Identidad y diferencia en la experiencia soviética

La evolución del Estado soviético no debe entenderse como un proceso monolítico, sino como una sucesión de transformaciones estructurales que exigen una periodización rigurosa.

La transición desde el periodo de entreguerras hacia el apogeo del estalinismo y la subsiguiente descompresión iniciada con la llegada de Nikita Jrushchov al poder en 1953 revela una mutación profunda en las lógicas de control y administración estatal de las poblaciones soviéticas.

Amina Rashid

Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Nazarbayev. Cuenta con experiencia como asistente en departamentos culturales de misiones diplomáticas, así como como pasante en el Instituto Kazajo de Estudios Estratégicos adscrito a la Presidencia de la República de Kazajstán.

Sus intereses académicos incluyen la política comparada y las relaciones internacionales del mundo hispanohablante, con especial atención a América Latina, los estudios de identidad, migración y los procesos sociopolíticos contemporáneos

amina.rashid@nu.edu.kz

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La identidad soviética no se formó únicamente a nivel personal o cultural. Fue también el resultado de un proyecto institucional, burocrático e ideológico que definió quién era quién dentro del Estado. En este sentido, la identidad fue un producto del Estado en la misma medida que de la experiencia individual.

Es importante subrayar que la idea de identidad estatal y nacional no surge con la Unión Soviética. La noción moderna de nación y de identidad vinculada al Estado se consolidó en Europa Occidental a partir del siglo XVIII y, posteriormente, se expandió a escala global, incluyendo el espacio soviético. El proyecto soviético heredó y reformuló estas lógicas, dotándolas de un contenido socialista específico.

«¡Viva la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas — la gran patria socialista, la inquebrantable comunidad multinacional de pueblos hermanos. ¡La encarnación viva de los principios del internacionalismo proletario!»

A lo largo del siglo XX, el poder soviético creó categorías de diferencia (de nacionalidad, origen social, lealtad política y profesión) que no solo describían a la población, sino que moldeaban activamente las posibilidades de existencia dentro del sistema socialista. Las categorías administrativas no eran neutrales: producían realidades sociales concretas.

La nacionalidad como construcción estatal

Un primer ejemplo es la política de natsional’nost’ (национальность). A partir del censo de 1926, cada ciudadano debía ser clasificado oficialmente según su “nacionalidad”. Como ha mostrado la historiadora Francine Hirsch, los etnógrafos soviéticos participaron activamente en la construcción administrativa de los pueblos reconocidos por el Estado.

Esta política no solo organizó la diversidad existente, sino que también redefinió identidades. Un ejemplo ilustrativo es el caso de los kazajos: fue en el marco de esta clasificación estatal cuando comenzaron a ser reconocidos oficialmente como “kazajos”. Durante el periodo imperial ruso, tanto kazajos como kirguises eran designados de forma imprecisa bajo el término “kirguises”, lo que demuestra hasta qué punto la identidad nacional fue una creación administrativa y política.

Fuente: Edward Nelson Fell

En la década de 1920 se reconocían aproximadamente 172 nacionalidades; hacia finales de los años treinta, este número se redujo a unas 60 como resultado de fusiones y reclasificaciones basadas en criterios políticos y administrativos. La nacionalidad quedó definitivamente institucionalizada con la introducción de los pasaportes internos en 1932, donde se convirtió en una categoría heredada y prácticamente inmutable. Esta clasificación podía facilitar el acceso a recursos, educación o movilidad, pero también transformaba a ciertos grupos en colectivos sospechosos.

Pasaporte soviético de 1932. Fuente: Comité de cultura de la administración del distrito Municipal de Mineralovodsk, Stavropol

Durante la Segunda Guerra Mundial, la nacionalidad adquirió una dimensión explícitamente securitaria. En 1944, poblaciones enteras como los chechenos, ingushes y tártaros de Crimea fueron deportadas de manera forzosa. En estos procesos murieron numerosas personas, aunque hasta hoy no existe información completa y definitiva sobre el número exacto de víctimas. Parte de estas deportaciones (especialmente en el caso de chechenos e ingushes) continúa siendo objeto de investigación histórica.

