Cientista Político y Magíster en Relaciones Internacionales Pontificia Universidad Católica de Chile. Especialista en Cultura e Historia Antigua.
Diplomado en Estudios sobre las Tradiciones del Budismo y la Meditación en la Universidad Rovira i Virgilio y estudiante del Centro de Estudios Griegos de la Universidad de Chile.
¿Qué hacía un reino helenístico a casi cinco mil kilómetros de distancia de Grecia? La historia de Bactria es una historia de conquistas y ambiciones, pero también de la adaptabilidad de una cultura a un ambiente geográfico distante. En Bactria, los herederos de Alejandro Magno crearon una civilización única que puso en contacto las diversas culturas de Grecia, Persia, India y China.
Durante siglos, la existencia de un reino griego en Bactria ha llamado la atención a aquellos interesados en la antigüedad. Su peculiaridad es evidente, pues nos encontramos ante un asombroso desplazamiento de una civilización desde las costas mediterráneas hasta los pies del Hindu Kush en Asia Central.
La antigua Bactria se extendía en gran parte de lo que hoy es Afganistán. Era también contigua a la región de Sogdiana, que abarca partes de Uzbekistán y Tayikistán. Como hoy en día, era una tierra extraordinariamente agreste y remota. Las montañas del Hindu Kush, que separaban Bactria de la India, alcanzaban los 5.000 metros de altitud, mientras que las cumbres de Pamir llegaban a los 7.500, una cifra considerable, si lo comparamos con los 2.300 metros del Monte Olimpo.
Así, Bactria estaba rodeada de montañas, excepto en el oeste, donde el desierto se abría hacia el Mar de Aral. Atravesando estas montañas y desiertos, el río Oxus, el actual Amu Daria, tenía una enorme importancia. Sus aguas constituían la fuente primordial para la vida urbana y rural de la región.[1].

Alejandro Magno: Un conquistador implacable
Las conquistas de Alejandro Magno, iniciadas el año 334 a. C., constituyen el punto de inicio de la expansión griega hacia Asia Central. En las batallas de Issos y Gaugamela, derrotó decisivamente al Imperio Persa Aqueménida, y con ello pudo dominar una extensión geográfica gigantesca, que se extendía desde el Mediterráneo al río Indo. No contento con ello, sobrepasó los límites conocidos para cualquier griego, cruzando el río Hidaspes, en el actual Pakistán.
Sin embargo, cuando se aproximaba hacia la India (año 326 a. C.), presumiblemente con la intención de conquistar la cuenca del Ganges, su ejército fatigado por más de diez años de campañas se negó a seguir avanzando, iniciándose un largo y penoso regreso a casa.

Hacia el 325 a. C., Bactria había sido pacificada por Alejandro solo en apariencia. El general había llevado consigo soldados griegos y macedonios, fomentando su asentamiento permanente. La tarea de ellos consistía en consolidar las conquistas militares en una de las nuevas zonas fronterizas del imperio. Existe una discusión sobre cuáles eran los planes de Alejandro en Asia, algunas posturas le atribuyen la idea de crear un imperio multicultural, mientras otros solo lo ven como un imperialista greco-macedonio. Lo cierto es que los griegos asentados en Bactria importaron su modo de vida, representado por las ciudades, las leyes, el arte monumental y la acuñación de monedas. En contraposición, estaba la “barbarie”, asociada con la anarquía y la vida nómada[2].
En retrospectiva, Alejandro agitó la región, que tardaría años en prosperar y la tarea de estabilizar Asia Central requeriría varios años de esfuerzo, inversión y planificación.[3].
El imperio de Alejandro Magno, pese a la fundación de ciudades, era una entidad inestable y poco definida. Tal como existía, era un agregado artificial compuesto por las veinte satrapías del Imperio Aqueménida, a lo que se sumaba una multitud de principados menores, uniones tribales, confederaciones y ciudades-estado, con relaciones diversas hacia el poder central. De esta manera, el imperio no había avanzado más allá de la fase de ocupación militar: no había una ciudad capital, casi ningún servicio civil y muy poca administración. Sólo se habían tomado medidas de emergencia para proteger la retaguardia mientras proseguían las interminables campañas[4].
La verdadera labor de consolidación y construcción correspondería a los sucesores de Alejandro, los diádocos. Estos, tras la muerte de su líder en Babilonia en 323 a. C., se disputarían el futuro del imperio. Las dos décadas transcurridas entre el 321 y el 301 a. C. presenciaron cuatro guerras brutales en el marco de un período de violencia prácticamente ininterrumpido, donde los tratados y las treguas no duraban demasiado. A pesar de ser una guerra civil entre macedonios, su magnitud fue tal que con toda justicia mereció ser llamada una guerra mundial[5]. Las batallas se extendieron por Macedonia, Grecia, Siria, el Levante, la Mesopotamia, Egipto, Asia Menor y por supuesto, los sectores más orientales del imperio.

