La Primavera Euroasiática: Cómo las protestas en Turquía, Serbia y Georgia impactarán en las transformaciones sociales y políticas de la región

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Desde la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022, la situación política en la región euroasiática se vio profundamente afectada. A partir de este contexto, es importante analizar cómo estos procesos de transformación social se relacionan con el estallido de la guerra en Ucrania y qué debemos esperar del futuro en la región.

Georgia: atrapada entre Putin y Stalin

En Georgia el gobierno intentó, sin éxito, aprobar una ley que buscaba censurar y perseguir a los opositores. Esta decisión provocó el estallido de un descontento social que se evidenció en las protestas que explotaron en marzo de 2023, cuando la juventud de este país salió a las calles para exigir la entrada de Georgia en la Unión Europea.

Un manifestante ondeando la bandera de la Unión Europea en una protesta en Tbilisi, Georgia. Noviembre 2024. Fuente: RFI

Esta ex república soviética ubicada en el Cáucaso, lugar de nacimiento de Josef Stalin, siempre se había posicionado en la llamada “esfera de influencia” de la Federación Rusa. Desde su independencia en el año 1991, este país atravesó varios procesos autoritarios que fueron enfrentados con descontentos y estallidos sociales. Uno de los movimientos más sonados se produjo a inicios del siglo XXI, cuando un grupo de opositores políticos se rebelaron contra el gobierno de Eduard Schevarnadze, antiguo Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética y último funcionario en ocupar ese cargo. Este estallido social, conocido como la “Revolución de las Rosas”, sirvió como preludio para otras revoluciones que tuvieron lugar en las ex repúblicas soviéticas.

Serbia: romper con el pasado para construir el futuro

En Serbia, el derrumbe del techo de una estación de tren, incidente que dejó 15 muertos, fue la chispa que encendió la cólera de una sociedad que estaba harta de la corrupción y la negligencia de sus gobernantes. A raíz de este hecho, los estudiantes universitarios tomaron las calles en las protestas estudiantiles más multitudinarias en el país desde 1968 y convirtiéndose en un estallido social sin precedentes desde la disolución de Yugoslavia.

Su principal reclamo era la dimisión del Presidente Alexander Vucic, quien gobierna desde el año 2017, buscando de esta forma romper con la histórica influencia cultural rusa en su país, que data desde antes de la Primera Guerra Mundial, fundamentalmente por compartir la religión cristiana ortodoxa. Convergencia religiosa que se complementa con una cultura eslava común que se manifiesta sobre todo en similitudes lingüísticas, en donde tanto el idioma ruso como el serbio utilizan el alfabeto cirílico.

Decenas de miles de personas se han congregado en manifestaciones en Belgrado. Marzo 2025. Fuente: Euronews

En este contexto, los vínculos de Vucic tanto con Donald Trump como con Vladimir Putin generaron un descontento particular en gran parte de la sociedad, sobre todo en estudiantes universitarios quienes, a diferencia de sus padres, se criaron en un contexto de relativa democracia.

En los casos de Georgia y Serbia, al tratarse de democracias jóvenes y frágiles, es interesante analizar sus respectivos procesos de democratización, así como sus particularidades en tanto ambos países surgieron a partir de la disolución de Estados multinacionales, la URSS y Yugoslavia respectivamente. Sin embargo, el caso turco es distinto.

Turquía: ¿El nacimiento de una potencia mediterránea?

En Turquía, Estado que se presenta como una democracia republicana, la deriva autoritaria en la que el Presidente Recep Tayyip Erdogan sumió al país en los últimos años, a lo que se suma  la conflictividad étnica en particular en relación a la minoría kurda, generaron un clima de inestabilidad política que estalló el pasado marzo cuando Erdogan decidió detener al alcalde de Estambul, una de las principales figuras opositoras a su gobierno.

Este fenómeno contrasta con la tradición histórica de Turquía, miembro de la OTAN y aliado tradicional de Occidente en Oriente, en donde la instauración de la República en 1923 por parte de Mustafá Kemal Ataturk permitió al país construir un orden democrático, laico y similar a los países de Europa Occidental. Así, la República de Turquía siempre se ha debatido entre una identidad oriental y otra occidental, entre Europa y Asia.

Ante el encarcelamiento del alcalde, las manifestaciones se sucedieron en todo el país, a las que la policía respondió con represión. Al igual que en Serbia, los protagonistas indiscutidos de estás manifestaciones fueron los estudiantes universitarios. De hecho, una de las imágenes más difundidas de estas protestas fue la de una joven estudiante sosteniendo “El Contrato Social” de Jean Jacques Rousseau.

Una Manifestante lee «El Contrato Social» de Rousseau al frente de la policía. Fuente: Turkeyrecap

El caso turco puede considerarse como una situación especial, ya que si bien es a primera vista un aliado de lo que se podría catalogar como “Occidente”, es a la vez la heredera directa del Imperio Otomano, una potencia que siempre le disputó territorios y hegemonía a las potencias europeas a lo largo de la historia. La intención de Turquía de convertirse en una potencia mediterránea, luego de su intervención en Siria y sus declaraciones sobre el conflicto en Medio Oriente, puede preocupar a la Unión Europea. 

A esto se suma la histórica disputa regional de Turquía con Rusia, la cual se remonta a varios siglos atrás y que nos permite comprender posiciones bastante curiosas del gobierno turco, dentro de las cuales se cuenta el acercamiento turco a Ucrania, marcado por el hecho de haber sido una de los primeros estados en reconocer la independencia de la ex República Soviética en 1991.  A lo que se suma el hecho de que fue en Turquía donde se produjeron muchas negociaciones entre Rusia y Ucrania para poner fin a la guerra. De este modo, así como en su momento ambos Imperios se enfrentaron en la guerra de Crimea, en la actualidad Rusia y Turquía se disputan la hegemonía en Eurasia. 

Consideraciones a futuro sobre el rol de los estudiantes

Todas estas movilizaciones tienen su eje dentro de las universidades y son justamente los jóvenes sus principales protagonistas. Este protagonismo de los jóvenes como actor social transformador de realidades nos recuerda las grandes movilizaciones de 1968 en París.

Al igual que en aquella ocasión, es muy probable que los jóvenes estudiantes sean los actores centrales de esta primavera euroasiática que espera transformar las dinámicas de poder en los Balcanes y el Cáucaso. Cómo Rusia, Turquía y las democracias europeas reaccionen a los movimientos sociales será una incógnita que determinará el éxito de esta primavera, o si por el contrario, Eurasia se convertirá en la nueva Checoslovaquia.


El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista Tarpán.

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