Mitología y tradición chamánica en la isla de Jeju

Jeju tiene una variedad de mitos que se han transmitido de generación en generación relativamente intactos, a diferencia de otras regiones del país, debido al aislamiento.

No obstante, la isla registra múltiples intentos sistemáticos de suprimir el chamanismo y las prácticas religiosas tradicionales.

Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina). Auxiliar de Taller de Bellas Artes.

Investigación en artes, con especialización en pintura. Estudios sobre lenguas germánicas y urálicas.

ercila@tarpan.cl

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Introducción

La isla de Jeju (제주도, Jeju‑do), ubicada al sur de la península coreana, constituye la mayor isla de la República de Corea y conforma la única provincia autónoma especial del país. Con una superficie de 1.826 km², Jeju se distingue por su origen volcánico, resultado de erupciones submarinas ocurridas hace más de dos millones de años. El monte Hallasan, un volcán inactivo de 1.947 metros de altitud, domina el paisaje insular y representa el punto más alto de Corea del Sur.

 La isla es reconocida no solo por su riqueza natural , sino también por su patrimonio cultural singular, que difiere notablemente del del resto del país.

Mapa de Corea del Sur, con la isla de Jeju en rojo. Fuente: Wikimedia Commons

Históricamente, Jeju ha desarrollado una identidad propia debido a su aislamiento geográfico, lo que ha favorecido la preservación de prácticas tradicionales, una lengua local (el idioma jeju, actualmente en peligro de extinción ya que sólo es hablado por 5000-10000 personas, en su mayoría ancianos) y una mitología rica y enraizada en su cosmovisión agraria y marina. La isla es especialmente célebre por su panteón de deidades femeninas, como la diosa Seolmundae Halmang (설문대할망), una figura creadora central en la mitología local, y por la existencia de numerosos rituales chamánicos (gut) que aún se practican en algunos sectores rurales.

Ritual a gran escala llamado «Singwaseje» (신과세제, Ritual de Año Nuevo) en el Santuario Bonhyangdang en Songdang-ri. Fuente: Yonhap News

La tradición chamánica de Jeju (제주 무속) se diferencia del resto de Corea por su estructura matrilineal1, profundamente anclado en lo femenino. Los bon‑puri (본풀이, narración del origen en español) son narraciones orales que transmiten la génesis de los dioses y su integración simbólica en el mundo humano y natural de Jeju. Además del de la diosa creadora de la isla, Seolmundae Halmang, otros mitos como el Chasa Bon‑puri (relacionado con el dios de la muerte Gangnim) y el Samgong Bon‑puri (ligado a la diosa Samgong y la justicia moral) ocupan un lugar central en los rituales populares.

Seolmundae Halmang y sus 500 hijos. Parque de piedras de Jeju Geumneung, Hallim-eup. Fuente: Lucas Green

El chamanismo en Jeju ha resistido la presión del urbanismo contemporáneo, manteniendo su relevancia simbólica. Esta intersección entre tradición y cambio subraya la fuerza cultural del chamanismo local. La mitología de Jeju refleja una espiritualidad diversa y ligada a su entorno natural, así como también un modo de resistencia cultural. Reconocida progresivamente como patrimonio intangible, la herencia chamánica de Jeju constituye hoy un testimonio vivo de identidad frente a la homogeneización cultural contemporánea.

Raíces chamánicas: entre naturaleza y espíritu

El chamanismo constituye la base espiritual y cultural de la isla de Jeju, y se diferencia notablemente de las tradiciones chamánicas de Corea del Sur. La práctica ritual central es el gut (굿), una ceremonia que mezcla música, danza, ofrendas y recitación de épicas en la que los dioses y espíritus locales son invocados para restablecer el equilibrio entre la comunidad humana y la naturaleza circundante. El uso de objetos rituales (como las herramientas mengdu2) ejemplifica la convergencia entre mito y materia ceremonial en el chamanismo insular.

Mengdu. Fuente: Yonhap News.

La mitología de la isla de Jeju emerge de una tradición chamánica profundamente enraizada en lo femenino y en la relación entre humanidad y naturaleza. El chamanismo local es un sistema con fuertes rasgos matrilineales3 dominado por shimbang (chamanes4 encargados de mediar entre el mundo humano y el espiritual). Durante los rituales gut, recitan los bon-puri, narraciones versificadas que cuentan el origen de cada deidad. Estos relatos mitifican los paisajes de Jeju, explican la sacralidad de montes, cuevas o árboles, y transmiten valores morales y normas comunales. Así, la palabra ritual se convierte en archivo vivo de la memoria colectiva.