Tras la decisiva Batalla de Ipsos en 301 a. C, un nuevo orden de Estados helenísticos fue establecido. Los ganadores fueron quienes sobrevivieron, consolidaron sus dominios y pudieron establecer dinastías propias. Entre los diádocos victoriosos destacan: Ptolomeo I Soter en Egipto, Lisímaco en Tracia y Asia Menor, Casandro en Grecia y Macedonia, y para el caso de Asia, Seleuco I Nicátor, el diádoco más importante para el estudio de Bactria.
El Imperio Seléucida: Consolidar y construir
La dinastía creada por Seleuco I fue la que más territorio logró conquistar, abarcando una enorme extensión, que iba desde el Mediterráneo hasta los límites con India. Seleuco fue en sí mismo un personaje singular, un general de segunda línea que no parecía destinado a un papel central. Sin embargo, su astucia y determinación le permitieron cimentar una base de poder en Babilonia, que le serviría para controlar gran parte del territorio de Alejandro.
En su máxima extensión, el Imperio Seléucida contaba con una población cercana a los quince millones de habitantes. La población inmigrante (griega y macedonia) nunca superó un pequeño porcentaje del total, lo que implicaba la necesidad de tomar medidas militares y propagandísticas, para asegurar que la lealtad perdurase.[6]. Por ello, la casa seléucida subrayó el título de “reyes de Asia”, una declaración geopolítica que fue promovida por la historiografía cortesana.[7].

Entre las medidas establecidas por los seléucidas para gobernar se implementó, por un lado, una política de legitimación por medio de las victorias militares, y por otro, una de entendimiento con las élites locales. Para lograr este entendimiento, las tierras administradas por los notables locales se mantuvieron intactas, para evitar desagradar a los sectores más influyentes: los mercaderes, terratenientes, y en especial a los sacerdotes, que constituían el principal grupo político en Babilonia. En el Asia seléucida, también se emplearon nativos en cargos de responsabilidad. Se necesitaban colaboradores que conocieran las lenguas locales y las prácticas institucionales. Por ello, el griego y el arameo fueron empleados con regularidad, además de la coexistencia de sistemas jurídicos paralelos.
Por último, los monarcas interfirieron lo menos posible en las tradiciones nativas. Los cultos religiosos locales (principalmente persas y babilónicos), las formas artísticas y demás expresiones culturales, continuaron sin trabas, coexistiendo con las expresiones griegas. La religión griega, apenas dogmática, compartía la misma tolerancia propia de todos los politeísmos, resultándole sencillo identificar a sus dioses con los autóctonos.[8].

