arte coreano durante la dinastía Joseon (조선, 1392–1897), especialmente a partir del siglo XVIII. Si bien sus antecedentes pueden rastrearse en la tradición paisajística de la dinastía Goryeo (고려, 918–1392) y en las primeras etapas de Joseon, su desarrollo pleno implicó una transformación estética e intelectual que dio lugar a un estilo distintivamente coreano, tanto en términos formales como conceptuales.

Jeong Seon, Mangyangjeong (1733)

A diferencia de las tendencias precedentes, fuertemente influenciadas por modelos chinos (en particular por la pintura idealizada de la llamada Escuela del Sur / namjonghwa, 남종화), el jingyeong sansuhwa propuso un giro hacia la observación directa del entorno. En este sentido, la representación del paisaje dejó de ser una construcción imaginada basada en cánones literarios para convertirse en una experiencia situada, anclada en la geografía concreta de la península coreana. Este cambio reflejó una transformación en la conciencia cultural de la época.

La fuerte influencia china en la pintura coreana, particularmente durante la dinastía Joseon, se explica por la estrecha relación política, cultural e intelectual que Corea mantuvo con China durante siglos. Dentro del sistema sinocéntrico de Asia Oriental, Corea reconocía a las dinastías chinas como referentes de civilización, lo que implicó la adopción de modelos culturales asociados al Confucianismo, que estructuraba tanto la organización del Estado como la formación de las élites letradas. En este contexto, la pintura era una extensión de la educación intelectual de los eruditos, quienes estudiaban y reproducían estilos provenientes de China, especialmente aquellos vinculados a la tradición literaria y a la llamada Escuela del Sur. Así, la adopción de estos modelos respondió a una concepción compartida del arte como medio de expresión moral, filosófica y social.

An Gyeon, Viaje onírico a la tierra de las flores de durazno (1447). Aquí, An Gyeon presenta un paisaje idealizado construido a partir de modelos pictóricos de origen chino, especialmente de la tradición de la pintura de tinta monocroma. La composición se organiza mediante una sucesión de planos montañosos escarpados envueltos en niebla, generando una sensación de profundidad atmosférica más conceptual que realista. Las formas rocosas, estilizadas y verticales, no responden a una geografía específica, mientras que la presencia del vacío y la caligrafía refuerzan su carácter literario y contemplativo. En este sentido, la obra busca evocar un espacio utópico y simbólico, vinculado a la tradición filosófica y estética de la cultura letrada de Asia Oriental.

El auge de esta corriente estuvo estrechamente vinculado a los cambios sociales e intelectuales de la Joseon tardía. En particular, el desarrollo del pensamiento silhak (실학, “aprendizaje verdadero”) promovió una revalorización de la realidad empírica frente a la repetición formalista de modelos heredados. En lugar de imitar mecánicamente las tradiciones del pasado, los intelectuales comenzaron a buscar en la experiencia contemporánea nuevas formas de comprensión, cuestionando la rigidez de las convenciones artísticas y reconociendo el valor de lo propio.

Jeong Seong, Manpokdongdo en el monte Geumgang (1711)
Jeong Seong, Inwangjesaekdo (1751)

Asimismo, la difusión de una cultura letrada que valoraba el contacto directo con la naturaleza (a través de viajes, excursiones y la contemplación de parajes pintorescos) contribuyó significativamente al desarrollo de la pintura de paisaje realista. Los eruditos-funcionarios (yangban, 양반), influenciados por el neoconfucianismo (seongnihak, 성리학, que desde principios de la dinastía Joseon enfatizaba la armonía entre el Cielo, la Tierra y el Hombre), buscaron integrar la observación del mundo natural con una visión moral y filosófica del universo.

Desde el punto de vista ideológico, esta transformación fue impulsada por diversas corrientes dentro de la élite intelectual, incluyendo facciones como los Noron (노론), así como pensadores vinculados al Silhak. Estas dinámicas favorecieron la emergencia de un sentimiento de afirmación cultural que, si bien no puede definirse como nacionalismo en sentido moderno, sí constituye una forma de conciencia proto-nacional, en la medida en que reivindica el territorio coreano como objeto legítimo de representación estética. En este marco, la representación de paisajes concretos del territorio coreano implicó un gesto simbólico de apropiación del entorno, donde el paisaje dejó de ser una construcción idealizada de inspiración extranjera para convertirse en una manifestación visual de identidad cultural. 

Kim Ja-hong, Cascadas de Guryong (1816)

Pintar Corea: hacia una estética del lugar

En términos formales, el jingyeong sansuhwa se desarrolló a partir de la síntesis entre técnicas heredadas de la tradición china y una sensibilidad adaptada al paisaje coreano. La incorporación de métodos de la Escuela del Sur se combinó con una pincelada más estructural y expresiva, capaz de captar las particularidades topográficas de la península. Entre sus principales exponentes se encuentra Jeong Seon (정선, 1676-1759), figura fundamental en la consolidación de este estilo.

