Joaquín M. Cereceda
Historiador y escritor, Licenciado en Historia por la Universidad de Concepción (2021-2025) y Diplomado en Religiones del Antiguo Próximo Oriente por la Universidad Católica del Norte (2025). Sus intereses de investigación cubren sobre todo la época imperial turca desde su fundación en el siglo XIII hasta su disolución en el siglo XX, pasando por la instauración de la República de Turquía y la reconfiguración de Medio Oriente tras la Primera Guerra Mundial.
Fuera del ámbito histórico, también es autor de novelas y relatos policiales.

Un territorio extenso, un tesoro imperial repleto, un ejército disciplinado, un aparato burocrático consolidado y un gobierno estable, fueron los legados que el difunto Solimán I “El Magnífico” les dejó a sus descendientes, una vez concluida la llamada “Época de Oro Osmanlí». Sin embargo, el mal manejo de estos en los asuntos de una nación tan gigantesca pronto reveló las primeras grietas en el edificio otomano, que comenzaron a hacerse más visibles a medida que pasó el tiempo; lo que dividió a las múltiples etnias bajo el control de la sublime puerta y debilitó el poder que el gobierno imperial podía ostentar en sus provincias. Por consiguiente, muchos historiadores han señalado a 1566 como el año que dio inicio a la larga decadencia del imperio, al verse impotente ante los embates tanto internos como externos que sufrió con el paso del tiempo.

Algunos de estos guardaban relación con prácticas acarreadas desde los orígenes mismos del Estado, como la dependencia a la participación presencial del sultán en el campo de batalla y en las estrategias bélicas, puesla expansión en pos del esparcimiento del Islam por el mundo sería relegada a un segundo plano por muchos de los monarcas de finales del siglo XVI y principios de siglo XVII. Uno de los regentes que aplicaron esta política fue el propio hijo de Solimán, Selim II “el ebrio” quien, contradiciendo el objetivo impuesto por su antepasado, Mehmed II “El conquistador”, de anexionar Roma y la península Itálica, para así acabar con el Papa y el cristianismo en Europa, pasó los ocho años de su reinado encerrado en su palacio, delegándole las labores más importantes del Imperio a los hábiles políticos que sirvieron en la última etapa de su padre. Tal fue el caso, por ejemplo, del talentoso Gran Visir1Sokollu Mehmed Paşa23(considerado el hombre más poderoso del imperio), quien le dio a Selim sus primeras victorias en el campo de batalla con la conquista de la isla griega de Quíos en 1566, el fin de la revuelta de Yemen de 1567 y la expedición a Sumatra para ayudar al Sultanato Islámico de Aceh en Indonesia en 15694.
Así mismo, este año también tendría lugar el primer enfrentamiento registrado entre rusos y Otomanos, cuando un proyecto que buscaba conectar el Río Don con el Volga, al norte del Cáucaso, se topó con la resistencia del recientemente fundado Zarato ruso de Moscú, el cual logró frenar las conquistas turcas en la región, más que nada porque estos decidieron enfocar sus esfuerzos en consolidar sus dominios del Mediterráneo5.
De este modo, y a pesar de la indiferencia inicial del jefe político del Estado, en 1570 se declararía la cuarta guerra Otomano-Veneciana, con el objetivo de conquistar la isla de Chipre, propiedad de la República de Venecia6 y terminar con los piratas cristianos de la zona, los cuales continuamente amenazaban las embarcaciones musulmanas que viajaban entre las provincias Osmanlí.
Sin embargo, poco se imaginaban los Otomanos que este conflicto, a priori sencillo dada su evidente superioridad naval, los llevaría a sufrir una de las derrotas más épicas de su historia, la cual acabaría con el mito de su invulnerabilidad marítima: La Batalla de Lepanto.
El preludio del combate
Desde la época de Solimán I el Mediterráneo oriental se había convertido en un mar interior completamente bajo la influencia de la Sublime Puerta. Sin embargo, los piratas venecianos aún tenían como últimos refugios las islas de Creta y Chipre, junto a las costas de la Península Arábiga, desde donde entorpecían la navegación de las naves musulmanas.
Por esto, para Selim II la conquista de Chipre y sus fértiles tierras se convirtió en una obligación logística, más aún cuando en el año 1568 la hambruna comenzó a hacerse presente en zonas como Egipto, Siria y los Balcanes, luego de una mala temporada de cosechas. Aún así, en un inicio Sokollu Mehmed Pasha se rehusó a darle el visto bueno a la campaña, por temor de que ésta desencadenara la creación de una Liga Santa que luchara en contra de la armada imperial para defender a Venecia.

Lamentablemente para él, pronto voces como las de los visires Lala Mustafa (antiguo gobernador de provincias sirias, como Alepo y Damasco) y Piyâle Paşa (antiguo Gran Almirante), se impusieron en favor de la guerra con el respaldo del sultán.