En el plano urbanístico, los reyes seléucidas consolidaron su imperio mediante la fundación de ciudades. La magnitud de estas actividades de urbanización resulta notable, superando a la de los otros reinos helenísticos. Se estima que Seleuco I fundó más de veinte ciudades, bautizándolas con el nombre de sus familiares y otros nombres griegos [9]. Además, el gobernante reorientó radicalmente la fisonomía urbana de Medio Oriente. La construcción de su gran capital en Seleucia del Tigris permitió un auge del comercio marítimo, permitiendo la unificación de los mundos mediterráneos y mesopotámicos.[10].
Durante su reinado, existió la intención de resolver los problemas de Asia Central de manera permanente.[11] Consciente de que debería gobernar a largo plazo, Seleuco I decidió tomar medidas diplomáticas trascendentales. Hacia el 305 a. C., cedió el noroeste de la India y Arachosia a Chandragupta Maurya. Este último ya se consolidaba como el gobernante más poderoso de la India, creando una dinastía que unificaría el subcontinente. Al ser la India maurya un Estado poderoso, la mejor solución fue concretar un acuerdo diplomático, que asegurase a los griegos el acceso a los recursos de la India y se evitasen confrontaciones militares innecesarias.[12]. Así, el Tratado del Indo resolvió la cuestión y los embajadores seléucidas se establecieron en la capital Maurya, Pataliputra.[13].
Solucionados los temas con India, la atención se centró en Bactria. Al no existir un Estado centralizado como en India, Bactria debía ser protegida, pues se encontraba sumida en el caos desde la muerte de Alejandro, con revueltas de soldados y amenazas de incursiones nómadas.[14].
La obra de Seleuco I fue continuada por su igual talentoso hijo, Antíoco I Sóter. El impacto de su reinado (280–261 a. C) en Asia Central es bastante apreciable. Las colonias greco-macedonias continuaron siendo refundadas y renombradas. La evidencia arqueológica muestra una construcción sin precedentes de asentamientos fortificados, un incremento de la población colonial, la expansión de los sistemas de irrigación y una parcial monetización de la economía.[15]. En este auge, Bactria produjo una notable gama de acuñaciones de monedas en oro, plata y bronce[16], las cuales constituyen la principal fuente de información histórica en un área de difícil estudio.
A pesar de que los griegos habían traído orden y prosperidad, también causaron disrupción en los movimientos de los pueblos nómadas (escitas y sogdianos). Además, estos tenían un mayor incentivo económico al saquear ciudades y mercaderes.[17].
La conformación del Reino Greco Bactriano
Entre 260 y 240 a. C., se aprecian cambios graduales que llevarían a la secesión de Bactria del Imperio Seléucida. En las siguientes décadas, la región nunca más podría ser recuperada por el imperio, mostrando el creciente poder adquirido por la élite greco-bactriana, en la cual la familia de Diodoto tendría gran protagonismo.
Como gobernador bajo el servicio del seléucida Antíoco II Theos (261–246 a. C), Diodoto fue el principal agente real en Bactria. Bajo su gobierno, Bactria permaneció próspera: la construcción en Ai Khanoum continuó, la irrigación se expandió y las fronteras fueron protegidas. Comandaba fuerzas militares regionales, de ahí que se aplicara a su cargo el término de strategos. Diodoto debía responder a las demandas de su lejano soberano cada vez que los recursos orientales (tropas, riquezas, elefantes) eran requeridos en Occidente.[18].
Sin embargo, con el tiempo esta situación comenzó a cambiar. La acuñación de monedas en nombre de Antíoco II fue mucho más reducida. Diodoto introdujo su retrato en las monedas, donde ya se le veía portando la diadema real. Al mismo tiempo, reemplazó la iconografía seléucida de Apolo, por la imagen vigorosa de «Zeus portando el rayo”[19]. Estos actos constituían una señal clara de sus intenciones de obtener una mayor autonomía: el quiebre entre la provincia y el Imperio comenzaba a hacerse evidente.
Una posible razón de este cambio fue el éxito de Diodoto al expulsar a los partos de Bactria. En un mundo de comunicaciones lentas y gobernantes temerarios, la victoria militar podía interpretarse como una señal divina, lo que quizás llevó a Diodoto a reevaluar su posición dentro del Imperio. Los recursos locales podían servir para engrandecer su propio linaje, y la gloria militar para perpetuar su nombre. Frente a esta nueva realidad, los seléucidas, lejanos reyes occidentales, ya no eran necesarios.
Continuando su linaje, su hijo Diodoto II consolidó la dinastía bactriana, dando el paso decisivo de colocar únicamente su nombre en las monedas, oficializando de este modo su dinastía. Paralelamente, buscó el apoyo de los partos en caso de que los seléucidas tomasen represalias. Así, el rebelde se había convertido en un adversario del imperio en toda regla: partos y bactrianos se rebelaron simultáneamente contra los seléucidas, debilitando fuertemente al imperio en su frontera oriental[20]. Era el inicio de Bactria como un reino helenístico plenamente independiente, tanto en su política interna como en su política externa.