Número de «asentados especiales» chechenos por provincias de las repúblicas de Asia Central y de la RSS de Kazajstán al 1 de enero de 1953. Fuente: Земсков В.Н. Спецпоселенцы в СССР, 1930—1960. — М.: «Наука», 2005., с. 213-224
Número de «asentados especiales» ingushes por provincias de las repúblicas de Asia Central y de la RSS de Kazajstán al 1 de enero de 1953. Fuente: Земсков В.Н. Спецпоселенцы в СССР, 1930—1960. — М.: «Наука», 2005., с. 213-224

Es fundamental situar estos acontecimientos en el contexto de la guerra total, marcada por una profunda desconfianza hacia determinadas poblaciones, no solo en la Unión Soviética, sino también en otros Estados, incluidos países como Estados Unidos. Aun así, estos episodios muestran cómo la identidad étnica dejó de ser únicamente una categoría cultural para convertirse en un criterio de seguridad estatal y, en los casos más extremos, en una condena colectiva.

Origen social, lealtad y profesión: identidades que determinan el futuro

Desde la Revolución de Octubre, el Estado soviético clasificó a las personas según su “origen social” y las encuadró en categorías con fuerte carga política, como “obrero”, “campesino pobre”, “campesino medio”, “kulak” (campesino acomodado) o “ex explotador”. Estas designaciones no eran neutras: los bolcheviques exaltaban a las clases trabajadoras (proletarios urbanos y campesinos pobres) y repudiaban a los elementos “burgueses” o considerados explotadores. De hecho, la Constitución soviética de 1918 excluyó del sufragio a las llamadas clases explotadoras”, negándoles derechos políticos por considerarlas enemigas del pueblo.

Cartel de propaganda de la URSS con una cita de Stalin. Fuente: 1stdibs

En los años posteriores, muchos campesinos pobres se convirtieron en los nuevos trabajadores industriales de la administración soviética: millones de antiguos campesinos migraron del campo a las ciudades y, mediante cursos acelerados de capacitación de uno o dos años, pasaron a engrosar la fuerza laboral urbana soviética. Por otro lado, millones de personas de origen “no proletario” fueron privadas de derechos civiles y políticos como lishentsy (лишенцы, “desposeídos”), quedando al margen de la vida pública: no podían votar ni ser elegidos, ni acceder a empleos estatales, educación superior, cartillas de racionamiento u otros beneficios otorgados a los trabajadores leales. Este sistema de estratificación consolidó una jerarquía social revolucionaria, en la que el humilde origen obrero o campesino se convirtió en sinónimo de virtud política, mientras los llamados ex explotadores quedaron estigmatizados y excluidos del proyecto soviético.

Entre 1930 y 1931, aproximadamente 1,8 millones de campesinos catalogados como “kulaks” fueron desposeídos y enviados a asentamientos especiales. En este contexto, la identidad social se transformó en destino.

Propaganda soviética de 1920 con la siguiente cita de Lenin: «¡Fuera los kulaks! Los kulaks son los explotadores más bestiales, brutales y salvajes que, en la historia de otros países, han restaurado en repetidas ocasiones el poder de los terratenientes, emperadores, papas y capitalistas». Fuente:  Declaração 1948

Algo similar ocurrió con la definición de la profesión y del estatus social en la Unión Soviética, aunque este proceso no fue homogéneo y varió según el período histórico. En las décadas de 1920 y 1930, el trabajo industrial y agrícola fue elevado al núcleo de la identidad soviética, mientras que las actividades asociadas a la propiedad privada, la religión o el comercio fueron objeto de una vigilancia ideológica más estricta, en consonancia con la lógica del comunismo temprano, que concebía la propiedad privada como una fuente de explotación y desigualdad. Sin embargo, a partir de los años 1940, especialmente durante y después de la Segunda Guerra Mundial, esta actitud se volvió más pragmática.

Pastores durante las vacaciones, Oblast de Almaty. Fuente: Voices on Central Asia

En 1943 se permitió oficialmente a los musulmanes de Asia Central y Kazajstán profesar el islam, se reabrieron madrazas y escuelas religiosas, y en 1942 también comenzó la reapertura de iglesias, de modo que la afiliación religiosa dejó de ser un factor sistemático de sospecha1.

Del mismo modo, el comercio existió en distintos formatos reconocidos por el Estado: desde la Nueva Economía Política (NEP) en los años 1920, con comercio privado y pequeña producción, hasta los mercados koljosianos en las décadas de 1930–1950 y las arteles (артели), percibidas como una forma legítima de iniciativa económica popular. En este contexto, la afiliación al Partido Comunista o a organizaciones soviéticas siguió funcionando como un marcador central de lealtad política y moral, pero ya no fue el único criterio para definir la respetabilidad social.