De este modo, cuando la República de Venecia rechazó el ultimátum enviado por el Imperio en marzo de 1570, el 3 de julio una gran flota otomana compuesta de más de 300 barcos y entre 60.000 y 100.000 soldados, zarpó y desembarcó cerca de Larnaca, en el sur de Chipre, sin encontrar resistencia, dado el repliegue enemigo a la capital, Nicosia, en donde los turcos iniciaron un asedio 20 días después y que concluyó en una decisiva victoria otomana para el 9 de septiembre de ese año, en donde el ejército, luego de ingresar a la urbe al mando de Lala Mustafa Pasha, dio rienda libre a un saqueo que convirtió a las calles en mataderos, en los cuales ni soldados ni civiles fueron respetados.
Aún así, esta aplastante derrota no se tradujo en una rendición total de la isla, Dado que en la ciudad nororiental de Famagusta el rector, Marcantonio Bragadin, resolvió mantener la resistencia pese a recibir de los invasores la cabeza cercenada del gobernador de Nicosia, Niccolò Dandolo, bajo la esperanza de que Venecia enviara refuerzos desde Creta.
Lamentablemente para él, esta tropa de socorro jamás llegó a pesar de la abnegada lucha de sus hombres, debido en parte a la carencia de fondos necesarios para equipar una nueva contraofensiva. De este modo, después de que el conflicto se alargara por unos agobiantes diez meses, la falta de recursos forzó la rendición de la guarnición de Famagusta en agosto de 1571.
Pese a ello, cuando Lala Mustafá y su tropa penetraron en la ciudad, optaron por no respetar el acuerdo de paz negociado con los jefes de la plaza y mandaron a apresar a Bragadin para que fuese torturado y humillado en público, para que finalmente su cuerpo mutilado terminase siendo enviado a Constantinopla7.
Por supuesto, este acto tuvo un doble propósito, por un lado, le anunciaba al sultán la victoria completa en el último bastión enemigo de Chipre y por el otro, le dejaba claro a Sokollu Mehmed Paşa, que sus intenciones de concretar una paz con Venecia ya no tenían sentido a puertas de una gran arremetida cristiana en el Mediterráneo.

Como el Gran Visir había predicho, el Papa Pío V trabajó con ahínco en la creación de una Santa Liga que uniera a las principales potencias navales de Europa en una cruzada contra los turcos. Con este objetivo en mente (y con la notable abstención de Francia8), los estados italianos más importantes (Venecia, Saboya, Génova) y el Imperio Español, reunieron sus armadas en el puerto siciliano de Mesina en el sur de Italia, para preparar su estrategia bajo el mando de Don Juan de Austria; un joven militar de 24 años, seleccionado personalmente para el cargo por su hermanastro, el emperador Felipe II de España9, luego de demostrar su destreza en contra de las rebeliones moriscas en la Península Ibérica.
Por supuesto, esto enseguida ocasionó fricciones entre los altos mandos, dada la edad del comandante y el limitado apoyo de Venecia, a causa de su dependencia a los recursos otomanos, por lo que la tensión fue perceptible desde el comienzo entre todos los bandos, a pesar del enemigo común.
Como explica el historiador Francisco Veiga en su obra El turco: Diez siglos a las puertas de Europa :
“La alianza era frágil, a pesar de concesiones económicas importantes, como las facilidades dadas por Felipe II a los venecianos para la importación de trigo procedente de Sicilia, que sustituyera al turco, vital para el abastecimiento de la Serenísima. Además, la diplomacia francesa también trabajaba en contra de la unidad de la Santa Liga, buscando la reconciliación entre Venecia y la Sublime Puerta10. […] [Por si eso no bastara] en un momento determinado de la campaña tuvo lugar un incidente que degeneró incluso en un breve combate entre españoles y venecianos y la batalla abierta sólo fue conjurada in extremis por la intervención negociadora del comandante pontificio, Marco Antonio Colonna. […] Si las cosas no fueron a peor fue debido, en gran parte, al quebranto que significaba la pérdida de Chipre para los venecianos.11”

Dicho altercado tuvo lugar en los alrededores de la isla griega de Igumenitsa, en la región de Epiro, Grecia, a donde las fuerzas combinadas llegaron luego de zarpar el 7 de septiembre desde Messina. En dicho evento, resumido por el historiador británico Hugh Bicheno en su libro Crescent and cross: the battle of Lepanto 1571 (2003)12, dos jefes militares del ala derecha, Muzio Alticozzi di Cortona, Capitán de los Tercios de Lombardía, y Sebastiano Venier, comandante de la flota veneciana, acabaron disparándose mutuamente, luego de que el veneciano llegara acompañado del capitán de su galera insignia “La Capitana” y tres alférez a bordo de la nave cretense “El hombre Armado”, en donde Alticozzi y sus soldados venían protagonizando varios altercados, debido a la animosidad que sentían por los griegos y su jefe a bordo, Andrea Calergi (de Creta). En consecuencia, Venier encolerizado y herido de gravedad en la pelea, resolvió aplastar el motín con ayuda de “La Capitana” sin el visto bueno de los altos mandos españoles, responsables de los Tercios. De este modo, cuando el cadáver de Alticozzi fue izado de la antena de su nave ante la mirada de toda la alianza muy pronto reinó la desconfianza entre las tropas de ambos bandos, al punto que don Juan de Austria excluyó a Venier de los posteriores consejos de guerra, pero desoyó las voces que pedían la ejecución del marinero en aras del próximo conflicto en aguas griegas.

