Analista de Política Exterior de Irán. Es egresado de la Universidad de Teherán, Magíster en Filosofía en la Universidad Allameh Tabataba’i y Doctor en Filosofía de la Universidad de Teherán.

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Caída del dominio otomano y repartición franco-inglesa

Tras el final de la Primera Guerra Mundial en 1918, se produjeron profundos cambios territoriales en las fronteras de diversas regiones del mundo, especialmente en Asia Occidental, como consecuencia del colapso de los grandes imperios. En esta región, las potencias coloniales, principalmente el Reino Unido y Francia, ayudaron a crear nuevos Estados, particularmente en las zonas árabes, en una reconfiguración que fue impulsada por los intereses europeos. Al mismo tiempo, algunas políticas del nacionalismo turco sentaron las bases para el desarrollo del nacionalismo árabe.

Los acuerdos de Sykes-Picot entre Francia y Gran Bretaña, junto con la imposición del Tratado de Sèvres a los otomanos en 1920, condujeron a la fragmentación de gran parte de las antiguas posesiones otomanas. Posteriormente, el Tratado de San Remo entre Francia y Gran Bretaña definió el estatus de los territorios árabes. Irak fue integrado al Protectorado británico, mientras que Francia obtuvo una parte de la concesión petrolífera de Mosul. Así, Irak fue formado según los intereses de las grandes potencias coloniales, sin tomar en cuenta los vínculos geográficos, étnicos ni religiosos de la región.

En este sentido, el país de Irak nunca se desarrolló de acuerdo con un proceso natural, sino que ha sido una construcción artificial que nunca alcanzó una evolución autónoma, lo que lo ha convertido en un Estado «incompleto».

Mapa del Acuerdo Sykes-Picot. Fuente: The National Archives – Image Library

A lo largo de su historia, Irak ha atravesado cuatro periodos republicanos distintos:

La Era del Reino 1921-1958.
Primera República 1958-1963.
Segunda República 1958-1963.
Tercera República 1968-2003.
Nueva República 2003 – Presente.

Posición geopolítica y demográfica de Irak

Irak ha tenido y sigue teniendo una relevancia geopolítica y geoestratégica fundamental en la región de Asia Occidental, desde la perspectiva de diversos actores internacionales a lo largo de la historia. Su ubicación estratégica le ha otorgado una posición clave, destacándose en varios aspectos: su vinculación geopolítica con subsistemas importantes como el Levante, Asia Menor, el Golfo Pérsico, la meseta iraní y la Península Arábiga; su centralidad en Asia Occidental; su proximidad a las fronteras de las zonas de crisis en la región; y la presencia de lugares sagrados islámicos y chiíes, como el Seminario de Nayaf.

Estas condiciones geopolíticas colocan a Irak ante desafíos de seguridad, algunos extrarregionales y otros derivados de la falta de comprensión mutua entre sus vecinos, quienes consideran la región una amenaza para su estabilidad y supervivencia. La geopolítica de Irak, caracterizada por sus ventajas y limitaciones, le ha llevado a depender de la ayuda internacional para su desarrollo económico, al tiempo que ha tenido que priorizar la seguridad frente a las amenazas externas. Esto ha generado una postura opuesta a la tendencia dominante en el sistema internacional.

La geografía de Irak ha sido escenario de numerosas manifestaciones culturales y civiles, pero también de conflictos, enfrentamientos y pugnas entre potencias regionales y mundiales, así como de tensiones religiosas y culturales. La inestabilidad geopolítica del país es consecuencia de una geopolítica desordenada que cambia con la evolución internacional. Tras el colapso del Imperio Otomano, Irak se estructuró en torno a tres espacios geográficos clave: Mosul, la región kurda; Bagdad, centro de la población suní; y Basora, la región chií. Esta distribución demográfica presenta sus propias dinámicas en las tasas de crecimiento de la población y el número de jóvenes en el país, siendo un factor relevante dentro de las políticas nacionales.

Mapa de Irak. Fuente: Britannica

Influencias geográficas de Irak en su poder militar y de seguridad

Irak, ubicado en el corazón de Asia Occidental, es crucial desde el punto de vista geoestratégico. El país limita con potencias clave como Irán, Turquía y Arabia Saudí, además de Siria, Jordania y Kuwait, lo que lo convierte en un punto de convergencia de diversas regiones e intereses internacionales, especialmente a aquellos relacionados con los proyectos de infraestructura comercial, destacando los oleoductos.