La etiqueta de “enemigo del pueblo”, aunque no figuraba en los documentos oficiales, representó la forma más extrema de clasificación identitaria: una definición que anulaba todas las demás y colocaba al individuo fuera de la comunidad política.

La burocracia como productora de identidad

La reforma del pasaporte de 1932 profundizó aún más la institucionalización de la diferencia. Los habitantes de las ciudades recibieron pasaportes internos, mientras que la mayoría de la población rural quedó excluida de este sistema. Sin embargo, esta exclusión debe entenderse en el contexto de las primeras campañas de industrialización y colectivización. Durante el periodo de los planes quinquenales, los koljoses necesitaban mano de obra estable, y las ciudades carecían de infraestructura suficiente para absorber una migración masiva. No existe evidencia concluyente de que los campesinos expresaran de forma generalizada un deseo de trasladarse a los centros urbanos en ese momento.

LIsta censal de 1937, Unión Soviética. Fuente: Demoscope Weekly. «Золотой фонд: ‘Население и общество'».

La combinación del pasaporte interno y el sistema de registro de residencia, propiska (прописка), limitaba sustancialmente la movilidad social y geográfica, ya que una burocracia silenciosa pero poderosa determinaba quién podía desplazarse, cursar estudios, trabajar o incluso habitar en determinados lugares. Cabe aclarar que aquellos individuos que habían sido represaliados o pertenecían a familias represaliadas enfrentaban obstáculos adicionales bajo este régimen. Sin embargo, en muchos casos lograban insertarse en la vida de su república de origen, donde recibían un trato relativamente más tolerante.

La paradoja del sistema soviético radica en que, mientras estos mecanismos clasificaban y jerarquizaban, la ideología proclamaba la creación de una comunidad unificada: el “pueblo soviético”, declarado oficialmente como nueva formación histórica en 1971. Detrás de este discurso de unidad persistía, sin embargo, un complejo sistema de diferencias administrativas que estructuraba la vida social y política.

Preguntas para el presente

El caso soviético muestra cómo un Estado puede producir identidades a través de categorías administrativas que se vuelven reales en sus consecuencias sociales.

La pregunta que permanece abierta es: ¿Hasta qué punto estas lógicas continúan resonando en los espacios postsoviéticos en la actualidad?

Referencias

Gorsuch, A. E., e lti, D. P. (Eds.). (2006). The Socialist Way of Life: Everyday Life in the Post-War USSR. University of California Press.

Slezkine, Y. (1994). The USSR as a Communal Apartment, or How a Socialist State Promoted Ethnic Particularism. Slavic Review, 53(2), 414–452. https://doi.org/10.2307/2501300

Силантьев Р. А. Мусульманская дипломатия в России: история и современность. — М.: Рема, 2009. — С. 166.

Hirsch, F. (2005). Empire of Nations: Ethnographic Knowledge and the Making of the Soviet Union. Cornell University Press.

Nazarenko, N. N. y Bashkin, A. V. (s.f.). Perepis’ naseleniya 1937 goda v SSSR – novoye staroye prochteniye [El censo de población de 1937 en la URSS: una nueva vieja lectura]. Proyekt «Istoricheskiye Materialy». https://istmat.org/node/65735

Dewdney, J. C., Hellie, R., y otros. (2024). Russia: The Stalin era (1928–53). En Encyclopedia Britannica. https://www.britannica.com/place/Russia/The-Stalin-era-1928-53

Werth, N. (7 de abril de 2024). Las «operaciones nacionales» del Gran Terror de 1937-1938. Le Grand Continent. https://legrandcontinent.eu/es/2024/04/07/las-operaciones-nacionales-del-gran-terror-de-1937-1938/

(2022). НАРОДНОЕ ПРЕДПРИНИМАТЕЛЬСТВО В СССР. Вестник Университета имени О. Е. Кутафина, (12 (100)), 231-233.

  1. Según los registros oficiales, la distribución de mezquitas reconocidas por el Estado en 1952, organizadas a través de las cuatro administraciones espirituales (muftiados) creadas para controlar la vida religiosa islámica, era la siguiente: la Administración de Asia Central y Kazajstán supervisaba 152 mezquitas (incluyendo 10 de la comunidad uigur); la del Cáucaso Norte, 50; la de la Parte Europea de la URSS y Siberia, 129; y la de Transcaucasia, 20. ↩︎
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