Rodnoveria y el Grupo Wagner: Neopaganismo como ideología paramilitar en la Rusia contemporánea

Tras 1991, se produjo un despertar religioso masivo: muchos regresaron al cristianismo ortodoxo, cuya Iglesia institucional encabezada por el Patriarcado de Moscú emergió como aliada estratégica del nuevo orden político. Sin embargo, un sector significativo consideró la ortodoxia oficial excesivamente institucional, jerárquica y comprometida con el poder estatal.

Licenciado en Filosofía y Letras, y estudiante de Antropología, con formación avanzada en Estudios del Futuro, Prospectiva y Estudios Culturales. Máster en Mediterráneo Antiguo y Oriente Próximo, además de un posgrado en Análisis de Inteligencia por el Instituto Gutiérrez Mellado. Especializado en ciberinteligencia, operaciones psicológicas, HUMINT y ciencias del Islam, centra su investigación en crimen organizado, geopolítica y comercio internacional.

Interesado en Europa del Este y Oriente Próximo, combina conocimientos en biotecnología, smart-cities y mediación de conflictos, con experiencia en prevención de desastres y lucha contra la desinformación.

artiom.vnebreaci@gmail.com

Tiempo de lectura:18 Minutos, 2 Segundos

Introducción: el vacío espiritual postsoviético y el renacimiento de lo arcaico

La disolución de la Unión Soviética en 1991 no solo significó el colapso de un sistema político-económico, sino también la apertura de un vacío espiritual profundo en el tejido social de los pueblos eslavos orientales. Durante siete décadas, el socialismo científico oficial había intentado erradicar toda forma de religiosidad, criminalizando por igual al cristianismo ortodoxo institucional, a las cosmovisiones indígenas siberianas y urálicas, y a las pervivencias paganas que subsistían en ritos populares. Este proceso de ateización forzada no consiguió eliminar la necesidad humana de trascendencia, sino únicamente reprimirla. Tal situación creó lo que se podría denominar un «trauma espiritual colectivo» que explotaría con virulencia en las décadas siguientes.

«No hay Dios». Propaganda soviética de la década de 1960 que hace referencia al programa espacial y la religión.

El presente análisis examina un fenómeno singular de la historia militar contemporánea: la adopción de la Rodnoveria (neopaganismo eslavo) de corte conservador como sistema ideológico-religioso vertebrador de una de las organizaciones paramilitares más notorias del siglo XXI, el Grupo Wagner. Esta intersección entre misticismo arcaizante y violencia privatizada nos obliga a repensar las categorías tradicionales con las que analizamos tanto los movimientos religiosos como las estructuras militares postmodernas.

Rodnoveria: arqueología de una fe reconstruida. Fundamentos cosmológicos y simbología

El término Rodnoveria deriva de las raíces eslavas rod (estirpe, clan, generación) y vera (fe, confianza), conformando una expresión que puede traducirse como «fe nativa», «confianza en la sangre» o «fe terrenal». Esta denominación no es accidental: encapsula la epistemología fundamental del movimiento, que sitúa la identidad étnico-biológica como piedra angular de la experiencia religiosa.

Entre sus símbolos más representativos se encuentra el Kolovrat (conocido como la “rueda de Svarog” o esvástica eslava), que funciona como un emblema central de identidad. Representa el sol, la energía vital y el ciclo eterno de la naturaleza. Este símbolo solar de brazos curvos existía mucho antes de su apropiación por el nacionalsocialismo alemán, aunque su renacimiento contemporáneo no puede desligarse por completo de las asociaciones históricas que adquirió en el siglo XX. De manera similar, tanto el alfabeto rúnico como las inscripciones cirílicas antiguas se utilizan como referencias culturales, estableciendo un vínculo visual con tradiciones germánicas y escandinavas que Rodnoveria considera afines.

Rueda Kolovrat. Fuente: Wikimedia

El panteón rodnovita se encuentra encabezado por Perun (dios del trueno y del rayo), cuyas características recuerdan al Thor germánico y al Zeus griego. Esta correspondencia entre distintas divinidades indoeuropeas refleja la creencia en un sustrato religioso común, que Rodnoveria procura recuperar como una suerte de “religión precristiana”, porque consideran que el cristianismo desvió a los seres humanos de su conexión con la naturaleza y los ciclos vitales. Esta separación, según su visión, debilita tanto el cuerpo como el alma, al imponer normas externas que alejan al individuo de la experiencia directa de la vida. Por eso, buscan restaurar una fe que fortalezca al ser humano a través de la comunión con la tierra, los ancestros y los dioses del panteón eslavo.