La topografía de Irak es diversa, abarcando desde montañas hasta vastas zonas desérticas. Esta variedad geográfica tiene implicaciones significativas para la planificación y ejecución de operaciones militares, dado que los diferentes tipos de terreno pueden influir en la elección de las tácticas y en la logística. Debido a lo anterior, Irak ha experimentado dificultades derivadas de su geografía durante diversos conflictos bélicos, lo que ha exigido adaptaciones estratégicas.

Irak posee importantes recursos petrolíferos distribuidos en varias regiones. Estos recursos no solo son fundamentales para la economía, sino que también juegan un papel vital en el financiamiento del desarrollo de las fuerzas militares y de seguridad. La protección de los yacimientos petroleros y la garantía de la seguridad en el transporte del petróleo hacia los mercados internacionales son cuestiones prioritarias para Irak.

La historia militar de Irak está marcada por diversos conflictos, destacándose en la actualidad la guerra Irán-Irak en la década de 1980 y la guerra del Golfo Pérsico en los años 90. Estas experiencias bélicas han tenido un impacto profundo en la formación de sus fuerzas armadas, influenciando sus enfoques estratégicos, doctrinas, estrategias, destacando la implementación de tecnología moderna.

Hidropolítica

Irak enfrenta serios desafíos medioambientales, que incluyen la contaminación del aire, el agua, la desertificación, la contaminación por petróleo y la deforestación. Entre los problemas críticos se encuentran los relacionados con el agua. La escasez hídrica de Irak es el resultado de varios factores, pero destaca especialmente la reducción del caudal de los ríos Tigris y Éufrates con las presas y los trasvases de agua que Turquía e Irán han instalado.

Adicionalmente, el cambio climático ha provocado sequías, que junto a las altas temperaturas, terminan por afectar las precipitaciones y a los depósitos de aguas subterráneas, junto con ello, los daños causados por conflictos, particularmente por el impacto del ISIS, han destruido infraestructuras clave para el suministro de agua, contaminado los recursos hídricos y desplazado a millones de personas, finalmente, la falta de políticas de gestión hídrica, debido a la corrupción y a la ineficiencia, provocan una ausencia de una estrategia coherente y actualizada para la seguridad y la gestión del agua.

Estos problemas hídricos no solo afectan la salud pública y la agricultura, sino que también tienen repercusiones graves en la economía, el medio ambiente y la estabilidad general del país.

Crisis por falta de agua en Irak: El creciente peligro de una  desertificación | MEMRI Español
Mapa del Irak moderno atravesado por los ríos Tigris y Éufrates. Fuente: MEMRI

Desafíos actuales

Irak al ser una de las naciones más pobres del mundo, se enfrenta a altas tasas de pobreza, desempleo y desigualdad, los que se ven agravados por la escasez de recursos y la contaminación y la corrupción generalizada en todos los sectores, obstaculizan el desarrollo cultural y social del país, provocando con ello un alto índice de analfabetismo, limitando el acceso a la educación y a la participación cultural de la población.

Adicionalmente, la composición étnica y religiosa de la población iraquí tiene un impacto significativo en las tensiones de seguridad del país. Las diferencias y enfrentamientos entre los distintos grupos provocan tensiones sociales que afectan la capacidad del gobierno para gestionar estas disputas y abordar los problemas militares y de seguridad, debido a que Irak, al ser un país multiétnico y multirreligioso, enfrenta diferentes formas de discriminación y violencia basada en estas diferencias, lo que afecta la cohesión social.

Una de las figuras clave en la moderación de los conflictos entre suníes y chiíes en Irak ha sido el ayatolá Sistani, quien ha desempeñado un papel crucial en la prevención de la violencia y ha influido en la moderación de grupos como el de Muqtada al-Sadr en los últimos acontecimientos. Tras la caída de Sadam Husein, Sistani ha tenido un papel destacado en todas las etapas de la política iraquí. El seminario iraquí y sus autoridades han funcionado como un poder blando, contribuyendo a la cohesión interna del país y ayudando a evitar tensiones generalizadas.