Por el lado turco, sin embargo, la cosa no estaba mucho mejor. Tras asegurar la ciudad de Famagusta en agosto, el Sultán le ordenó al jefe de la armada imperial Müezzinzâde Ali Paşa, que atacara posiciones venecianas en Albania y el Mar Jónico, antes de reunir sus buques en el Golfo de Patras para ser reforzado por los barcos del regente de Argel, Uluç Ali Reis, que estaba colaborando en la conquista de Chipre y asaltando Creta. De este modo, luego de incursiones en el Adriático a fines de mes y un saqueo a la Isla de Corfú en Septiembre, los jefes otomanos se reunieron cerca de las costas de la ciudad de Lepanto13 en octubre, en donde los cristianos los encontraron en mala forma debido a las recientes campañas y las pésimas condiciones ambientales, a causa del inicio de la temporada de otoño-invierno.
Como si aquello no bastara, pronto también se engendraron desacuerdos entre los dos comandante musulmanes, debido a las diferentes estrategias que ambos proponían para enfrentar a la coalición católica. Por un lado Müezzinzâde, nombrado como Gran Almirante de la Flota, pese a su precario conocimiento de la guerra naval, quería coordinar un choque directo en mar abierto entre sus fuerzas y las occidentales, mientras que Uluç Reis, con un conocimiento más sólido del terreno y la guerra marítima, al ser un veterano con más de dos décadas de experiencia, argumentaba que, por el contrario, debían llevar a cabo un accionar más prudente, atacando a la armada enemiga cerca de la costa, bajo el resguardo de los fuertes de la Bahía de Lepanto, con la certeza de que el mismo mal clima de la temporada destruiría la moral adversaria al estar lejos de sus bases, disolviendo a su vez a la liga.

Lamentablemente, muy pronto la posición de Müezzinzâde se impuso, al actuar bajo la orden directa del sultán Selim, que le ordenó acabar rápidamente con las fuerzas enviadas por el Papa al costo que fuese, por lo que el 7 de octubre ambas armadas entablaron combate en el Golfo de Patras luego de organizar sus fuerzas.
La Batalla de Lepanto14
Contando con alrededor de 240 naves bajo su dirección, Juan de Austria, consciente de la animosidad entre las tropas, resolvió disolver la organización por naciones de la flota cristiana repartiendo las embarcaciones y las tripulaciones en diferentes secciones, independientemente del Estado a quien representara el superior a cargo. De este modo, españoles, venecianos y griegos, debieron combatir bajo la misma autoridad directa e incluso en ocasiones en el mismo barco; en tanto en el centro se desplegaban Tercios Españoles sobre las naves Venecianas, para así mantener vigilados a los hombres de Venier quien, si bien continuó al mando de “La Capitana” como la máxima autoridad de Venecia, fue sustituido por el noble Agostino Barbarigo (jefe del ala izquierda) como el representante de la República ante el alto mando aliado, que eligió optar por la formación del “Águila” para contrarrestar la superioridad turca en el mar.
Así, en el centro de la fuerza occidental se ubicaron los tres comandantes en sus respectivas naves insignias (Juan de Austria en “La Real”, Marcantonio Colonna en “La Capitana de Su Santidad” y Sebastiano Venier en “La Capitana”) frente a un grupo de 64 Galeras, mientras que el lado izquierdo de 57 quedó bajo la supervisión de Barbarigo, el derecho de 53 por el genovés Giovanni Doria y la reserva de 30 del marqués español de Santa Cruz, Álvaro de Bazán.

En el bando turco, por otro lado, el despliegue fue mucho más sencillo. Al buscar la destrucción total de la flota enemiga mediante un envolvimiento que aprovechara su superioridad naval, la formación elegida fue la de media luna, concentrando el grueso de los 259 barcos otomanos en el centro (91 galeras) bajo la supervisión de Ali Pasha; mientras Uluç Ali Reis se ubicaba a mano izquierda (67 galeras) y el gobernador de Alejandría (Egipto), Mehmet Sirocco, defendía el costado derecho (56 galeras). De este modo, los marineros imperiales confiaron en poder doblegar las filas católicas, con una rápida maniobra que mantuviera las periferias a raya durante el desarrollo del conflicto en la zona central, para así rodear a los cruzados.
Para la mala fortuna de los turcos, sin embargo, varios factores estuvieron en su contra aquel día, contrarrestando su agresiva ofensiva y evitando el correcto desarrollo de su estrategia.

