Licenciado en Filosofía y Letras, y estudiante de Antropología, con formación avanzada en Estudios del Futuro, Prospectiva y Estudios Culturales. Máster en Mediterráneo Antiguo y Oriente Próximo, además de un posgrado en Análisis de Inteligencia por el Instituto Gutiérrez Mellado. Especializado en ciberinteligencia, operaciones psicológicas, HUMINT y ciencias del Islam, centra su investigación en crimen organizado, geopolítica y comercio internacional.
Interesado en Europa del Este y Oriente Próximo, combina conocimientos en biotecnología, smart-cities y mediación de conflictos, con experiencia en prevención de desastres y lucha contra la desinformación.
artiom.vnebreaci@gmail.com
Durante la década de los años sesenta del siglo XX, mientras Occidente promovía el Festival de Eurovisión como símbolo de unidad y diversidad cultural, los países del “Telón de Acero” constituían su propia respuesta ideológica. La Organización Internacional de Radio y Televisión (OIRT), bajo la influencia del contexto geopolítico de la Guerra Fría, inauguró el Festival de la Canción de Intervisión en 1965 en Checoslovaquia, como contrapartida a la tipología occidental. Esto fue una declaración política y un intento de demostración sobre la capacidad de competición cultural del bloque socialista.
Tras las primeras ediciones, el certamen sufrió interrupciones, sobre todo después de la intervención soviética en la Primavera de Praga en 1968. Sin embargo, Intervisión no desapareció de inmediato, sino continuó de forma intermitente en distintas sedes durante los años 70 y 80. La ironía fue notable: mientras Eurovisión celebraba la diversidad europea, Intervisión reflejaba las tensiones de las propias políticas soviéticas.


Polonia fue la siguiente en la fila
Tras una década de silencio, la televisión polaca reformuló el concepto checoslovaco en los años 70, mediante el Sopot International Song Festival, originado en 1961 pero con un enfoque inicial hacia la promoción de la música polaca. Fue durante esta fase cuando el certamen alcanzó su mayor popularidad. A diferencia de Eurovisión, la propuesta polaca modificaba constantemente sus criterios de selección y ofrecía múltiples categorías competitivas, reflejando las particularidades del ecosistema televisivo del bloque oriental.
Aunque nunca rivalizó en popularidad con el festival occidental, tenía una relevancia política considerable, proyectando la supuesta solidaridad del Pacto de Varsovia. Los participantes incluían principalmente a naciones del bloque oriental y a algunos invitados internacionales. España fue uno de los pocos países occidentales que enviaron representantes, y ocasionalmente se mencionan participaciones de países no europeos como Cuba. Finlandia, por su neutralidad durante la Guerra Fría, asistió en alguna ocasión a Intervisión, aunque su presencia no fue regular.

El colapso y el silencio
Intervisión llegó a su fase final a principios de los años 80, en un contexto de profunda agitación política en el bloque oriental. En Polonia, las protestas y el surgimiento del movimiento Solidaridad desafiaban el control del Partido Comunista. En este ecosistema, mantener la imagen de unidad y cooperación internacional que el festival pretendía proyectar se volvió insostenible. La declaración de la ley marcial en diciembre de 1981 supuso la suspensión inmediata de las actividades culturales y mediáticas de relevancia internacional, incluyendo el festival. Este quedó relegado al recuerdo como una nostalgia de las tesituras de la Guerra Fría.
Así, el impacto del colapso de Intervisión no se limitó únicamente a Polonia, ya que reflejaba el declive de la influencia soviética y su debilitamiento de los mecanismos de propaganda cultural. Mientras Eurovisión seguía cosechando su prestigio internacional, Intervisión se convirtió en un evento intermitente, con ediciones locales o de menor importancia que apenas podían rivalizar con la popularidad de su contraparte occidental.
No fue hasta el 2008, tras críticas de Ucrania y Georgia a Rusia en Eurovisión y la inclusión de temas como los derechos LGTB, que Vladímir Putin intentó revivir Intervisión. Solo logró que se celebrara ese año en Sochi, con representantes de antiguas repúblicas soviéticas. En los años siguientes, buscó recuperar el certamen con miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái (China, India, Asia Central), pero las propuestas no prosperaron hasta el año 2025 dado al cambio geopolítico multipolar que ha permitido una resurrección parcial del festival.
Vladimir Putin resucita el pasado: Intervisión regresa en 2025
El 3 de febrero de 2025, Vladimir Putin firmó un decreto para revivir Intervisión. La decisión fue una respuesta directa a la exclusión de la Federación Rusa de Eurovisión tras la invasión de Ucrania. La sanción cultural representaba la fractura entre Moscú y las instituciones occidentales, poniendo fin a décadas de cooperación cultural.
El festival se desarrolló en el Live Arena de Moscú y fueron 23 países los que confirmaron su participación, abarcando todos los continentes excepto Oceanía: Rusia, Bielorrusia, China, India, Serbia, Vietnam (país vencedor de la competencia), Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Colombia, Cuba, Venezuela, Kenia, Etiopía, Sudáfrica, Estados Unidos (cuya representante se retiró poco antes de iniciar el concurso), Azerbaiyán, Kazajistán, Qatar, Kirguistán, Arabia Saudita, Tayikistán y Uzbekistán.
La inclusión de potencias como China e India, junto a aliados tradicionales como Venezuela y Cuba, evidencia cómo Moscú usa la cultura para consolidar su red de alianzas. La participación latinoamericana, especialmente con Brasil, destaca la expansión de la influencia rusa fuera del bloque euroasiático.
A su vez, múltiples movimientos juveniles de países participantes fueron a Moscú para aprender sobre el certamen y apoyar a sus países de origen. Esto subraya la intención del Kremlin de proyectar Intervisión como un movimiento generacional y supracultural, y no solo como nostalgia soviética.