Shimbang Kim. Foto: Joey Rositano
Shimbang Kim aconseja al líder de la aldea según las indicaciones recibidas de los dioses del santuario. En ese momento, la estructura de poder de la comunidad se invierte; el chamán y los dioses adquieren una autoridad considerable. Foto: Joey Rositano

En la isla de Jeju, lo sagrado se infiltra en cada aspecto de la vida cotidiana. Su concepción del mundo proclama que se encuentra habitado por miles de espíritus y deidades (se estima que más de 18.000), cada uno con funciones específicas: proteger aldeas, cuidar cosechas, garantizar la pesca, velar por la salud o resguardar el hogar. Mantener relaciones armónicas con estas entidades se considera fundamental para la prosperidad individual y colectiva.

El mar, elemento vital para una isla de tradición pesquera y hogar de las haenyeo (mujeres buceadoras), también ocupa un lugar central. Cada año, el Yeongdeunggut invoca a Yeongdeung Halmang (영등할망), diosa de los vientos y de la abundancia marina, pidiendo seguridad en la navegación y buena pesca. Este ritual, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sigue practicándose y es un símbolo de la persistencia de estas creencias.

Rito Yeongdeunggut en Chilmeoridang. Fuente: UNESCO

En el ámbito doméstico, cada hogar podía tener un pequeño altar para el Seongju (dios protector de la casa) o colgar amuletos para ahuyentar la mala suerte. La relación con lo sagrado estaba también mediada por las shimbang, quienes oficiaban rituales (gut) para sanar enfermedades, bendecir nuevos emprendimientos o apaciguar espíritus. Estos rituales no eran eventos excepcionales, sino parte de un ciclo regular de cuidados espirituales que reforzaba la cohesión comunitaria.

Así, en Jeju, lo sagrado no se reducía a la esfera religiosa: estaba entretejido con la agricultura, la pesca, la arquitectura doméstica y las relaciones sociales, funcionando como un sistema de protección y equilibrio frente a la dureza de la vida insular.

Intentos de erradicación

Jeju tiene una variedad de mitos que se han transmitido de generación en generación relativamente intactos, a diferencia de otras regiones del país, debido al aislamiento por ser una isla.

No obstante, siguiendo a Byun Ji-cheol de Yonhap News, la historia reciente de Jeju registra múltiples intentos sistemáticos de suprimir el chamanismo y las prácticas religiosas tradicionales. Uno de los primeros casos documentados corresponde al periodo de la dinastía Joseon, cuando el pastor Lee Hyeong-sang, asignado a Jeju a comienzos del siglo XVIII, emprendió una campaña de erradicación de supersticiones. Las crónicas locales relatan que ordenó la demolición de aproximadamente 500 templos y la eliminación de un número equivalente de esvásticas, símbolos sagrados en la isla.

Con la llegada de la era moderna, estos episodios se repitieron bajo distintos contextos. En 1899, misioneros católicos, amparados por un certificado real, desembarcaron en Jeju para propagar el evangelio. Desde su perspectiva, la población local era “ruda, incivilizada y supersticiosa”, y debía ser transformada conforme a los valores del catolicismo. Este proceso implicó el rechazo total de la cultura indígena, la destrucción de santuarios comunitarios y la tala de árboles sagrados, así como una reorganización social que marginaba abiertamente al chamanismo. El rechazo se extendió también durante la expansión del cristianismo protestante en la isla.

Durante el período colonial japonés, el chamanismo afrontó nuevas restricciones, que continuaron tras la Liberación (1945) en episodios como el Levantamiento de Jeju del 3 de abril de 1948. Sin embargo, uno de los golpes más severos llegó en la década de 1970, con el Movimiento Saemaul, impulsado por el gobierno de Park Chung-hee bajo el lema de modernización y crecimiento económico. En el marco de campañas contra la superstición, se demolieron de manera coordinada santuarios y tótems en todo el país.  Aproximadamente dos tercios de los santuarios consagrados a deidades guardianas fueron destruidos en esa época.

Poster de Park Chung-Hee durante las elecciones de 1963. Park Chung-Hee fue un dictador que gobernó Corea del Sur desde 1961 hasta su asesinato en 1979. Fuente: Wikimedia Commons.

Testimonios como el de un exfuncionario público, hoy octogenario, recuerdan cómo se emitían órdenes gubernamentales oficiales para proceder a la demolición de espacios rituales como Halmangdang, Haesindang o Aegidang. La destrucción incluso alcanzó altares como el Susan Bonhyangdang (수산 본향당) en Seongsan-eup, donde estatuas vestidas con hanbok fueron decapitadas. La tradición oral atribuye a la profanación de estas figuras una serie de muertes misteriosas, aunque los hechos no pudieron verificarse.