Además, la fe pagana moderna se fundamenta en tres principios esenciales:

  • Cosmovisión politeísta: Reconoce múltiples dioses y diosas, asociados con fuerzas naturales y aspectos de la vida. Entre ellos destacan Perun, Svarog (dios del fuego y del sol) y Mokosh (diosa de la fertilidad y la tierra). La espiritualidad está íntimamente ligada a la naturaleza, la interconexión de todos los seres vivos y ciclos vitales.
  • Veneración de los antepasados: Los practicantes honran a sus ancestros, quienes se consideran guías espirituales y protectores activos en la vida cotidiana. Los rituales incluyen la construcción de altares, ofrendas y la celebración de festividades ancestrales, reafirmando la conexión con la historia familiar y cultural.
  • Rituales y tradiciones populares: La práctica religiosa incorpora festividades, música, danza y ceremonias comunitarias vinculadas a los ciclos agrícolas, solsticios y equinoccios. Las historias mitológicas y el folclore eslavo se integran en estas prácticas, fortaleciendo el vínculo con la herencia cultural de los pueblos eslavos.

Fragmentación política: entre el etnonacionalismo y el primitivismo libertario

Un aspecto crucial y frecuentemente malinterpretado del neopaganismo eslavo es su heterogeneidad política. Contrariamente a lecturas simplificadoras que lo equiparan automáticamente con movimientos de extrema derecha, la Rodnoveria presenta una división fundamental que replica, en cierto modo,las fracturas políticas clásicas entre tendencias autoritarias y libertarias.

Por un lado, la Unión de la Fe Patriarcal Eslava representa la vertiente centralizada, jerárquica y étnicamente exclusivista. Esta facción abraza un nacionalismo racial explícito, postulando la superioridad de la «sangre eslava» y promoviendo estructuras organizativas verticales que irónicamente replican los esquemas de autoridad del cristianismo institucional que dicen rechazar. Su discurso incorpora elementos de bioesencialismo1 y determinismo cultural2 que la sitúan en el espectro de la derecha radical.

Por otro lado, el Círculo de la Tradición Pagana articula una crítica doble: rechaza tanto el racismo y ultranacionalismo de sus correligionarios, como el secularismo moderno y el cristianismo histórico. Sostiene que el paganismo preeuropeo era inherentemente inclusivo, integrando cosmovisiones indias, siberianas, bálticas, urálicas, germánicas, celtas y escandinavas en un sincretismo dinámico. Según esta perspectiva, el racialismo pagano contemporáneo constituye una traición a los principios fundacionales del paganismo, que habría sido precisamente su capacidad de incorporación cultural. Esta facción opera mediante estructuras descentralizadas, rechazando jerarquías fijas y permitiendo autonomía ritual y teológica a cada comunidad. Esto podría caracterizarse como un «anarcopaganismo primitivo».

Miembros del Circulo de la Tradición Pagana preparando un rito. Fuente: SlavTradition

Tal bifurcación no es meramente ideológica, sino que refleja las profundas tensiones sobre la naturaleza misma de la identidad eslava y las estrategias de resistencia cultural en la modernidad tardía.

Genealogía histórica: trauma, invasión y vacío espiritual

El resurgimiento del neopaganismo eslavo en la Rusia postsoviética solo puede comprenderse a la luz del trauma histórico multicapa que marcó la psique colectiva eslava de Europa del Este. A diferencia de las naciones de Europa Occidental, cuyos procesos de construcción estatal fueron relativamente lineales (aunque no menos violentos), los pueblos eslavos experimentaron invasiones recurrentes que amenazaron su continuidad cultural: desde las hordas mongolas y los tártaros, hasta las incursiones otomanas en los Balcanes, las particiones polacas, la invasión napoleónica y la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Cada irrupción generó respuestas defensivas que oscilaron entre la integración forzada en estructuras imperiales extranjeras y la formulación de identidades nacionales reactivas. El zarismo ruso trató de imponer una “gran narrativa eslava unificadora” bajo la autocracia, la ortodoxia y la nacionalidad (pravoslavie, samoderzhavie, narodnost), pero este proyecto no logró cohesionar genuinamente las múltiples etnias del imperio.