Por una parte, la coordinación de su flota no era equiparable a la católica, debido a la falta de un líder claro que rigiera sobre toda la armada. Si en la fuerza Aliada Juan de Austria poseía un control total de las acciones navales, en el bando otomano la dirección estaba dividida entre los dos jefes, Müezzinzade Alí Pasha y Uluç Ali Reis, los cuales tenían experiencias muy distintas, siendo uno un veterano y otro un desconocedor de la guerra marítima.
Así mismo, las tropas a bordo de ambos bandos también estaban en condiciones muy disímiles. Sumado al cansancio musulmán, anteriormente mencionado, por las campañas en el Jónico y el Egeo, se contaba la utilización de esclavos en las labores de remo, los cuales al ser en su mayoría cristianos capturados, eran propensos a la deserción o el poco esfuerzo. Además, si bien los dos lados tenían arcabuces y artillería, la Liga Santa poseía estos elementos en mayor número, en tanto los imperiales confiaban más en el uso del arco compuesto; un arma de largo alcance, pero ineficaz ante armaduras de calidad como las usadas por los soldados españoles.
Aún así, nada estuvo decidido hasta que se llevó a cabo el combate cuerpo a cuerpo entre las tripulaciones. Puesto que en esa época las batallas en el mar pasaban por embestir la galera contraria, los dos comandantes adversarios, Juan de Austria y Ali Pasha, buscaron el enlace de sus naves con el apoyo de sus respectivos grupos para que la infantería tuviera la oportunidad de entrar en acción, sin embargo, poco se imaginaron los Osmanlí que los cruzados darían uso en la zona central a una tecnología revolucionaria que anularía esta táctica: las galeazas.

Estas embarcaciones, de una mayor longitud y altura que las galeras convencionales, fueron una incorporación inventada por la República de Venecia, luego de aprender las estrategias islámicas empleadas en las guerras anteriores y debido a sus características, esa mañana decisiva, seis de ellas se ubicaron junto al alto mando, como fortalezas flotantes que aplastaron a las embarcaciones otomanas a través de un preciso y concentrado fuego de artillería, que desmoralizó a las tropas y desordenó el ataque del Gran Almirante Turco.
Peor aún, en el flanco izquierdo, Agostino Barbarigo logró detener al contingente del gobernador de Alejandría, a pesar de la igualdad numérica que presentaban, gracias en parte a que algunas tripulaciones otomanas, compuestas por griegos reclutados, optaron por encallar sus barcos y retirarse del conflicto15. Esto no auguró enseguida un panorama favorable para la Liga Santa a pesar del enorme mérito de los soldados, pero si retrasó la llegada de ayuda al centro, lo suficiente como para que el grueso de la flota Osmanlí empezase a ser hundida. En vista de aquello, la última esperanza recayó en la responsabilidad del veterano Uluç Ali Reis quien, para sorpresa de los aliados, fue capaz de demostrar su genio militar consiguiendo las primeras victorias para el imperio en el ala izquierda de la flota osmanlí, en donde empezó a encarar y destruir a las naves de Giovanni Doria,el cual tuvo que ver impotente como una dotación entera de una docena de navíos cristianos caía a merced de los mejores marinos musulmanes del conflicto. Así mismo, con su reubicación a una posición más segura, se creó una abertura en las fuerzas cruzadas que Uluç Reis aprovechó para penetrar en las líneas enemigas e intentar el ansiado envolvimiento, en socorro de Ali Pasha.
Sin embargo, esto resultó ser inútil cuando el punto de inflexión llegó en desfavorecimiento de los otomanos justo en medio de la maniobra, luego de que Santa Cruz movilizara a la reserva hasta la zona centro, para apoyar a Juan de Austria. En consecuencia, el Gran Almirante acabó asesinado por los españoles tras ser abordado e impactado por una bala de arcabuz en la frente y, para que no cupiesen lugar a dudas de su deceso, su cabeza fue cortada y clavada en la popa de “La Real”, para consternación de los combatientes turcos quienes, ya sin energías, dirección o apoyo, fueron cayendo sistemáticamente en todos los frentes, al extremo que Uluç Reis optó por huir junto a treinta de sus naves aún intactas, sabedor de que la Batalla estaba irremediablemente perdida.
Claro está, este escape cerró también cualquier posibilidad del imperio de obtener una victoria en aguas griegas y consecuentemente la destrucción fue casi total para la armada otomana, cuyas bajas fueron conocidas por las autoridades de Constantinopla recién a finales de mes. En resumen, las pérdidas ascendieron a más de 30 mil hombres, entre muertos y heridos, sin mencionar a los 3.000 prisioneros, y los más de 15.000 forzados de galeras que recobraron la libertad. Los cristianos por su parte, tampoco se salvaron de pagar cara su victoria, pues perdieron 10 galeras y tuvieron 8.000 muertos y 21.000 heridos, lo que equivalió a la mitad de la tropa embarcada al inicio de la expedición16.