Estatuas de madera decapitadas. Foto: Tistory.

Ante este clima de represión, muchos chamanes se vieron obligados a realizar sus rituales en secreto, en lugares apartados como cuevas o bosques, evitando la vigilancia pública. El chamán Kim Yun-su, portador del Jeju Chilmeoridang Yeongdeunggut, recuerda haber celebrado ceremonias clandestinas en Sarabong, oculto en tiendas improvisadas bajo pinares.

Paralelamente, la representación mediática del chamanismo en cine y televisión durante esas décadas reforzó prejuicios: los gut y las figuras chamánicas eran a menudo presentados como prácticas “oscuras” o “inmorales”, contribuyendo a instalar en la población una visión negativa y distorsionada de esta tradición ancestral. Incluso hoy, hay muchas personas que tienen una visión negativa del chamanismo, el gut, los santuarios y la mitología de Jeju.

La mitología y el chamanismo de Jeju en la actualidad

A pesar de siglos de represión religiosa, modernización acelerada y transformaciones sociales, la mitología y el chamanismo de Jeju continúan ejerciendo un papel significativo en la identidad cultural de la isla

La práctica ritual más emblemática, el Chilmeoridang Yeongdeunggut, fue inscrita en 2009 en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, reconocimiento que ha contribuido a legitimar y visibilizar el chamanismo jejuano a nivel internacional.

Hoy, los rituales gut se siguen celebrando en contextos comunitarios, aunque con una frecuencia reducida respecto a épocas anteriores. Chamanes veteranos como Kim Yun-su, han sido clave en la preservación al combinar la transmisión oral de bon-puri con esfuerzos pedagógicos dirigidos a las generaciones más jóvenes. Estos rituales ayudan a que los relatos de diosas como Seolmundae Halmang o Yeongdeung Halmang se mantengan vivos.

Shimbang Kim Yun-su. Foto: Jeju Weekly

La cultura popular surcoreana ha empezado a incorporar la mitología jejuana como recurso narrativo. El webtoon Island (Webtoon, Inwan Youn y Kyungil Yang), inspirado en leyendas de espíritus y demonios locales, traslada a un formato moderno la atmósfera mística de la isla. Series como Nuestro horizonte azul (2022) y Si la vida te da mandarinas…(2025), ambientadas en Jeju, utilizan la vida rural y las tradiciones orales como trasfondo emocional, conectando con el imaginario local e integrando elementos culturales y paisajísticos que evocan la identidad insular.

Asimismo, iniciativas artísticas contemporáneas (como exposiciones de arte, performances y proyectos educativos en escuelas) han buscado revitalizar la mitología, adaptándola a un lenguaje visual y narrativo comprensible para públicos urbanos y globales. Tal como describe Tommy Tran (2018), la introducción de objetos modernos (como bolsas de Starbucks u ofrendas globalizadas) no ha destruido ni sustituido el sentido ritual, sino que ha sido reinterpretada activamente por los ritualistas locales en su repertorio simbólico.

Así, la mitología y el chamanismo de Jeju sobreviven gracias a una combinación de resistencia comunitaria, patrimonialización internacional y reinterpretación creativa en medios contemporáneos. Aunque las prácticas han cambiado, la voz de los shimbang, los paisajes sagrados y los relatos ancestrales continúan siendo un puente entre el pasado y el presente de la isla.

  1. Sistema de descendencia en el que el linaje, la herencia y la pertenencia a un grupo social se trazan a través de la línea materna. ↩︎
  2. Conjunto de tres tipos de artefactos rituales, símbolos del sacerdocio chamánico en el chamanismo coreano del sur de la isla de Jeju. Consisten en un par de cuchillos, una campana e instrumentos de adivinación (cinco objetos hechos de latón: un par de copas sangjan , un par de discos cheonmun y el recipiente sandae). ↩︎
  3. El chamanismo de Jeju refleja una cosmovisión donde lo femenino tiene un rol central, tanto en lo espiritual como en lo social. Esto contrasta con otras regiones de Corea donde los roles chamánicos pueden ser más mixtos o incluso masculinos. ↩︎
  4. El término shimbang no hace la distinción de género en sí, pero la tradición ha estado históricamente feminizada: la gran mayoría de quienes transmiten los bon-puri y dirigen los gut son mujeres. ↩︎

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