Desde la estepa kazaja al sur del mundo: Abai en la mirada chilena

Ibrahim Qunanbaiuly, conocido como Abai (1845–1904), fue un poeta, filósofo y reformador kazajo. Gracias a su formación islámica y occidental, combinó influencias culturales diversas y desarrolló una voz crítica orientada a renovar la sociedad kazaja.

Licenciada en Filología Francesa por la Universidad de Estambul y máster en Ciencias Sociales (Estudios Internacionales en Antropología) por un programa conjunto entre la Universidad Sorbonne Nouvelle – Paris 3 y la Universidad de Varsovia.

Actualmente es doctoranda en Estudios Altaicos en la Universidad de Szeged (Hungría). Sus intereses incluyen la antropología, la lingüística, la filología y la literatura con enfoque postcolonial. Investiga la relación entre humanos y animales (especialmente renos), la terminología cultural del pastoreo y la revitalización de lenguas en peligro de extinción.

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Introducción

En medio de la vasta estepa kazaja, Abai Qunanbaiuly alzó una voz que, aunque anclada en el siglo XIX, hoy resuena con fuerza en otras geografías del Sur global: ¿Qué significa ser humano?, ¿cómo educar para la libertad?, ¿cómo convivir en la diversidad? Desde el corazón de Asia Central, Abai no solo fue un poeta y pensador, sino un humanista que buscó elevar el espíritu de su pueblo a través de la educación, la ética y el conocimiento compartido.

La estepa, lejos de ser un vacío, es un espacio simbólico de contemplación y apertura. Desde ese horizonte, Abai formuló una filosofía que trasciende su contexto nómada y adquiere sorprendente vigencia en realidades como la chilena. Su mensaje dialoga con desafíos contemporáneos: la necesidad de una educación más justa, el respeto a la diversidad cultural y la construcción de un nuevo pacto ético y social.

Este artículo propone leer a Abai como un pensador humanista cuyas ideas, al igual que las de Gabriela Mistral o Violeta Parra, ofrecen claves profundas para repensar el presente. Como ellas, Abai comprendió que el conocimiento debe estar al servicio del pueblo, que la tradición no es cárcel sino raíz viva, y que el verdadero progreso solo es posible con respeto mutuo y dignidad. Desde la estepa hasta el sur del mundo, su legado sigue iluminando caminos hacia una convivencia más consciente, plural y solidaria. Este texto es también un humilde homenaje desde este confín del mundo a los 180 años de su natalicio, que se conmemorarán el próximo 10 de agosto.

¿Quién fue Abai?

Ibrahim Qunanbaiuly, conocido como Abai (1845–1904), fue un poeta, filósofo y reformador kazajo. Gracias a su formación islámica y occidental, combinó influencias culturales diversas y desarrolló una voz crítica orientada a renovar la sociedad kazaja. En tiempos de crisis, actuó como mediador entre tradiciones locales y normas imperiales, defendiendo la educación, la conciencia moral y la paz como caminos al progreso.

Abai transformó la literatura kazaja, pasando de la oralidad a una tradición escrita con sus poemas y los Kara Sozder (Parábolas o “Libro de las Palabras”), donde reflexionó sobre la moral, la política y el alma humana. Tradujo a autores rusos y europeos, acercando ese pensamiento a su pueblo. Hoy es un símbolo de identidad nacional en Kazajistán y su legado sigue inspirando valores de apertura cultural y humanismo.

Raimkul Yesirkeyev, Abai, 1968.

Ejes del humanismo de Abai

Educación y sabiduría

Para Abai, la educación era esencial para una vida plena y moral. Creía que el conocimiento debía formar el carácter y despertar el deseo de aprender como acto espiritual y ético, no por interés material. Criticaba la ignorancia y valoraba la responsabilidad personal del estudiante. Para Abai, el verdadero motor del aprendizaje era el estudiante. Más allá de maestros o instituciones, confiaba en la actitud y responsabilidad personal como clave del desarrollo (Shon, 2017, p. 40).

Su pensamiento, cercano al de Confucio y Sócrates, defendía la sabiduría como base de la vida justa. En la Palabra 27, ejemplifica esto con un diálogo entre Sócrates y Aristodemos, donde se revela la sabiduría divina en la naturaleza.

Responsabilidad personal

Un eje clave en el pensamiento de Abai es la responsabilidad individual. Creía que el cambio social debía comenzar por el trabajo interior: autodisciplina, esfuerzo y mejora moral. Criticaba a quienes pedían prosperidad sin educar bien a sus hijos ni actuar con honestidad (Décima Palabra).

Para Abai, la verdadera prosperidad solo se lograba con ética y constancia. En la Palabra 37, afirmaba: El verdadero hombre no actúa por interés propio, sino por deber moral y humano.” Su ideal ético se resume en su llamado: Ama a la humanidad como a ti mismo,” base de una vida justa y solidaria.

Tolerancia, diversidad y cosmopolitismo

Aunque firmemente arraigado en su cultura, Abai promovía una apertura hacia otras culturas, buscando una síntesis entre tradición y modernidad. En la Segunda Palabra, reflexiona sobre superar prejuicios y valorar lo mejor de otros pueblos. En la Palabra 26, anima a los kazajos a educarse y aprender idiomas extranjeros como el ruso para fortalecerse como nación.