El paréntesis temporal soviético añadió otra capa compleja. La Revolución Bolchevique de 1917 prometía superar estas tensiones mediante el internacionalismo proletario y el materialismo científico. La política religiosa soviética (que pasó de la persecución activa bajo Lenin y Stalin, a la tolerancia estratégica de Jruschov y Brézhnev) tuvo un efecto paradójico al preservar en el inconsciente colectivo justamente lo que intentaba erradicar: la estructura religioso-espiritual dentro de la mente del ciudadano soviético. La criminalización del cristianismo ortodoxo, de las prácticas chamánicas siberianas, de los ritos urálicos y de las supervivencias paganas rurales creó una latencia cultural de tradiciones reprimidas, transmitidas oralmente o preservadas en la memoria cultural de comunidades periféricas. Cuando el sistema soviético colapsó, este reservorio se encontraba listo para su reactivación.

«Rusia Eterna» (1988), obra de Ilya Glazunov. Fuente: Glazunov.ru

A esto se sumó que el materialismo soviético no logró llenar el vacío existencial históricamente ocupado por la religión. El “nuevo hombre soviético”, despojado de trascendencia, enfrentó una crisis de sentido que el neoliberalismo capitalista de los años noventa tampoco resolvió. Este doble fracaso (del proyecto colectivista y del liberal), abrió espacio para el retorno de lo arcaico y la búsqueda de conexiones más profundas con la naturaleza, los ancestros y los mitos originarios. Esto puede leerse tanto como una forma de empoderamiento espiritual o como una tendencia de escapismo epistemológico ante el contexto caótico del mundo contemporáneo.

Tras 1991, se produjo un despertar religioso masivo: muchos regresaron al cristianismo ortodoxo, cuya Iglesia institucional encabezada por el Patriarcado de Moscú emergió como aliada estratégica del nuevo orden político. Sin embargo, un sector significativo consideró la ortodoxia oficial excesivamente institucional, jerárquica y comprometida con el poder estatal. Para estos “buscadores espirituales” (especialmente los jóvenes y la inteligentsia interesada en la historia nacional), el esoterismo místico del neopaganismo resultaba más atractivo que una ortodoxia cristiana percibida como colaboracionista. Las críticas del Patriarca Kirill sobre la masificación de las creencias neopaganas en estratos civiles y militares reflejan la competencia por el monopolio de lo sagrado en la nueva Rusia.

 Rodnoveria en el ejército: la militarización del misticismo

El resurgimiento de la Rodnoveria muestra un fenómeno particularmente notable en la penetración en las fuerzas armadas rusas y los servicios de inteligencia. Esta afinidad entre militarismo y paganismo puede explicarse por factores estructurales. Históricamente, el personal militar ruso (debido a sus rotaciones y misiones), ha mantenido contacto directo con la diversidad cultural de la Federación Rusa (desde los pueblos urálicos y siberianos hasta comunidades del Lejano Oriente y el Ártico).

Ello genera una apertura cultural-cognitiva hacia cosmovisiones alternativas, que lo diferencia del civil urbano de Moscú, San Petersburgo o Sochi. También, autores como Yuri Sergeev y Sergei Alekseev impulsaron esta suma de ideas mediante obras que glorifican al “guerrero ruso” como defensor de una supuesta civilización “aria”, enemiga de judíos, masones y del cristianismo (al que tildan de religión esclava). Estas ideas provenientes del nacionalsocialismo alemán del siglo XX se difundieron especialmente en los años noventa y contribuyeron a la militarización parcial del neopaganismo ruso.

Runas en el equipamiento militar ruso en el Frente ucraniano. Fuente: Komsomolskaya Pravda

No obstante, la explicación materialista resulta insuficiente. La vida militar (especialmente en unidades de élite y operaciones especiales), configura una experiencia límite caracterizada por aislamiento social, confrontación constante con la muerte, vínculos fraternales intensos (“hermanos de sangre”) y la necesidad de sistemas de significado que legitimen el sacrificio de la propia vida. En estas condiciones extremas, el no saber si se sobrevivirá a la próxima misión genera una mezcla de miedo, adrenalina, fatalismo heroico y misticismo de la muerte (una vivencia límite que refuerza los lazos de hermandad entre los soldados y otorga al combate un sentido trascendente).

En este contexto, el cristianismo ortodoxo, con su énfasis en la mansedumbre, el perdón y el sufrimiento redentor, puede resultar disonante con la ética guerrera. Por el contrario, el neopaganismo ofrece una teodicea marcial: dioses como Perun permiten la violencia y la santifican cuando se ejerce en defensa de la tierra, la sangre y el honor, integrando la guerra como una dimensión legítima y sagrada de la existencia humana.

