Abogada, licenciada en Derecho por ASCES-UNITA (Brasil), especialista en Derecho Internacional y Estudios Humanitarios por la PUC-Minas Gerais (Brasil), e investigadora del Comité Nacional para Refugiados (CONARE) en el Ministerio de Justicia de Brasil.

Investigo sobre Oriente Medio, en lo que respecta a conflictos y relaciones diplomáticas, así como sobre el BRICS+ y su búsqueda como vía multilateral.

Me comunico en cinco idiomas: portugués, inglés, español, francés y ruso.

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India, una de las economías de mayor crecimiento del mundo, invierte de manera sostenida en la industrialización nacional y alberga un legado cultural e intelectual milenario. Sin embargo, su complejidad suele ser reducida a la categoría de lo “exótico”, bajo una mirada europea de matriz colonial que clasifica y jerarquiza, transformando una realidad viva en un museo de observación extranjera.

El saneamiento básico, la seguridad urbana y los problemas sociales constituyen desafíos nacionales comunes en países de gran extensión territorial. No obstante, mientras que en los países del Norte Global estos elementos son interpretados como fallas de gestión, en el Sur Global son presentados como características intrínsecas, cristalizando una imagen de precariedad permanente. Romper con este encuadre exige reconocer a la India no como una excepción folclórica, sino como un Estado-civilización que ocupa una posición central en las dinámicas de poder del siglo XXI.

Población, tradición y cultura

El país suele ser representada a través de imágenes simplificadas o exotizadas, pero aquello que verdaderamente define su cultura es su complejidad interna y su riqueza plural. La diversidad étnica india es el resultado de siglos de movilidad humana y de encuentros entre pueblos con trayectorias históricas distintas. La composición poblacional del país revela que los grupos indoarios como punyabíes, bengalíes y asameses constituyen la mayoría y ejercen una profunda influencia lingüística y cultural, mientras que los pueblos dravídicos (como tamiles y telugus) mantienen una presencia igualmente sólida, especialmente en el sur del país, con tradiciones lingüísticas y literarias propias. A ello se suman las poblaciones del noreste, de origen tibeto-birmano, y numerosas comunidades originarias, conocidas colectivamente como adivasis, que preservan identidades y modos de vida profundamente arraigados a sus territorios, escapando a cualquier intento de homogeneización nacional (BBC Bitesize, s.f.; (Ministry of Culture of India, 2026).

Una señal de carretera pentalingüe en Kochi escrita en malabar, inglés, hindi, tamil y kannada.

Este mosaico se intensifica cuando se observa la relación entre lengua e identidad. Más allá del hindi y el inglés, reconocidos como idiomas oficiales en documentos gubernamentales, cada estado indio suele adoptar su propia lengua oficial y literaria, como el bengalí en Bengala Occidental o el tamil en Tamil Nadu, reflejando el modo en que la diversidad lingüística fue institucionalmente incorporada al Estado. Esto significa que la India no constituye una patria unívoca, sino un conjunto articulado de mundos culturales coexistentes (India Brand Equity Foundation – IBEF, 2025).

Muthuvel Karunanidhi Stalin, Ministro en Jefe de Tamil Nadu. Fuente: X

El censo de 2011 evidenció una vitalidad lingüística excepcional: se identificaron 1.369 lenguas y más de mil dialectos. Aunque el hindi y el inglés operan como lenguas administrativas y de articulación nacional, la vida cotidiana se expresa en vernáculos regionales que condensan siglos de resistencia cultural e identidad colectiva (India Brand Equity Foundation, 2025).

Índice de diversidad lingüística de la India. Fuente: Daniel A. Wagner, Nathan M. Castillo and Suzanne Grant Lewis, Learning, Marginalization,
and Improving the Quality of Education in Low-income Countries. Cambridge, UK: Open Book
Publishers, 2022. https://doi.org/10.11647/OBP.0256

En el ámbito artístico, esta heterogeneidad se traduce en tradiciones con cronologías propias, muchas de las cuales se desarrollaron de manera autónoma respecto de las tendencias europeas. La producción artística india se remonta a más de cuatro mil años, con estilos que florecieron en contextos históricos específicos y por razones propias.

Durante el período Maurya (siglos IV–II a.C.), por ejemplo, surgieron formas monumentales de arte en piedra (como pilares, esculturas dinámicas y estupas) promovidas por la corte imperial y asociadas a proyectos políticos y espirituales del imperio. A partir del siglo II a.C., centros como Mathura consolidaron una estética escultórica singular, sintetizando influencias del hinduismo, el budismo y el jainismo, que se convertirían en referencia para el arte religioso del subcontinente. (Gallerist, 2026).

Estatuas de rituales durante la dinastía Maurya en Sanchi. Fuente: Vijay Tiwari

Ya a comienzos del siglo XX, movimientos como el Bengal Renaissance y la Bengal School of Art impulsaron una respuesta artísticamente nacionalista al academicismo colonial, buscando resignificar la visualidad india desde principios estéticos y filosóficos propios, y no mediante la imitación de modelos europeos. Estos movimientos articularon arte e identidad nacional en un contexto de intensificación de los discursos anticoloniales (NCERT, 2012).