Abai tradujo a autores europeos (Goethe, Byron, Pushkin) al kazajo, no para imitar, sino para enriquecer la vida intelectual de su pueblo. En lo religioso, criticó el fanatismo y defendió una fe sincera y racional. En las Palabras 35 y 45, sostuvo que Dios es uno, justo, y que todas las religiones comparten los valores del amor y la justicia.

Abai y Chile: ecos de sabiduría en el sur del mundo

Abai defendía una educación crítica, formadora del carácter y del pensamiento, no solo como instrucción técnica, sino como camino hacia la libertad interior y la justicia colectiva. Esta visión encuentra un eco profundo en Gabriela Mistral, quien veía la enseñanza como un acto ético, poético y político. Ambos coincidieron en que el conocimiento debía estar al servicio del pueblo, guiado por la ternura y la firmeza. Para Mistral, “la educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios”; para Abai, debía alimentar el alma y cultivar la conciencia.

María Argentina Muñoz, docente de Biología y Ciencias en enseñanza media de Peralillo (Región de O’Higgins), y destacada dombirista autodidacta, enfatizó en la profundidad de los mensajes de Abai y su relevancia para Chile:

Destaco especialmente la Palabra 44, donde Abai señala que la educación es un deber, una obligación y una inversión fundamental para el país. Como él mismo indica, la educación no es solo instrucción técnica, sino un proceso que debe fortalecer y promover virtudes y valores inalterables, esenciales para construir una sociedad justa y ética.

Muñoz destaca también las Palabras 37 y 38 por su profunda relevancia en el contexto chileno, señalando que

Falta conciencia de clase, cultura geopolítica y un ejercicio ciudadano basado en el respeto y el diálogo. Chile debería educar para la paz y el respeto.

Este llamado adquiere especial importancia en medio del debate sobre el reconocimiento de los pueblos originarios, como los mapuches, aymaras y quechuas. En este sentido, el mensaje de Abai promueve un diálogo intercultural sustentado en la igualdad, la empatía y el entendimiento mutuo.

Carmen Sandoval, docente de inglés y estudiante del idioma kazajo de Santiago, destaca el profundo valor atemporal del Libro de las Palabras para su país:

En particular, la Palabra 34 me conmueve por la forma clara en que el poeta recuerda que la vida es pasajera, que somos solo huéspedes en este mundo y que, por ello, debemos dejar atrás el mal proceder y vivir con humildad, solidaridad y fe verdadera. Podemos ofrecer mucho a los demás, pero el llamado es a actuar ahora, porque nuestro tiempo es limitado.

Ingrid Ulloa, funcionaria notarial santiaguina, nos comparte que Abai escribió en un tiempo de crisis moral y social, pero sus palabras siguen siendo vigentes:

Para Chile, sus ideas invitan a combatir la corrupción, valorar la educación y construir un país más justo. Ella destaca su llamado a educar con humanidad y a escuchar con sabiduría. Su legado transformó a Kazajstán; ojalá inspire también a nuestro pueblo.

El llamado de Abai a superar el dogmatismo y los prejuicios mantiene plena vigencia en Chile. En la Segunda Palabra critica los estereotipos étnicos, y en la Palabra 26 invita a aprender otras lenguas y culturas como forma de fortalecer la identidad sin perderla.

Mistral también insistía en la responsabilidad personal y la necesidad de actuar: “Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú… Sé tú el que aparta la piedra del camino”. Esta ética del compromiso coincide con la filosofía de Abai, centrada en la autocrítica y el deber de mejorar la comunidad desde uno mismo.

Gabriela Mistral. Fuente: Universidad de Chile

Violeta Parra, con su arte cargado de crítica social y búsqueda de identidad popular, comparte con Abai el impulso de volver a lo propio sin cerrarse al mundo. Ambos convirtieron la tradición en plataforma de pensamiento crítico y reforma ética.

Desde la estepa kazaja hasta la cordillera andina, Abai invita a Chile a mirarse con mayor conciencia, a educar para la libertad y a construir puentes entre culturas. En tiempos de fragmentación social, su legado es un llamado a la empatía, al conocimiento con raíces profundas y a la transformación desde el interior, fomentando así nuevas instancias de poder compartido y cooperación.

Referencias:

Abay Kunanbaiuly. (2014). El libro de las palabras (Ilustraciones del autor). Embajada de Kazajistán en España.

Kunanbayev, A. (2005). Abai book of words (R. Seisenbaev, Trans.). Abai International Club, EL Bureau. (Original work published 1909).

Kunanbayev, A. (2020). Versos, poemas, el libro de las palabras (A. Cheveleva Dergacheva et al., Trad.; K. Tokáyev, Artículo introductorio). Visor Libros.

Mistral, G. (2017). Pasión de enseñar: Pensamiento pedagógico de Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Universidad de Valparaíso.

Shon, P. (2017). Abay’s legacy to the philosophy of education. NUGSE Research in Education, 2(1), 36–41. https://nugserie.nu.edu.kz

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