De hecho, la ideología de “Blut und Boden” (Sangre y Tierra), desarrollada por el nazismo alemán, ha encontrado resonancia en círculos rodnovitas conservadores. La idea de que la identidad de un pueblo se encuentra inseparablemente ligada a su territorio y a su herencia ancestral refuerza la conexión entre nación, tierra y linaje. En el contexto militar, este principio se traduce en la sacralización del suelo patrio y la legitimación de la defensa violenta de la tierra, ofreciendo una narrativa que une patriotismo, espiritualidad y deber marcial bajo un marco místico y étnico.

Placa de hierro con el lema «Blut und Boden». Fuente: Militaria

No obstante, es importante subrayar que los seguidores de la Rodnoveria no están inherentemente ligados a estructuras paramilitares o fuerzas de seguridad, y la mayoría de los practicantes vive al margen de cualquier actividad militarizada. Sin embargo, existe una tendencia observable: entre quienes se involucran en el ámbito militar, la cosmovisión neopagana puede reforzar la ética guerrera y justificar simbólicamente la violencia en defensa de la tierra, la sangre y los ancestros. Esta correlación no implica que todos los miembros de las fuerzas armadas sean rodnovitas, ni que todos los rodnovitas se vinculen a lo militar, pero evidencia un vínculo cultural y psicológico que hace más probable que ciertos individuos encuentren afinidad entre la fe y la vida militar.

El Grupo Wagner como comunidad cultural: entre el misticismo pagano y la violencia sacralizada

La PMC Wagner se originó en 2014 a partir de antiguos combatientes del Slavonic Corps en Siria. Dmitri Utkin (ex teniente coronel del Departamento Central de Inteligencia ruso) y Yevgeny Prigozhin (empresario de San Petersburgo cercano a Vladimir Putin), organizaron un grupo de patriotas voluntarios que luego se consolidó como el Grupo Wagner. Utkin se convirtió en su comandante, mientras Prigozhin proporcionaba financiación y estructura logística.

En 2019, Dmitri Utkin institucionalizó la dimensión ideológica y espiritual del grupo mediante la creación de tendencias ideológicas dentro de Wagner. Su propósito era promover el neopaganismo eslavo de corte ultranacionalista y reducir la influencia de ideas cristianas o liberales entre los combatientes. Utkin sostenía que el cristianismo debilitaba el espíritu del guerrero y traicionaba las “raíces libres del pueblo ruso”. Releyendo el anticristianismo de Nietzsche desde una óptica nacionalista, afirmaba el origen ario e hiperbóreo de los eslavos, legitimando así el culto a la violencia y a la muerte como un retorno a la pureza ancestral y como guía espiritual para los mercenarios. Aunque, según el exmiembro Marat Gabidullin, esto tenía principalmente una función propagandística y simbólica, sus efectos fueron profundos: transformó a Wagner en una estructura casi monástica, una comunidad de “hermanos de sangre” unidos por la fe y el combate.

Dmitri Utkin con tatuajes de las SS alemanas. Fuente: Corriere del Ticino

El segundo al mando de Utkin, Yan Petrovsky (Voislav Torden), llevó esta lógica al extremo. Al frente de la unidad Rusich (un subcomando dentro del Grupo Wagner), organizó una célula operativa encargada de vigilar doctrinalmente a los miembros, instaurando un control ideológico interno. Tras la muerte de Prigozhin y Utkin en 2023, Rusich fue la única facción que se negó a seguir bajo el Kremlin, confirmando que este componente religioso era el núcleo identitario del grupo, más allá de su función militar. En 2023, un tribunal finlandés condenó a Voislav Torden a cadena perpetua por crímenes de guerra.

Emblema de Combate de la Unidad Rusich. Fuente: Suspilne Media

La estructura ideológica del Grupo Wagner parte del imaginario neopagano del ala conservadora y se alimenta del principio “sangre y tierra”, heredado del pensamiento völkisch alemán y reinterpretado en clave eslava. La sangre representa la continuidad espiritual y étnica del pueblo; la tierra, su espacio sagrado. Su defensa conjunta se convierte en deber teológico, transformando la guerra en liturgia y la muerte en ofrenda. En esta teología marcial, la violencia no es un pecado que requiera expiación, sino un acto de comunión cósmica con los antepasados y los dioses tutelares. El nombre “Wagner” hace referencia al compositor alemán Richard Wagner, admirado por su música y su vinculación histórica con ideas nacionalistas, convirtiéndose después de su muerte en símbolo del nacionalismo del Tercer Reich.