Quizás por esto, y el hecho de estar a puertas de una pésima temporada de otoño-invierno, el alto mando cristiano quedó impotente e incapaz de capitalizar de mejor manera su triunfo, no pudiendo perseguir a los remanentes islámicos en retirada, ni intentar una reconquista de la isla de Chipre.
Como comentó Fernand Braudel en su libro “El Mediterráneo y el mundo Mediterráneo en la época de Felipe II”:
“La victoria de Lepanto abría la puerta a las mayores esperanzas. Sin embargo, de momento, no trajo consigo ninguna clase de consecuencias estratégicas. […]
«Don Juan, por su parte, sentíase tentado a lanzarse a una expedición inmediata sobre los Dardanelos, que habría permitido correr el cerrojo del estrecho. Pero no disponía de los hombres y los víveres necesarios para ello, y Felipe II había dado la orden de que las galeras invernasen en Italia, a menos que pudiera conseguirse un gran puerto en Mórea (Grecia).Era imposible aventurarse de este modo, faltando como faltaba incluso el material necesario para operaciones de sitio. Los pontificales y los venecianos, que se empeñaron en detenerse bajo las murallas de algunas ciudades secundarias, en el Adriático, no sacaron de ello gloria ni provecho17.”
Los ciudadanos de las naciones, en cambio, ajenos a la realidad completa de la guerra, no demoraron en reaccionar ante las noticias del combate, cuando sus héroes regresaron a sus respectivos países. En el caso de Marcantonio Colonna, por ejemplo, representante del Papa en Roma, fue ovacionado por una enorme multitud durante su entrada a la ciudad, siendo homenajeado con obras teatrales que representaron el triunfo en aguas enemigas, colocándolo a él en el rol protagónico. Así mismo, en Venecia la fama del anciano Sebastiano Venier se disparó y las festividades en su conmemoración se prolongaron por varios días, con misas solemnes, tañido de campanas, cuadros vivientes y fuegos de artificio. Juan de Austria, por su parte, al ser el jefe máximo de la flota, se transformó en seguida en una de las figuras más míticas en la historia europea y en un líder para toda la cristiandad, al extremo de que su medio-hermano, el Emperador Felipe II de España, le siguió encomendando organizar más ataques en contra de los Osmanlí en el Mediterráneo.
Claro está el actuar de los súbditos del Imperio en cambio, fue muy distinto: las calles de Constantinopla se sumieron en el pánico luego de que se esparciese el rumor de que la Santa Liga enviaría una flota por el estrecho de los Dardanelos hasta la capital, ahora que la Armada estaba destruida. A causa de esto el sultán arribó el 23 de octubre desde Edirne para poner orden, despachando advertencias e indicaciones a todos los gobernadores en Grecia y Chipre, para que se prepararan para un posible ataque cruzado ahora que no existía fuerza naval capaz de hacerles frente y en esta misma línea, le ordenó a su almirante superviviente, Uluç Ali Reis, que agrupara a todos los barcos dispersos de Lepanto antes de volver a Estambul; en donde el ahora Kapudan Paşa (Gran Almirante) ingresó junto con otros 40 navíos otomanos encontrados en las islas egeas.
Como se esperaba, esto fue trascendental para levantar nuevamente la moral de la gente, por lo que pese a la derrota, el recibimiento del marinero de Argel igualmente se hizo con aires joviales y en un ambiente de sumo respeto, dado que el anciano capitán volvió a respaldar sus numerosos títulos con acciones palpables en el campo de batalla, siendo al mismo tiempo percibido por el gobierno y la población como el único militar capaz de mandar y restaurar el poder marítimo de la nación. Gracias a esto, Sokollu Mehmed Pasha lo puso a cargo de las labores de reconstrucción de los barcos en los astilleros del Cuerno de Oro, las cuales se finalizaron en un plazo de seis meses, en vísperas del verano de 1572, cuando se reanudaron las hostilidades en torno al mar Egeo, con 150 naves nuevas, en las que se contaban las primeras 5 galeazas otomanas.

No es de extrañar entonces que el Gran Visir se jactara ante los emisarios venecianos de que su triunfo en Lepanto no consiguió efectos duraderos en la guerra y que ellos, por su parte, si les asestaron un golpe crítico con la conquista de Chipre, a través de un diálogo que hasta hoy es recordado en la historia turca:
“Vienes a ver cómo sobrellevamos nuestra desgracia. Pero quiero que sepas la diferencia entre tu pérdida y la nuestra. Al arrebatarte Chipre, te privamos de un brazo; al derrotar nuestra flota, solo nos has afeitado la barba. Un brazo, una vez cortado, no puede volver a crecer; pero una barba afeitada crecerá mejor gracias a la navaja18.”