Pope Francis meets Iraq’s Shia leader al-Sistani
Encuentro entre el Papa Francisco y el Ayatola Al-Sistani en 2021. Fuente: Al Jazeera

El Kurdistán iraquí y los cuestionamientos sobre las facciones independentistasrepresentan uno de los puntos de conflicto más relevantes para el gobierno central de Irak. La Región del Kurdistán de Irak (KRI) goza de una autonomía significativa, manteniendo relaciones exteriores propias con otros países y organizaciones. Sin embargo, las relaciones entre la KRI y el gobierno central iraquí son tensas debido a diversos factores, como los ingresos petroleros, las disputas territoriales, la seguridad y la representación política.

La autonomía de la región fue consolidada tras la Guerra del Golfo de 1991, cuando una coalición internacional impuso una zona de exclusión aérea sobre el norte de Irak para proteger a los kurdos del régimen de Saddam Hussein. A pesar de esta autonomía, las aspiraciones independentistas del Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) han enfrentado la oposición del gobierno central y de los países vecinos, especialmente después del referéndum de 2017, que resultó en un 93% de votos a favor de la secesión.

Estados Unidos ha jugado un papel crucial en las relaciones entre la región y el gobierno central desde la década de 1990, ayudando a establecer y proteger la autonomía del Kurdistán frente al régimen de Sadam Husein. Además, ha respaldado a las fuerzas de seguridad kurdas, los Peshmerga, en su lucha contra grupos terroristas como Al-Qaeda y el ISIS.

Irak en el siglo XX

A lo largo de su historia moderna, Irak pasó bajo la tutela británica hasta conseguir la independencia. Con la caída de la monarquía, el Partido Baas asumió el poder tras un golpe de estado. La presencia de los baazistas en el gobierno iraquí, junto con la Revolución Iraní, alteró la estrategia geopolítica de Irak, llevando al país a ampliar su influencia regional mediante alianzas extrarregionales, políticas de presión y la invasión de Kuwait. Sin embargo, la invasión de Kuwait provocó una condena internacional, aislando aún más a Irak y llevando al colapso del régimen Baas tras una intervención militar liderada por Estados Unidos.

La caída del Partido Baas y el vacío de poder resultante generaron un entorno de fragmentación política y social, donde distintos grupos y actores intentaron ejercer soberanía sobre territorios bajo su control. En la última década, las divisiones sociales y religiosas han centrado la estrategia geopolítica de Irak en la reconstrucción del Estado-nación y en el fortalecimiento de una identidad nacional fragmentada, influenciada por las identidades étnico-religiosas que han alimentado la divergencia y desintegración. En resumen, la geografía de Irak sigue jugando un papel crucial en su poder militar y seguridad, siendo un factor determinante en su política y posición en la región.

Condición nacional, racial y religiosa

El tejido social de Irak es un mosaico de etnias, religiones y culturas que ha influido significativamente en el comportamiento político tanto a nivel interno como externo, generando múltiples brechas en los campos político y económico. Este mosaico étnico se extiende más allá de las fronteras del país, lo que, además de generar inseguridad en Irak, ha proporcionado un terreno fértil para la interferencia de los países vecinos en los asuntos internos del país.

En el preámbulo del proyecto constitucional de 2005, se mencionan las diversas etnias que habitaron y habitan el territorio, teniendo como sustento su historia y lengua. Adicionalmente, en los artículos tercero y cuarto, se establece que el pueblo iraquí está formado por dos nacionalidades principales, árabes y kurdos, y por las principales etnias: turcomanos, siriacos, los que tienen el derecho de enseñar su lengua materna a sus hijos, mientras que otras etnias como los caldeos, asirios, armenios, shabaks, persas y sabios, pueden adoptar sus lenguas en sus regiones o provincias si la mayoría de la población lo decide mediante un referéndum.

Aprovechar el espacio geográfico integrado y contar con una tierra de solidaridad étnica dentro de la heterogénea atmósfera política de Irak, estar en la cúspide del gobierno y la presidencia, y la capacidad de influir en las ecuaciones políticas internas y externas, han jugado un papel clave para la Región del Kurdistán. La proximidad de esta región a las zonas kurdas de Irán y Turquía ha convertido a los kurdos en un actor central en los conflictos geopolíticos entre Turquía, Irán e Irak, lo que ha influido en la formulación de políticas comunes.