Jeong Seon, Jahadong (s.f.)
Retrato de Jeong Seon

Jeong Seon recorrió extensamente regiones como el monte Geumgang (Geumgangsan, 금강산), Yeongnam (영남) y los alrededores de Hanseong (actual Seúl), produciendo representaciones registraban la fisonomía del paisaje como la veía y transmitían su atmósfera y carga emocional. Su obra implica una reconstrucción pictórica que sintetiza observación, memoria e interpretación subjetiva.

Desde el punto de vista técnico, sus composiciones suelen presentar perspectivas elevadas o de “vista de pájaro”, con estructuras diagonales dinámicas que organizan el espacio visual. El uso de trazos como el pimajun (피마준), característico de la tradición paisajística, se combina con una aplicación más densa de tinta y una representación volumétrica de las formaciones rocosas.

La influencia de Jeong Seon dio lugar a la formación de una escuela pictórica que se convirtió en la corriente dominante del paisaje de vista real en la Joseon tardía. Artistas como Kang Hui-eon(강희언, 1710-1784),Kim Yun-gyeom (김윤겸, 1711-1775), Kim Eung-hwan (김응환, 1742-1789) oChoi Buk(최북, 1712-1760) continuaron y diversificaron este legado, ampliando tanto su alcance geográfico como sus posibilidades estilísticas.

Kang Hui-eon, Monte Inwang
Kim Yun-gyeom, Templo Haeinsa (1770). Página del álbum de viajes «Yeongnam Gihaenghwacheop»
Kim Eung-hwan, Jaundam (1788-1789)
Retrato de Kang Se-hwang

No obstante, hacia finales del siglo XVIII comenzaron a surgir críticas respecto a la progresiva formalización de este estilo. Figuras como Kang Se-hwang (강세황, 1713-1791) señalaron sus limitaciones y abogaron por una mayor fidelidad a la observación directa. En este contexto, la incorporación de técnicas pictóricas occidentales introdujo nuevas formas de representación, visibles en obras como el Libro de viajes de Songdo (송도기행명승도첩).

Kang Se-hwang, Primera pintura: Songdo Gihangcheop del Libro de viajes de Songdo (1757)
Kang Se-hwang, Séptima pintura: Yeongtongdonggu del Libro de viajes de Songdo (1757)
Kang Se-hwang, Portada del Libro de viajes de Songdo (1757)

Esta evolución alcanzó un nuevo punto de desarrollo en la obra de Kim Hong-do (김홍도, 1745-1806), cuyas pinturas se caracterizan por una composición más dinámica y detallada, consolidando una nueva fase del jingyeong sansuhwa. Su influencia se extendió a numerosos pintores de la corte, configurando una tradición que perduró hasta el siglo XIX.

Kim Hong-do observó paisajes desde un punto de vista fijo y los reprodujo, adoptando técnicas de perspectiva occidental y lineal. Técnicas como la creación de espacios amplios y profundos mediante composiciones en zigzag, y la perspectiva atmosférica (donde los objetos cercanos aparecen grandes y definidos, mientras que los distantes se ven más pequeños y difusos) derivan de la pintura occidental. Sin embargo, al tiempo que enfatizaba la representación realista basada en pinceladas detalladas y llenas de dinamismo, sintetizó técnicas derivadas de los métodos pictóricos occidentales.

Kim Hong-do, Oksunbong (1796)
Kim Hong-do, Seoseong Uryeopdo

A pesar de su declive relativo hacia mediados de ese siglo, en parte debido al auge de estilos más expresivos asociados a figuras como Kim Jeong-hui (김정희, 1786-1856), la pintura de paisaje de vista real dejó una huella duradera en la historia del arte coreano. Durante el período colonial japonés (1910–1945) y hasta bien entrado el siglo XX, su legado persistió como trasfondo espiritual y estético, influyendo en representaciones del paisaje cotidiano más que en la reproducción de lugares específicos.

En este sentido, el jingyeong sansuhwa puede entenderse como una forma de reconfiguración de la mirada. Al situar el territorio coreano en el centro de la representación, esta corriente contribuyó a la construcción simbólica de una identidad cultural propia, articulando una relación entre paisaje, experiencia y pertenencia que continúa resonando en la sensibilidad artística contemporánea.

Kim Ha-jong, El pabellón Chongseokjeong (1816). La pintura de vista real siguió siendo popular en el siglo XIX. Esta obra presenta una perspectiva y composición similares a las de una fotografía. Sin embargo, no se representan los cambios en la atmósfera y el paisaje según la distancia, lo que indica que se adoptaron selectivamente estilos pictóricos occidentales.
Choi Buk, Gyeuryudo (s.f. / mediados del siglo XVIII)
Kim Yun-gyeom, Yeonggadae (1770). Página del álbum de viajes «Yeongnam Gihaenghwacheop»
Kim Yun-gyeom (1770). Página del álbum de viajes «Yeongnam Gihaenghwacheop» 
  1.  Y su prolongación en el Imperio Coreano hasta 1910. ↩︎
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