Aunque estas palabras podrían sonar engreídas, lo cierto es que Sokollu tuvo motivos más que suficientes para pronunciarlas. Con el fallecimiento del Papa Pio V en mayo de 1572, las antiguas diferencias en los miembros de la Santa Liga se reabrieron con fuerza, lo que permeó considerablemente la coordinación de la coalición católica, la cual, si bien siguió navegando por el Mediterráneo asestando nuevos golpes a la marina otomana, no pudo igualar a Lepanto y, peor aún, la alianza se disolvió tan pronto los Venecianos firmaron la paz en marzo de 1573, debiendo reconocer las pérdidas territoriales del conflicto, con tal de reabrir nuevamente el comercio con los turcos, del cual dependía buena parte de su economía.
Así mismo, la Sublime Puerta no detuvo su expansión por mar y, para 1574, conquistó Túnez y dos años después la ciudad de Fez en Marruecos, consolidando por siglos un dominio total del Norte de África que Occidente ya no pudo revertir debido a sus propias rencillas internas.
Sin embargo, todo esto no solucionó los problemas estructurales que el gobierno imperial venía acarreando desde la Época de Solimán I. Pues, con el paso del tiempo, los veteranos políticos que consiguieron mantener el orden y la combatividad del Estado comenzaron a retirarse, dando paso a una nueva generación que no pudo igualar las hazañas de sus antecesores.
Para empezar, Selim II moriría en 1574, según cuentan las crónicas, como consecuencia de una caída accidental que sufrió estando ebrio en el Palacio de Topkapi. Después, Sokollu Mehmed Pasha, principal líder político del imperio, perdió su influencia durante el reinado del nuevo Sultán Murad III antes de ser asesinado en 157919 y para concluir Uluç Reis fallecería dada su avanzada edad en 1587, sin dejar a un sucesor que estuviese a su altura para comandar a la armada20.
Después de la batalla: División del Mediterráneo y cambios en la corte
La Batalla de Lepanto, por tanto, significó el punto culminante de la evolución territorial Osmanlí en los mares. Con la inestabilidad interna de finales del siglo XVI y la continua mejora de las tácticas europeas, el Mediterráneo que otrora pareció sometido, se dividió irremediablemente entre Oriente y Occidente con el correr de las décadas, sin tener un solo poder que ejerciera influencia completa en sus aguas. Como consecuencia de esto, el objetivo de la Sublime Puerta de conquistar la Península Itálica, para asemejar el antiguo poder del Imperio Romano y acabar con el papado, se transformó a su vez en una empresa imposible; en un anhelo heredado de siglos mejores.
Así se selló el último periodo en la historia otomana en la que el gobierno pudo actuar como una fuerza imparable, en la que los emperadores gozaron de un poder y un respeto absoluto entre todos sus súbditos y en la que una expedición turca hacia tierras católicas pareció una amenaza, no solo factible, si no que cercana. Ya que con el ascenso de sultanes cada vez más jóvenes e inexpertos, las madres de los regentes pudieron inmiscuirse cada vez más en las labores del imperio, dando inicio a lo que en la historiografía moderna es conocido como “El sultanato de las Mujeres”. Un periodo en el cual la administración sufrió profundos cambios, tanto buenos como malos, hasta el final del siglo XVII, en donde la nación caería en un estancamiento irreversible.
- El término visir deriva de la palabra árabe wazīr (وزير), que se traduce comúnmente como «representante», o «ayudante», el gran visir era el cargo político más alto del Imperio Otomano después del sultán. Como principal gestor del gobierno, su figura era equivalente a la de un primer ministro. ↩︎
- En el Imperio Otomano, los pashas (también escrito paşas) eran altos funcionarios civiles y militares que recibían un título honorífico de gran prestigio otorgado por el sultán. No eran una clase social hereditaria como los duques o condes europeos; eran servidores del Estado que habían alcanzado una posición de enorme poder gracias a su talento, lealtad o influencia política, muchas veces trabajando en la corte. ↩︎
- Sokollu Mehmed Pasha fue un influyente militar y político de origen serbio que llegó a ser Gran Visir del Imperio Otomano durante su mayor apogeo en el siglo XVI, luego del fallecimiento de Solimán I “El magnífico”; a quien siguió en su última campaña en Stigetvar (1566), tras convertirse en su hombre de confianza. Esto, sumado al hecho de estar casado con una de las hijas del siguiente monarca, Selim II (Ismihan Sultán) rápidamente lo convirtió en el hombre más poderoso de la nación, ostentando el mando político dada la inexperiencia o el desinterés de los posteriores regentes en los asuntos de Estado. En consecuencia, fue en gran medida gracias a él que la combatividad y la estabilidad de la Sublime Puerta se mantuvo durante la segunda mitad del siglo XVI, hasta su asesinato en 1579. Por otro lado, además de sus logros militares y políticos, es recordado en Serbia por no olvidar sus orígenes y ayudar a que la Iglesia Ortodoxa Serbia fuese reconocida nuevamente en el imperio, nombrando a su primo, Makarije Sokolović, como nuevo Patriarca serbio. ↩︎