Definiendo el Kurdistán - Derecho Internacional Público - dipublico.org
Mapa de los territorios kurdos en Iraq. Fuente: dipublico.org

Los kurdos iraquíes han buscado históricamente la soberanía independiente debido a sus tierras, lo que les ha permitido avanzar hacia la autonomía y la creación de la Región del Kurdistán, aumentando su peso geopolítico tras la caída del régimen Baas. Aunque las condiciones regionales e internacionales no han favorecido la independencia kurda dentro de la geografía de Irak, el Kurdistán iraquí se considera una palanca importante de inestabilidad y cambio político en el país.

En ocasiones, la geografía humana del Kurdistán ha alterado el equilibrio de poder en Irak, lo que ha puesto de manifiesto la tendencia centrífuga de los kurdos como un factor de inestabilidad interna, especialmente cuando el gobierno central ha sido más débil.

La situación tras la caída de Saddam Hussein

Tras la caída de Saddam Hussein, Irak pasó a un sistema de acceso limitado y frágil, marcado por relaciones militantes entre las diversas fuerzas políticas del país. Esta situación provocó una disfunción estructural que impidió que el sistema político fuera eficaz en la prestación de servicios públicos a la sociedad.

Aunque la caída de Saddam Hussein había prometido un sistema pluralista e integrador, la búsqueda de intereses a corto plazo y clientelistas de los distintos grupos sociales desvió el enfoque hacia el conflicto por los recursos, debilitando la competencia libre y el acceso a los recursos.

El enfoque en objetivos inmediatos y la falta de inversiones equilibradas sacrificaron el bienestar público en favor de la supervivencia política y la continuidad de las coaliciones de poder. Esto impactó profundamente en los acuerdos políticos y en las relaciones entre las fuerzas armadas y las élites del poder. La lucha por los recursos económicos alteró el frágil orden de acceso, llevando a las fuerzas rentistas, que habían sido marginalizadas en el inicio del nuevo Irak, a aliarse contra la coalición dominante. Esta situación contribuyó a la violencia generalizada.

La aparición del ISIS en Irak simbolizó la crisis del Estado, con la destrucción de infraestructuras, la suspensión del gobierno y el agravamiento de los conflictos internos entre las diversas facciones. Este hecho evidenció la fragilidad del Estado iraquí y su inestabilidad, convirtiéndose en un factor central de la política, economía y sociedad del Irak post-Saddam. La situación permanece sin una solución clara.

Las perspectivas de la situación en Irak pueden comprenderse mejor a partir de la perspectiva de David Petraeus:

Todavía es demasiado pronto para escribir el legado final de las dos últimas décadas de implicación estadounidense en Irak. Desde luego, no es lo que Estados Unidos esperaba que fuera, y persisten diversos problemas internos bajo el actual gobierno del Primer Ministro Mohammed Shia al-Sudani. Muchos de estos problemas consisten en contrarrestar las fuerzas centrífugas que intentan desintegrar el país, como la influencia de Irán, las tensiones de Bagdad con el Gobierno Regional del Kurdistán y una población juvenil cada vez más descontenta. Mientras tanto, el gobierno sigue sin poder proporcionar plenamente servicios de electricidad a su población a pesar de ser uno de los principales exportadores de petróleo.

La mayoría de los errores cometidos por Estados Unidos en el pasado en Irak fueron en el plano militar, incluidos los dos mayores: desmantelar el ejército e impulsar el proceso de desbaazificación. Sin embargo, sigue siendo de interés nacional para Estados Unidos mantener una presencia militar en el país y mantener su compromiso. La estabilidad es vital en un país tan multiétnico, y perderla provocaría desbordamientos en otros países.

En la actualidad, los principales objetivos son claros: seguir luchando contra las fuerzas que intentan desintegrar el país, ayudar al gobierno central a mejorar su capacidad para asignar recursos e impedir que el territorio iraquí vuelva a convertirse en una incubadora de extremistas islamistas. En el pasado, el movimiento sahwa (despertar) de Irak fue eficaz porque se centró en la reconciliación con los antiguos baasistas, tanto suníes como chiíes.