Intervisión 2025: cultura como arma geopolítica
El renacimiento de Intervisión en 2025 es una operación de poder blando estratégicamente formulada por el Kremlin. Dmitry Chernyshenko (arquitecto de los Juegos Olímpicos de Sochi en 2014), fue designado como presidente del consejo de supervisión del certamen, junto a Sergei Kiriyenko (ex primer ministro) y Sergei Lavrov (canciller). Este enfoque refleja una visión geopolítica en la que la cultura se convierte en un campo de batalla ideológico, donde las representaciones culturales se utilizan como contraposición contra lo que el Kremlin denomina «decadencia occidental».
Por ende, la dicotomía de marcos culturales entre ambos festivales es amplia. Mientras Eurovisión ha evolucionado como un espacio de celebración de la diversidad, los derechos LGTBIQ+ y la libertad creativa (aunque no exento de controversias), Intervisión del año 2025 se presenta como un bastión de «valores tradicionales, familiares y espirituales». Además, las canciones deben «pertenecer al género de música popular». Los elementos y muestras étnicas/folclóricas que reflejen la cultura del país son bien valoradas».
Reglamento del Concurso Musical Internacional INTERVISIÓN (Moscú, 2025)
2.1 Objetivos del Concurso
• Conocer las tradiciones culturales únicas y los logros de los países participantes.
• Crear oportunidades para la realización de talentos creativos en el escenario musical internacional.
• Promover las tradiciones universales, espirituales, familiares, culturales, éticas y religiosas de diferentes naciones.
• Ampliar las relaciones culturales y amistosas entre países estableciendo un diálogo de culturas.
• Popularizar las tradiciones musicales nacionales en otros países.
Valores del Concurso:
• Respeto por la Identidad Nacional.
• Fortalecimiento de las Relaciones Internacionales.
• Valores Universales y Familiares Tradicionales.
• Ideales Espirituales.
• Apertura de los Países.
• Singularidad de los Países.
• Progreso de los Países.
• Apoyo a los Talentos.
El momento elegido para su relanzamiento no es casual: se presenta en un contexto donde Eurovisión enfrenta divisiones internas. La retirada de Eslovenia, España, Irlanda, Islandia y Países Bajos de la edición de 2026 se produjo como protesta por la participación de Israel en el evento, en respuesta a las acciones cometidas en Gaza. Así, Putin aprovecha la fragmentación europea para posicionar su alternativa como un modelo estable y libre de las tensiones occidentales.
En este escenario, la elección de los artistas es igual de simbólica. Shamán (el representante ruso que encarna el nacionalismo belicoso de la administración Putin) refuerza la narrativa oficial que justifica el conflicto como una lucha civilizatoria. Su figura contrasta con la de Little Big (el grupo que iba a representar a Rusia en Eurovisión del 2020). Mientras Shamán glorifica la guerra, Little Big lanzó «GENERATION CANCELLATION«, un himno anti-bélico que denuncia la propaganda y vigilancia estatal.
Así, lo que en apariencia es un festival musical se revela como algo más ingenioso: un laboratorio de Soft Power, donde cada nota y coreografía se encuentran al servicio de un proyecto geopolítico mayor. La pregunta no es si Intervisión puede competir con Eurovisión en audiencia, sino si logrará consolidarse como el símbolo de un orden alternativo, donde la cultura no une, sino divide.

El espejo de dos épocas
La comparación entre la Intervisión original (1965-1980) y su versión de 2025 revela una rima histórica. Ambas nacen del aislamiento. La primera como respuesta al bloqueo cultural del parámetro capitalista. La segunda como reacción a la exclusión de Rusia de las instituciones occidentales tras la invasión de Ucrania. La diferencia es que mientras la Intervisión soviética buscaba la unidad del bloque socialista, su versión contemporánea surge en un mundo donde el conflicto no enfrenta sistemas cerrados. En 1968, el certamen murió parcialmente con los tanques soviéticos en Praga; en 2025, renace de las cenizas de la guerra en Ucrania. Esta repetición sugiere que la cultura sigue siendo usada como instrumento de legitimación política, aunque rara vez sobrevive a sus propias contradicciones.
El contexto global actual puede llegar a favorecer a Intervisión. El ascenso de gobiernos iliberales en Hungría, Turquía, India; el escepticismo hacia Occidente en África y América Latina; y la búsqueda de alternativas al orden liberal por parte de potencias como China o Arabia Saudita podrían convertir al certamen en un símbolo de un nuevo eje cultural antihegemónico.
Escenarios prospectivos
El futuro de Intervisión dependerá de su capacidad para institucionalizarse como alternativa cultural creíble. De esta forma, podrían vislumbrarse 3 escenarios prospectivos posibles:
- Un éxito relativo permitiría consolidar una audiencia estable en el BRICS, Oriente Medio y América Latina, convirtiéndose en un espacio de poder blando donde los países proyecten su identidad sin filtros occidentales.
- La trampa ideológica surge si el certamen se limita a propaganda controlada, con censura a la diversidad y restricciones creativas, arriesgando que incluso aliados estratégicos se retiren y el evento quede reducido a un instrumento político sin influencia real.
- El escenario más interesante, aunque menos probable, es la reinvención disruptiva, en la que Intervisión evolucione hacia un modelo híbrido que permita diversidad artística, inclusión de voces críticas y alianzas con plataformas digitales, convirtiéndose en un contrapeso cultural global, aunque esto requeriría que el Kremlin cediera parte de su control.