- El Sultanato de Aceh, oficialmente el Reino de Aceh Darussalam (1496-1903), fue un sultanato musulmán centrado en la actual provincia de Aceh ubicada en la isla de Sumatra en Indonesia, que en el siglo XVI se consolidó como una de las más importantes potencias regionales en el océano indico, tras defenderse exitosamente de las incursiones portuguesas en Asia. Sin embargo, para 1560 los europeos empezaron a ganar terreno, derrotando a las fuerzas acehnesas en múltiples batallas, que motivaron al sultán a pedir socorro al Imperio Otomano, por entonces aún regido por Solimán I “El Magnífico”, a cambio de reconocer el califato Osmanlí como el único legítimo en el mundo islámico. Sin embargo, poco después del arribo de la delegación a Estambul, Solimán falleció en Hungría, legándole la responsabilidad de responder el pedido a su hijo Selim II, quien organizó una flota de 22 navíos que zarparon hasta el mar índico y defendieron la independencia del sultanato, consolidando una de las relaciones de cooperación mutua más duraderas que tendría el Imperio Otomano, dado que perduró hasta el final del Sultanato de Aceh, en el siglo XX. ↩︎
- Esta breve escaramuza, también conocida como la Expedición de Astracán, terminó con una victoria militar para el Zarato ruso, marcando el primer conflicto de una larga serie de doce guerras entre ambos imperios. En resumen, luego de que el Zar Iván IV “El terrible” agrandara sus dominios conquistando los Kanatos de Kazán (1552) y Astracán (1556), al norte del río Volga, la posición otomana en la región peligró, debido a las tensiones constantes que surgieron entre los rusos y sus vasallos del Kanato de Crimea. En consecuencia, el gobierno imperial resolvió conectar el río Don con el Volga, para así facilitar el transporte de tropas que permitieran defender la zona, expulsando en el proceso al ejército ruso apostado en la ciudad fortificada de Astracán; punto estratégico vital para el dominio fluvial. Sin embargo, debido a la falta de suministros y el envió de una expedición de socorro desde Moscú, el asedio otomano fracasó, con la destrucción completa del proyecto y la consolidación territorial de Rusia, que se selló con el Tratado de Constantinopla de 1570, por el cual las naves musulmanas obtuvieron libre navegación por el río Volga, pero bajo supervisión del zarato. ↩︎
- La República de Venecia, oficialmente llamada la Serenísima República de Venecia (La Serenissima), fue una ciudad-Estado independiente situada en el noreste de Italia que existió durante más de mil años, desde el siglo IX hasta 1797. A partir del siglo XIII, esta nación empezó a transformarse en una superpotencia militar al obtener regiones e islas del debilitado Imperio Romano de Oriente, por todo el mediterráneo y los Balcanes, siendo desde entonces un actor clave para el intercambio comercial entre Europa y Asia. Aun así, cuando el Imperio Romano llegó a su fin definitivo con la conquista de Constantinopla en 1453, por parte de los turcos otomanos, el estatus de los Venecianos se vio continuamente amenazado por la expansión musulmana al involucrarse en varias guerras con la Casa Real Osmanlí, que le forzaron a ceder la gran mayoría de sus territorios de ultramar con el paso del tiempo. ↩︎
- Alegando el asesinato de musulmanes por parte de los venecianos, Lala Mustafa supervisó personalmente la ejecución de Macantonio Bragadin, la cual encolerizó notablemente a las fuerzas católicas. Primero, se le cortaron las orejas y la nariz, luego se le encarceló por doce días sin agua ni comida, después lo ataron a un palo en la plaza central de Famagusta para desollarlo vivo y finalmente su cabeza fue enviada a Constantinopla, mientras que su torso y piel fueron rellenados con paja y sus insignias militares, para ser exhibidas por toda la ciudad antes de ser embarcadas también hasta la capital imperial. ↩︎
- Si bien Francia no combatió en el bando otomano durante la Batalla de Lepanto, su abstención a apoyar a sus hermanos católicos no fue algo que sorprendiera demasiado en la cristiandad, dado que desde 1536 existía una alianza Franco-Otomana, fruto de la colaboración que los antiguos regentes Francisco I y Solimán I, mantuvieron durante décadas en contra del Emperador español Carlos I de Habsburgo, el hombre más poderoso de Europa Occidental. Por tanto, esta animosidad en franceses, turcos y españoles, se mantuvo durante los periodos de sus descendientes. ↩︎