El proceso comenzó en Mosul, el único lugar donde Estados Unidos tenía autoridad para intentar una iniciativa de este tipo. Esta fue también la primera asociación militar de Estados Unidos con una fuerza local para derrotar a Al-Qaeda, un modelo utilizado posteriormente para derrotar al Estado Islámico. Sin embargo, Estados Unidos no ha tenido el mismo éxito contra las milicias respaldadas por Irán.

Consiguió destruir elementos de estos grupos al principio en Nayaf, Basora y Ciudad Sadr, obligándoles a rendirse y a dejar de lanzar cohetes contra la Zona Verde durante bastante tiempo. Sin embargo, desde entonces las milicias se han integrado en el gobierno. Lo ideal sería que Estados Unidos utilizara sus actuales relaciones militares y diplomáticas con Irak para ayudar a construir una relación económica. Pero este deseo debe ser mutuo. Además, no se podrán realizar inversiones sustanciales hasta que Irak ofrezca garantías sobre el Estado de derecho, la integridad del gobierno y, sobre todo, la situación de seguridad.

En cuanto al papel de Irak en la competición entre las grandes potencias, Estados Unidos debería seguir participando en la región en su conjunto, ya que esto ayudará a determinar el nivel adecuado de atención e inversión necesario para Irak. Para prevenir y contener mejor los problemas en Oriente Medio, el “pivote” hacia Asia debería considerarse más como un «reequilibrio». “Los próximos veinte años de esta relación requerirán un renovado sentido de la responsabilidad, que ha faltado durante la última década aproximadamente. El gobierno de Sudani podría ser un punto de inflexión; en cualquier caso, los estadounidenses que se han comprometido con este proyecto durante las dos últimas décadas mantienen la esperanza.

David Petraeus en The Washington Institute for Near East Policy.
David Petraeus | Biography, Education, Accomplishments, & Facts | Britannica
David Petraeus, Comandante de las fuerzas multinacionales durante la Guerra de Irak. Fuente: Britannica

Perspectivas de futuro para Irak

Irak enfrenta numerosos retos en el ámbito de la política interior. Algunos de los principales son:

  1. Violencia: Irak es un país marcado por la violencia, con frecuentes atentados terroristas y enfrentamientos religiosos, lo que genera un ambiente de inseguridad generalizada.
  2. Corrupción: La corrupción es un problema estructural que afecta profundamente la economía del país y limita la inversión, obstaculizando el desarrollo y fortalecimiento institucional.
  3. Injusticia social: La desigualdad es notable, especialmente hacia las mujeres y las minorías religiosas, quienes enfrentan una discriminación sistemática que les impide disfrutar de los mismos derechos y oportunidades.
  4. Restricciones a la libertad de expresión: En Irak, la libertad de expresión es restringida, y la población no puede expresarse debido a la represión y la censura.
  5. Debilidad del Estado de derecho: El Estado de derecho es débil, lo que ha permitido la proliferación de grupos armados no estatales que operan fuera del control gubernamental y contribuyen a la desestabilización del país.
  6. Inestabilidad política: La inestabilidad política, desde la intervención estadounidense, ha sido un obstáculo constante para que el gobierno iraquí aborde con eficacia los desafíos que enfrenta el país, como la seguridad, el desarrollo económico y la cohesión social.

El Irak actual está marcado por estos puntos críticos que afectan su vida política, contribuyendo a un entorno de fragilidad institucional y polarización social. El difícil dilema de la creación de un Estado intermedio (Irak se considera una potencia intermedia según criterios globales e indicadores geográficos y en comparación con otros países árabes).

El petróleo en Irak se presenta tanto como una oportunidad como un problema. Si bien su potencial sigue siendo un activo invaluable, su impacto real ha sido más complejo. La transición hacia energías renovables y no fósiles está en marcha a nivel global, pero aún está incompleta, lo que podría alterar la demanda y las dinámicas geopolíticas que implican al petróleo iraquí. A pesar de las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos, Europa, Rusia y China, el petróleo iraquí sigue siendo un recurso crucial para el país, siempre y cuando se mantenga intacto y provechoso.