Fuente: Artisera Editorial. Obra: Nuevas nubes, 1937, de Nandalal Bose.

La historia del arte indio, que se remonta al 2500 a.C., no debe ser entendida únicamente desde una perspectiva contemplativa. Es el registro de la versatilidad de una sociedad capaz de sintetizar influencias. Desde la precisión matemática de la arquitectura védica hasta la sofisticación del cine contemporáneo, que trasciende ampliamente los clichés de Bollywood e incluye producciones regionales de fuerte contenido político, el arte se consolida como una herramienta central de proyección de soft power.

El proceso de estereotipización

La base de este análisis reside en comprender a la India como un conjunto de naciones que desarrollaron un grado de complejidad cultural imposible de ser filtrado por la mirada colonial. La pregunta central es: ¿cómo esa herencia fue progresivamente borrada, reduciendo al país a una referencia de suciedad, atraso y desorden? (BBC Bitesize, 2025.; Ministry of Culture of India, 2026.; Physics Wallah, 2026).

Hippies bailando en las arenas de la playa de Anjuna (Goa) en la década de 1970. Fuente: Sunny Schneider/ Cultura Inquieta

El discurso colonial, tal como lo analiza Edward Said (1978) en Orientalism, construyó una imagen homogénea, mística y atemporal de Oriente para justificar su dominación. En el caso de la India, este proceso operó mediante la explotación económica de lo exótico y su reproducción en la cultura popular, alimentando un «prodigioso repertorio cultural» de imágenes semi-imaginadas que vaciaron al subcontinente de su pluralidad social, política y cultural (Said, 1978).

A lo largo del siglo XX, con la globalización, estas representaciones se difundieron masivamente a través de libros, filmes y narrativas turísticas, cristalizando símbolos nacionales como marcadores identitarios simplificados que persisten hasta hoy.

Afiche de la película de Bollywood Mashaal «(Antorcha»), estrenada el 8 de febrero de 1984 (en hindi) .

Sin embargo, lejos de adoptar una posición pasiva frente a este imaginario, la India pasó a negociar y resignificar dichas imágenes en el escenario global. A través de la valorización de su patrimonio cultural, la expansión de la industria cinematográfica, la promoción del turismo y el fortalecimiento de una identidad nacional en el exterior, el país transformó parte de la exotización heredada del colonialismo en un recurso económico y político, sin que ello implique la superación de la violencia histórica sufrida (Ministry of Culture of India, s. f.; NCERT, 2012).

Aunque el estereotipo continúa operando como un mecanismo que oscurece la diversidad interna india, no ha impedido su avance ni ha profundizado su dependencia respecto de Occidente. Por el contrario, ha sido parcialmente reapropiado como instrumento de proyección internacional y soft power. En la actualidad, esta dinámica se intensifica con la circulación de imágenes en redes sociales, donde narrativas simplificadoras conviven con estrategias estatales y culturales que refuerzan la autonomía india y su posición de liderazgo regional y global.

Fuente: Escena de la película «Lagaan», de 2001.
Escena de la película Goliyon Ki Raasleela Ram-Leela, película en hindi de 2013.

En el entorno digital contemporáneo, esta lógica de exotización adopta nuevas formas de reproducción. Plataformas como TikTok e Instagram funcionan como vitrinas algorítmicas de la mirada colonial, privilegiando contenidos que explotan el impacto visual, la precariedad urbana y prácticas alimentarias callejeras presentadas sin contexto social ni histórico. La reiteración de estos recortes, frecuentemente asociados a la suciedad, el caos y el desorden, reactualiza estereotipos antiguos bajo la apariencia de espontaneidad y entretenimiento. Esta circulación masiva no solo simplifica la complejidad india, sino que convierte desigualdades estructurales en espectáculo consumible, perpetuando la narrativa de lo exótico y lo “atrasado” en el imaginario global (Reuters, 2024).

Fuente: TB Obwoge 2023.
Mercado de pescado en Musheerabad (2019), publicado en Youtube.

Aun así, la India no ocupa el espacio digital únicamente como objeto de estereotipos. Su relevancia material se afirma como la de un actor sustantivo de la economía mundial, convirtiendo visibilidad simbólica en presencia política y económica concreta. Proyecciones del Fondo Monetario Internacional indican que la India continuará siendo la economía de mayor crecimiento entre los grandes países, con tasas cercanas al 6,5 % en 2024-2025 y 2025-2026, en un contexto de estancamiento relativo de las economías avanzadas.

El velo de la narrativa caótica no logra ocultar el liderazgo indio frente a crisis e inestabilidades regionales. La nación hace honor a su historia milenaria.

Eje político-económico

Con un crecimiento económico sostenido, el Fondo Monetario Internacional señalando una expansión del PIB cercana al 6,5 % en 2024/25 y una fuerte continuidad en 2025/26, impulsada por el consumo interno, la resiliencia del sector servicios y las exportaciones de tecnología y manufacturas. Según estimaciones oficiales, el país se encamina a convertirse en una economía de aproximadamente 5 billones de dólares hacia 2028 (IMF, 2024a; IMF, 2024b).