Ai Khanoum: la joya sin nombre
El descubrimiento de las ruinas de la ciudad de Ai Khanoum en Afganistán en 1961 supuso un hito en la arqueología, pues aportó evidencias sorprendentes sobre la historia y la prosperidad de Bactria.[21]. Aunque no se sabe cuál era su nombre original, lo cierto es que la ciudad mostró un impactante arraigo de la cultura griega en el corazón de Asia Central. Residiendo en tierras distantes, alejados de sus raíces y separados de su patria, los griegos sintieron la necesidad de preservar su memoria cultural.[22]. Lo anterior se aprecia en la existencia de una acrópolis, un gimnasio, un teatro, un mausoleo y un palacio, que combinan elementos griegos y orientales[23].

Las investigaciones arqueológicas en la ciudad han revelado hallazgos sorprendentes sobre su historia. La primera gran fase constructiva en Ai Khanoum tuvo lugar entre 280 y 250 a. C. Los almacenes de la ciudad guardaban tinajas con aceite de oliva importado de Occidente y un lagar de piedra caliza para obtener vino, ingredientes necesarios para mantener una dieta mediterránea. Los habitantes de la ciudad llevaban nombres griegos como Estratón, Teofrasto, Zenón, Isidora, y otros, en cambio, tenían nombres indígenas como Oxyboakes y Oxybazos, reflejando la importancia local del río Oxus[24].
Los constructores excavaron en las empinadas laderas un teatro griego, semejante al de Delfos y mayor en tamaño que el de Babilonia. Este teatro podía albergar entre 4.000 y 6.000 personas y era el más oriental de su tipo. Destaca también un mausoleo dedicado a Kineas (presunto fundador de la ciudad), donde estaban grabadas las máximas de Apolo, como “conócete a ti mismo”, “nada en exceso”, “no cometas injusticia”, entre muchas otras. Se considera la difusión más oriental conocida de la moral délfica. Aunque Delfos y Ai Khanoum estaban separados por unos 4.800 kilómetros, la unidad espiritual aún existía.[25].

En la ciudad también destacaba un gimnasio, uno de los mayores de la antigüedad[26], con un pilar que llevaba una dedicatoria en griego a Hermes y Heracles. Los ciudadanos veneraban a estas divinidades patronas de la cultura griega. También rendían culto a otros dioses como Anahita en templos de estilo persa situados dentro y fuera de las murallas de la ciudad[27]. En el campo de las ideas, cabe mencionar un papiro filosófico que contiene un fragmento de un diálogo, similar a los diálogos platónicos, tanto en su forma como en su temática.[28].
En perspectiva histórica, los reyes y sus arquitectos supieron adaptarse a los métodos constructivos de Oriente, para construir una ciudad con ladrillos de barro y piedra caliza blanda. Importaron estilos arquitectónicos del Egeo y de Asia Menor, mezclándolos con elementos locales. Nada semejante existía en la zona cuando Alejandro la había invadido: Ai Khanoum surgió gracias a los constructores seléucidas y bactrianos como una ciudad griega monumental[29], mostrando el interés real en conservar este polo de desarrollo comercial y cultural.

La población griega sedentaria ampliaba sus oasis extendiendo los canales hacia la franja desértica y comerciaban con los nómadas, quienes abastecían a la creciente población. Estos últimos, aunque en su mayoría no hablaban griego, participaban en la vibrante actividad económica de las rutas comerciales. Alrededor de las ciudades se extendían campos irrigados trabajados por campesinos locales, quienes probablemente eran los antepasados de los actuales tayikos, hoy hablantes de una lengua persa.[30].

Auge, ocaso y legado de Bactria
Tras la muerte de Diodoto II, el reino bactriano atravesó sucesivos cambios dinásticos que, lejos de debilitarlo, permitieron su supervivencia y una notable expansión territorial. Las dinastías de Bactria siguieron una línea similar a los demás reinos helenísticos: asesinatos y traiciones en el marco de una constante lucha de poder. Esta insaciable ambición solo podía ser mitigada mediante conquistas, donde la violencia política se proyectaba hacia el exterior en forma de campañas expansionistas.