Sin embargo, este recurso también ha sido una de las principales fuentes de conflicto en Irak, tanto a nivel interno como internacional. Desde que Irak descubrió su riqueza petrolera, el país ha estado marcado por guerras y tensiones constantes. Aunque el petróleo ha impulsado el crecimiento económico, su presencia ha sido inseparable de los desafíos que enfrenta el país, pues ha financiado y alimentado conflictos que perduran hasta el día de hoy. La riqueza petrolera de Irak, en lugar de garantizar estabilidad, ha sido un factor crucial en la perpetuación de la inestabilidad y la división interna.

Irak: Mapas Clave
Mapa de los emplazamientos petrolíferos de Irak. Fuente: BBC

A pesar de la tensión interna y la fragmentación, Irak ha mantenido una sorprendente unidad. Aunque se enfrenta a grandes desafíos y divisiones, el país no ha caído en una división formal ni en un colapso permanente. La complejidad de su situación, especialmente en el norte con las aspiraciones de independencia del Kurdistán, podría alterar esta ecuación, pero, en su conjunto, Irak sigue siendo una nación unificada.

Irak continúa siendo parte integral del mundo árabe, con lazos estrechos con varios países árabes que reconocen su soberanía e interactúan con él de manera constructiva. Aunque las tensiones internas han sido evidentes, su integración regional permanece fuerte. Además, Irán, a pesar de sus propios intereses en la región, no favorece la fragmentación de Irak, reconociendo el potencial impacto de tal disgregación. En este contexto, los países vecinos, especialmente los más pequeños, también se oponen a cualquier intento de secesión, ya que las consecuencias de la fragmentación podrían desestabilizar aún más la región. De esta manera, la unidad de Irak, aunque frágil y sometida a tensiones, sigue siendo un elemento fundamental en su estructura política y geopolítica.

Las decisiones gubernamentales tienen un impacto significativo en el apoyo público hacia las fuerzas armadas y de seguridad, lo que ha ocasionado un debilitamiento de dicho apoyo debido a decisiones equivocadas en ocasiones. El establecimiento de la justicia social puede desempeñar un papel crucial en el fortalecimiento de la seguridad interna y la estabilidad pública. La falta de justicia social en Irak no solo agrava las tensiones internas, sino que también puede desencadenar insurgencias e incrementar la inseguridad.

Las políticas de los países vecinos, como Irán, Turquía, Arabia Saudita y Siria, tienen importantes implicaciones para la seguridad y las capacidades militares de Irak. Las interacciones o tensiones con estos países han dado lugar a amenazas o adversarios regionales, afectando directamente la seguridad de Irak.

Las relaciones de Irak con la comunidad internacional y las organizaciones internacionales son esenciales para sus capacidades militares y de seguridad. A pesar de que la presencia e intervención de Estados Unidos ha sido un tema controvertido, en general, estas relaciones pueden ayudar a las fuerzas armadas iraquíes a enfrentar las tensiones tanto internas como externas. Irak también participa en coaliciones y alianzas internacionales que pueden contribuir al fortalecimiento de su seguridad y capacidades militares.

EE. UU. e Irak negocian el fin de la coalición internacional contra el  grupo yihadista Estado Islámico
El primer ministro iraquí, Mohammed al-Sudani, en una reunión con Washington sobre el futuro de la coalición internacional antiyihadista, en Bagdad, el 27 de enero de 2024. Fuente: France24

Las políticas internas y externas son cruciales para determinar la capacidad militar y de seguridad de Irak, influenciadas tanto por las decisiones del gobierno como por las interacciones regionales y globales. Históricamente, el rápido colapso del ejército iraquí durante la era de Sadam Husein, y su incapacidad para mantener la seguridad frente al ataque del ISIS después del colapso del régimen Baaz, subrayan la relativa debilidad del ejército iraquí ante ataques extranjeros o invasiones sorpresa.

Algunos puntos fuertes del ejército iraquí incluyen un número significativo de personal moderno, equipos y armas, así como la experiencia de combate adquirida en la lucha contra el ISIS. Sin embargo, las debilidades son notables, como la corrupción generalizada, la formación deficiente y la falta de coordinación entre las distintas ramas del ejército. A pesar de estos desafíos, el ejército iraquí sigue siendo una fuerza importante en la defensa del país.