En este contexto simbólico, Wagner no funcionaba solo como empresa militar, sino como orden de guerreros (una fraternidad mística donde el combate se revestía de sentido trascendente). La calavera de su emblema, el lema “Sangre, honor, justicia, patria, coraje” y la presencia de runas Tiwaz, Valknut y Mjölnir en insignias y rituales no son adornos, sino signos de identidad religiosa. Incluso ejecuciones grabadas de “sus enemigos” con un mazo (símbolo de Thor, dios del trueno y de la justicia guerrera) fueron interpretadas como rituales de purificación, donde la muerte se convertía en acto de poder sagrado.

La expansión del neopaganismo entre militares y deportistas también ha alarmado a la Iglesia Ortodoxa Rusa, que denuncia la revitalización de actitudes paganas y suplantación de la fe por el culto a la fuerza.

El proyecto ideológico wagneriano adquirió forma física en el Templo Negro: una capilla reservada únicamente a los combatientes del grupo. Normalmente, los sacerdotes no participaban en estos ritos militares, ya que no pertenecían a la dinámica interna del grupo. Sin embargo, por motivos de narrativa pública, el Estado ruso requería confirmar a los soldados, y de manera muy puntual algún sacerdote (ya fuera cristiano o autoridad islámica para los combatientes caucásicos) asistía para dar la bendición. No obstante, esto no se consideraba ni se pretendía que fuese la norma.

Templo Negro del Grupo Wagner. Goryachy Klyuch (Rusia). Fuente: 93.ru

En el Templo Negro, la cruz que se yergue es la oficial dentro del marco de la dominación estatal. De haberse tratado de un grupo paramilitar de menor envergadura, podrían haber adoptado cualquier símbolo; sin embargo, dada la exposición internacional (y especialmente dentro de Rusia), al Grupo Wagner no le era posible consagrar públicamente un ritual neopagano sin previamente reafirmar la oficialidad del cristianismo ortodoxo, lo cual no implicaba necesariamente su adhesión al Patriarcado.

La culminación simbólica de este sincretismo místico-político se manifestó en la muerte de Yevgeny Prigozhin, cuyo entierro bajo un golubets (estructura pagana con cubierta, en lugar de la cruz ortodoxa “desnuda”) constituyó una demostración pública de fe rodnovita. Este gesto envió un triple mensaje: a los neopaganos, la confirmación de que Prigozhin era uno de los suyos; al Estado y la Iglesia, un rechazo a la ortodoxia institucional; y a Wagner, una exhortación a mantener viva la tradición pagana incluso en la muerte.

Tumba de Evgeny Prigozhin, por encima de la Cruz Ortodoxa se encuentra un Golubets. Fuente: The Conversation

El silencio oficial que rodeó el funeral evidenció la inquietud político-religiosa que provoca este fenómeno en la Rusia contemporánea: un Estado que promueve el nacionalismo, aprovecha el misticismo neopagano de sus súbditos y apoya al ejército, pero cuya legitimidad espiritual se basa en la ortodoxia. En ese hiato entre nación, guerra y religión, la Rodnoveria ofrece a ciertos sectores militares una alternativa seductora: un misticismo guerrero, autónomo del poder clerical, donde la violencia, la sangre y la tierra se funden en una misma teología.

Conclusiones y perspectivas

La Rodnoveria en el Grupo Wagner cumple funciones múltiples y estratégicas, articulando cohesión interna, legitimación de la violencia extrema e identidad guerrera distintiva. Desde una perspectiva sociológica, el grupo paramilitar capitaliza el neopaganismo como marca corporativa, diferenciando a Wagner de otras compañías militares privadas mediante un “nosotros” (hermanos paganos, guerreros de Perun) frente a un “ellos” (cristianos, occidentales o enemigos de la tierra eslava). Esta diferenciación fortalece la lealtad grupal y la efectividad operativa, especialmente en contextos bélicos donde la confianza y la unidad son vitales.

Además, la Rodnoveria resuelve la tensión cognitiva que el cristianismo genera frente a la violencia, legitimando el combate activo y el martirio heroico. Paradójicamente, este neopaganismo actúa también como resistencia simbólica frente al Estado y la ortodoxia, respondiendo así al nihilismo postmoderno (ofreciendo narrativa heroica, misión trascendente y comunidad afectiva a combatientes provenientes de contextos postsoviéticos fragmentados). La operatividad de esto se define como sustituto de familia, comunidad e Iglesia.