En el comercio internacional, la India ha diversificado socios y productos. En 2023, Estados Unidos fue el principal destino de sus exportaciones, seguido por Emiratos Árabes Unidos, Países Bajos y China, mientras que las importaciones provinieron mayoritariamente de China, Rusia y Emiratos Árabes Unidos.

Fuente: Cumbre UE-India, 27 de enero de 2026, enlace: https://www.consilium.europa.eu/en/meetings/international-summit/2026/01/27/

Esta estrategia incluye la firma de acuerdos económicos relevantes, como el Comprehensive Economic Partnership Agreement con Omán (que concede acceso preferencial a casi el 98 % de las líneas arancelarias) y el reciente acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, descrito por la prensa como “la madre de todos los acuerdos”. En el plano bilateral, la India también ha fortalecido vínculos comerciales con países como Brasil, donde el comercio alcanzó aproximadamente 12 mil millones de dólares en 2024, ampliando la cooperación en energía, seguridad y transformación digital (Reuters, 2024; Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, 2024).

«2025: La diplomacia bilateral de la India en un mundo fracturado». Enlace: Indian Narrative

En el plano político, el protagonismo indio se expresa en su presidencia del BRICS en 2026 (bloque que concentra cerca del 40 % del PIB global) y en su papel central dentro del G20, donde impulsa debates sobre reformas multilaterales, tecnología, cambio climático y gobernanza económica global (BRICS, 2024; OECD, 2024)

Las perspectivas de la India superan el pasado estereotipado

La estereotipación de la India, históricamente forjada por el discurso colonial y reproducida por la cultura popular contemporánea, revela menos sobre el país que sobre los mecanismos de poder que estructuran las narrativas globales. La reducción de una sociedad marcada por pluralidad étnica, lingüística y cultural a imágenes de exotismo u homogeneidad funcionó durante décadas como instrumento de jerarquización simbólica en el sistema internacional. La experiencia india demuestra que estas narrativas no operan de manera unidireccional. El país supo reconocer el valor estratégico de la cultura como vector de política exterior, incorporando elementos simbólicos (del arte y el cine a la gastronomía y el turismo) a una diplomacia que articula identidad nacional, proyección internacional e intereses materiales.

Esta articulación no borra la violencia histórica del colonialismo, pero evidencia una capacidad de resignificación que se traduce en ganancias concretas de influencia, visibilidad y poder de negociación. En un escenario global marcado por la disputa de narrativas, la India ocupa hoy una posición singular: mientras enfrenta la persistencia de estereotipos en medios y plataformas digitales, se consolida como un actor central en las agendas económica, tecnológica y diplomática. Así, su trayectoria expone los límites de las lecturas reduccionistas y reafirma que la cultura, lejos de ser un apéndice simbólico, constituye un instrumento estratégico fundamental para comprender el lugar que la India asume (y reivindica) en el mundo contemporáneo.

Referencias

BBC Bitesize. (s. f.). Diversidad social y cultural en la India. BBC.

BRICS. (2024). Peso económico del BRICS y participación en el PIB mundial. Portal de Información del BRICS.

Büken, G. (2002). La construcción del indio mítico en los medios de comunicación dominantes y la desmitificación del estereotipo por artistas indígenas estadounidenses. American Studies International, 40(3), 46–56.

Fondo Monetario Internacional (FMI). (2024a). India: Consulta del Artículo IV — Informe del personal técnico. Fondo Monetario Internacional.

Fondo Monetario Internacional (FMI). (2024b). Perspectivas de la economía mundial: Estabilidad lenta — resiliencia en un contexto de divergencia. Fondo Monetario Internacional.

Gallerist. (s. f.). La historia y evolución del arte indio. Gallerist.

India Brand Equity Foundation (IBEF). (2025). India seguirá siendo la gran economía de mayor crecimiento con un 6,5 % en el año fiscal 2026, según el Fondo Monetario Internacional. IBEF.

Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. (2024). Brasil e India amplían la cooperación en comercio, energía y transformación digital. Gobierno Federal de Brasil.

Ministerio de Cultura, Gobierno de la India. (s. f.). Cultura india. Gobierno de la India.

National Council of Educational Research and Training (NCERT). (2012). Introducción al arte indio. Nueva Delhi: NCERT. (Organizador principal: Ratan Parimoo; Asesor: Y. S. Alone)

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2024). Perspectivas económicas: India. OCDE Publishing.

Physics Wallah. (s. f.). Diversidad de la India. PW Live.

Reuters. (2024). El comercio, el crecimiento y la posición económica global de la India. Thomson Reuters.

Said, E. W. (1978). Orientalism. Pantheon Books.

Singh, Udaya & Singh, Rajarshi & Banerjee, Padmakali. (2022). 10. India: Learning Challenges for the Marginalized. 10.11647/obp.0256.10.

Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). (2024). Informe sobre las inversiones en el mundo. Naciones Unidas.

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