- La razón por la que el mando de la liga se le dio a España, era porque era el Estado más poderoso de la cristiandad y por tanto el único que podía hacerle frente al poderío otomano. Al mismo tiempo, fue la potencia que más barcos y recursos puso para que la ofensiva tuviera lugar (164 navíos y la mitad del dinero), debido a que Felipe II continuaba el legado de su padre Carlos I, de ser el mayor defensor del catolicismo en una Europa dividida. ↩︎
- La expresión «Sublime Puerta» es un apodo para referirse tanto al Imperio otomano, como también a su sistema de gobierno y a la entrada principal de su palacio administrativo, en un símil con lo que actualmente sucede por ejemplo con la expresión «Casa Blanca» en Estados Unidos. ↩︎
- Veiga, Francisco. El turco: Diez siglos a las puertas de Europa. Debate (Penguin Random House), 2019, p287. ↩︎
- Bicheno, Hugh. La Batalla de Lepanto. Editorial Ariel, 2005, pp253-255. ↩︎
- Actualmente llamada Naupacto ↩︎
- Algunas aclaraciones. El número de barcos que lucharon en cada bando en la Batalla de Lepanto varía dependiendo de la fuente, dado que no contamos con una de la época que contabilice de manera precisa ambas escuadras; por lo mismo las cifras que aquí se nombraran están directamente extraídas del artículo “Las escuadras en orden de combate en Lepanto: tácticas, artillería y abordaje”, del almirante español José María Treviño Ruiz. Por otro lado, la descripción del combate en sí fue escrita en base a la que entregó el historiador inglés Noel Malcolm en su libro: “Agentes del Imperio: Caballeros, Corsarios, Jesuitas y Espías en el Mundo Mediterráneo del siglo XVI. De usar otro texto como referencia, se mencionará en el pie de página correspondiente. ↩︎
- Como curiosidad, cabe mencionar que fue en este sector que luchó el escritor Miguel de Cervantes, futuro autor de la famosísima novela “Don Quijote de la Mancha”, a bordo de la galera española “La Marquesa”. Durante el enfrentamiento, del cual participó pese a estar enfermo de Malaria, el escriba recibió heridas de arcabuz en el pecho y en su mano izquierda, lo que se la paralizaría de por vida, ganándose a posteriori el apodo de “El manco de Lepanto”. ↩︎
- Cifras extraídas de: Braudel, Fernand. «Capítulo IV: Lepanto». En el Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, 2a ed. Fondo de Cultura Economica, 1987, p.603 ↩︎
- Op cit, p.604. ↩︎
- Wheatcroft, Andrew. «Chapter 1. We Praise Thee, O God: Lepanto, 1571». En: Infidels: a history of the conflict between Christendom and Islam. Viking (Penguin Random House) 2003, p. 64. ↩︎
- Durante el reinado del sultán Murad III, el poder absoluto y la influencia política del Gran Visir Sokollu Mehmed Pasha sufrieron un progresivo declive, debido a la tensa relación que sostuvo con el monarca. A diferencia del periodo anterior bajo Selim II, quien le había delegado por completo los asuntos de Estado, la atmósfera política en el Palacio de Topkapi cambió drásticamente a partir de 1574. Por un lado, Murad buscó retomar nuevamente las riendas del imperio mientras que, por el otro, comenzó a oír y verse influido cada vez más por su esposa Safiye y su madre Nurbanu, para deshacerse de los partidarios del visir que, al igual que él, contradecían continuamente sus decisiones administrativas. A causa de esto, cuando el reputado político fue apuñalado en 1579 por un limosnero bosnio que le pedía dinero, muchos dentro del pueblo acusaron a las mujeres del sospechoso atentado. ↩︎
- Luego de la Batalla de Lepanto, Uluç Reis obtuvo el apelativo de “Kılıç” (la espada) y se convirtió en el Gran Almirante Otomano más reputado de la segunda mitad del siglo XVI. Por consiguiente, en los años subsecuentes siguió liderando campañas por todas las costas del imperio hasta hacerse una gran fortuna personal con la cual financiaría la construcción de la mezquita Kılıç Ali Pasha en donde seria sepultado en 1587, tras sufrir un paro cardiaco mientras mantenía relaciones sexuales con una concubina. ↩︎
Bibliografía
- Ágoston, Gábor y Bruce Masters. Encyclopedia of the Ottoman empire. Facts On File, Inc., 2009.
- Bicheno, Hugh. La batalla de Lepanto, 1571. Editorial Ariel, 2009.
- Braudel, Fernand. El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (Tomo II). Fondo de Cultura Económica, 1987.
- Malcolm, N. Agentes del Imperio: Caballeros, Corsarios, Jesuitas y Espías en el Mundo Mediterráneo del siglo XVI. Editor digital: FLeCos, 2015.
- Treviño Ruiz, J. M. Las escuadras en orden de combate en Lepanto: Tácticas, artillería y abordaje. Revista General de Marina, Agosto-Septiembre 2021, pp. 339–346.
- Veiga, Francisco. El turco: Diez siglos a las puertas de Europa. Debate (Penguin Random House), 2019.
- Wheatcroft, Andrew. Infidels: a history of the conflict between Christendom and Islam. Viking (Penguin Random House), 2003.
Recursos digitales
- Losada, Juan Carlos. La batalla de Lepanto: dos armadas frente a frente. National Geographic, 6 de octubre de 2021. En: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/batalla-lepanto-dos-armadas-frente-a-frente_8422.