En términos ideológicos, Wagner representa una palingenesia3 ultranacionalista donde la nación eslavo-rusa, debilitada por el cristianismo y el materialismo soviético, debe renacer mediante violencia purificadora. Sin embargo, Wagner no busca controlar el Estado, sino existir como una “tribu guerrera” con autonomía propia, más que como partido político tradicional.

La Rodnoveria configura además un modelo de masculinidad radical donde la fuerza física, el coraje en combate y la fertilidad se celebran como virtudes heroicas, y el cuerpo se concibe como instrumento divino (contrario al cristianismo ortodoxo ascético). Esta identidad se refuerza en espacios homosociales intensos, ritualizados mediante la “hermandad de sangre” y la exclusión femenina, masculinizando la tradición pagana antigua para sostener la construcción de guerreros ideales.

Soldados del Grupo Wagner posando en las afueras de la ciudad de Bajmut, epicentro de la guerra ruso-ucraniana. Fuente: Rodnye Berega

A su vez, el caso Wagner evidencia los límites de enfoques académicos tradicionales. Interpretar la religión como epifenómeno4 de intereses materiales (control interno, branding corporativo, manipulación) es epistemológicamente limitado, dado que testimonios, rituales sostenidos, funerales paganos y la arquitectura del Templo Negro muestran que, para algunos miembros del grupo, la Rodnoveria es fe vivida. La pregunta no es la existencia objetiva de los dioses (o de sus ideales), sino cómo la creencia en ellos estructura la experiencia, genera comunidad y motiva acción. El análisis académico introduce violencia epistémica al traducir experiencias vividas a categorías externas, deformando la realidad de los combatientes. Comprender responsablemente requiere alternar entre explicación ética y comprensión local.

Asimismo, la Rodnoveria wagneriano se caracteriza por un sincretismo pragmático, amalgamando paganismo eslavo reconstruido, mitología germánica y escandinava, símbolos reinterpretados del nazismo y esoterismo de Nueva Era, lo que permite una mayor flexibilidad operativa.

Finalmente, Wagner refleja la ambivalencia geopolítica rusa: mientras el Kremlin proyecta conservadurismo ortodoxo frente al Occidente liberal, el grupo paramilitar representa un neopaganismo militante que desafía la tradición cristiana, pero comparte oposición al liberalismo multicultural, evidenciando cómo religión, violencia y política se entrelazan en proyectos paramilitares contemporáneos.

En la actualidad y a raíz de la “micro-rebelión” contra el Estado ruso, el grupo Wagner ha sido reorganizado bajo la denominación Africa Corps y opera de manera más estrecha con las instituciones oficiales. Esto implica que muchos de los combatientes originales hayan sido despedidos, purgados, encarcelados o se encuentren en el extranjero. Este cambio ha debilitado la dimensión neopagana dentro del grupo, reduciendo la centralidad del paganismo militante en su identidad operativa. Sin embargo, la desaparición relativa de la Rodnoveria en la estructura formal de Africa Corps no implica el fin de su influencia: los nexos históricos, culturales y organizativos entre seguridad, inteligencia y redes paramilitares rusas sugieren que la ideología neopagana puede seguir permeando la mentalidad de ciertos sectores, configurando prácticas, rituales y simbolismos dentro de futuros actores de la violencia privatizada.

En este sentido, el legado de la Rodnoveria militarizado no desaparece con Wagner, sino que se transforma, adaptándose a nuevas estructuras de poder y reafirmando la persistencia de lo sagrado en contextos de violencia y geopolítica contemporánea.

  1. Tesis que presupone que la biología establece categorías humanas intrínsecas e inherentes, más allá de factores históricos o sociales. ↩︎
  2. Tesis que plantea que la conducta y valores de un individuo humano se determinan exclusivamente por elementos culturales, sin participación de otros factores ↩︎
  3. La palingenesia es un concepto de origen griego que se puede traducir como «renacimiento». En la ideología ultranacionalista se puede definir como la tesis de que propone la eliminación de un orden decadente y el correspondiente «renacimiento nacional» a partir de la implantación de una idea o mito de pasado nacional glorioso ↩︎
  4. Fenómeno secundario que transcurre de forma paralela o es causado por un fenómeno principal, pero que no genera efectos en este último ↩︎

Previous post Art déco japonés: Cultura urbana y traducción estética en el Japón de entreguerras
Next post Historia de Georgia: Registros griegos, cristianismo y la llegada de la dinastía Bagrátida
Cerrar