Ante la insuficiencia de proporcionar seguridad, el gobierno iraquí creó una estructura de defensa paralela mediante el uso de milicias. En la actualidad, el gobierno está intentando reducir la dependencia de estas milicias, reforzar el ejército y las fuerzas policiales, y promover la profesionalización de las fuerzas armadas. Parte de este proceso implica evitar la expansión de las organizaciones auxiliares de defensa, convertirlas en organizaciones militares no ideológicas y apolíticas, y emplear fuerzas locales para que coincidan étnicamente y religiosamente con la geografía de la misión.

Este proceso podría generar tensiones entre las fuerzas de seguridad y el órgano de mando del ejército o del gobierno. Además, algunos políticos iraquíes apoyan la presencia de fuerzas estadounidenses, viéndola como un contrapeso. Por ejemplo, el actual primer ministro iraquí, Al Sudani, ha respaldado la continuidad de la presencia estadounidense, argumentando que es necesaria para luchar contra el ISIS y mantener la estabilidad. Sin embargo, se enfrenta a la presión de algunos aliados y opositores que abogan por la retirada de las tropas estadounidenses lo antes posible.

Tras los acontecimientos relacionados con Gaza y el genocidio de palestinos por parte de Israel después del 7 de octubre, la región de Medio Oriente estuvo gravemente tensa y experimentó cambios significativos. El régimen de Bashar Al-Assad colapsó y Hezbollah en Líbano se vio debilitado. Las milicias iraquíes alineadas con Irán permanecieron en silencio debido a la advertencia de Estados Unidos de no intervenir y no tomaron ninguna acción contra Israel.

Durante este período, los estadounidenses han estado presionando al gobierno iraquí para que limite sus relaciones con Irán. La demanda más importante de Washington es que las Fuerzas de Movilización Popular, afiliadas a Irán, sean disueltas o integradas en la estructura militar. Donald Trump está tratando de reducir la dependencia de Irak de la electricidad iraní y reemplazarla con suministros de Arabia Saudita, con el fin de neutralizar posibles amenazas contra Israel desde el interior de Irak. Es probable que el gobierno iraquí acepte las condiciones de EE.UU. y se distancia de Irán, aunque los lazos turísticos y los intereses religiosos entre ambos países chiitas en la región se mantendrán.

Traducción y edición por Christofer Cerón

Referencias

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  2. Hisham.B.Shanoli. Government and Politics of Middle East in the Twentieth Century. (Princeton 1962) P256-257
  3. Vladimir, Lutski The Arab History in Modern Times Translated by Parviz Babaei (First edition, Tehran: Sepher Publishing Center, 1349)
  4. Henry, Littlefield Europe’s History from 1815 onwards Translated by Farideh Gharjeh Dagh Tehran: Translation and Book Publishing Company, 1351 p 228
  5. A Study of the Geopolitical Factors of Iraq and its Impact on the National Security of the Islamic Republic of Iran by Seyyed Mostafa Hashemi. Abdolreza Faraji Rad. Rahim Sarwar. Quarterly Journal of International Political Research, Islamic Azad University, Shahreza Branch, No. 27, Autumn 1952, pp. 3-39.
  6. Hamed Kazemi, Farhad Daneshnia, Amir Mohammad Haji Yousefi. The Political Economy of Reproducing Instability and Conflict in Post-Saddam Iraq. Iranian Journal of International Politics. Ferdowsi University of Mashhad.5 February 2023. https://doi.org/10.22067/irlip.2023.73916.1198
  7. Amir Hamed Azad, the model for the formation and limitation of the Popular Mobilization Forces in Iraq. World Politics Quarterly. University of Guilan. Volume 9, Issue 3 – Serial Number 33. December 2020. Pages 79-102
  8. https://blogs.lse.ac.uk/mec/2020/01/22/the-us-presence-in-iraq-emerging
  9. https://www.aljazeera.com/news/2023/1/15/iraqi-prime-minister-al-sudani-seys-us-roop-presence-needed.

[1] https://www.washingtoninstitute.org/policy-analysis/twenty-years-after-saddam-future-us-iraq-relationship-conversation-david-petraeus

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