Entre los gobernantes posteriores, destacan Eutidemo I, quien defendió exitosamente el reino ante los ataques seléucidas, mostrando la determinación de sus gobernantes de mantener la independencia. El rey seléucida Antíoco III Megas fue incapaz de tomar la capital bactriana, a pesar de un sitio de más de dos años (208–206 a. C.). Finalmente se concluyó un tratado por el cual Eutidemo I fue reconocido oficialmente como rey de Bactria, mientras que su hijo, Demetrio I, recibió en matrimonio a una de las hijas de Antíoco III.
Tras la caída del Imperio Maurya en la India (185 a. C.), Demetrio I de Bactria aprovechó la ocasión para extender su dominio al noroeste de la India. Se hizo con el control de Aracosia y Gandhara, y comenzó una conquista que llevó al reino bactriano a su máxima extensión territorial. Sus acciones condujeron también al surgimiento del reino indogriego, una entidad que, aunque políticamente separada de Bactria, permaneció vinculada culturalmente[31].
Posteriormente, Eucrátides, rival de la dinastía de Demetrio, logró apoderarse del trono de Bactria y, tras una ambiciosa campaña, fue asesinado por su propio hijo en su camino de regreso desde la India. Esto muestra que Bactria se estaba volviendo cada vez más extensa, pero también más inestable e ingobernable.

Posterior a esta expansión territorial, el Estado griego en Bactria se fue desintegrando gradualmente a causa de los conflictos internos, las amenazas del Imperio parto y de las tribus nómadas. Con el tiempo solo quedaron pequeños Estados efímeros que subsistieron durante algún tiempo en el norte de la India[32]. La prolongada rivalidad, característica de los reinos helenísticos, se manifestó también en Bactria, produciendo resultados igualmente autodestructivos.
Hacia el año 150 a. C., las tribus nómadas Yuezhi invadieron el valle del río Oxus, llevando al reino bactriano a su ocaso. Coincidentemente, en el 146 a. C., mientras Roma destruía las ciudades de Cartago y Corinto, los nómadas tribales arrasaron la gran ciudad de Ai Khanoum. El destino del mundo helenístico quedó de este modo sellado[33] mientras los romanos comenzaban su dominio, eliminando una a una al resto de las dinastías sucesoras de Alejandro Magno.


A pesar del fin de Bactria, el legado griego sobrevivió: el nuevo reino indogriego, iniciado por Demetrio I, subsistió hasta los comienzos de la era común, y su cultura griega continuaría permeando el entorno, sobre todo en el campo artístico y literario. Esto se apreciaría en la influencia de las formas helénicas en el arte budista, que se extendería por Asia Central, influyendo sobre todo en la zona de Gandhara. Además, de los indogriegos proviene el rey Menandro I (Milinda), único griego presente en el Canon Budista.
Así, aunque el reino de Bactria había desaparecido, su notable influencia siguió presente varios siglos más en un legado cultural imposible de ignorar.


Bibliografía
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HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. Univ of California Press, 2023.
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MAIRS, Rachel. The Hellenistic Far East: Archaeology, Language, and Identity in Greek Central Asia. University of California Press, 2016.
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YOUSO, Kristina. Afghanistan: Hidden Treasures from the National Museum, Kabul. An Educator Resource Packet. San Francisco: Asian Art Museum of San Francisco – Chong Moon Lee Center for Asian Art and Culture, 2008.
[1] HOLT, Frank Lee. Alexander the Great and Bactria: the formation of a Greek frontier in central Asia. Brill Archive, 1988. 12
[2] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. Univ of California Press, 2023. 24
[3] Ibidem.
[4] WATERFIELD, Robin. Dividing the spoils: the war for Alexander the Great’s empire. Oxford University Press, 2012. 10
[5] Ibid. 57
[6] WATERFIELD, Robin. Dividing the spoils: the war for Alexander the Great’s empire. 162
[7] KOSMIN, Paul J. The land of the elephant kings: space, territory, and ideology in the Seleucid Empire. Harvard University Press, 2014. 124
[8] WATERFIELD, Robin. Dividing the spoils: the war for Alexander the Great’s empire. 163-165
[9] KOSMIN, Paul J. The land of the elephant kings: space, territory, and ideology in the Seleucid Empire. 183
[10] 186
[11] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 28
[12] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 28-29
[13] KOSMIN, Paul J. The land of the elephant kings: space, territory, and ideology in the Seleucid Empire. 34
[14] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 28
[15] KOSMIN, Paul J. The land of the elephant kings: space, territory, and ideology in the Seleucid Empire. 61
[16] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 36
[17] Ibid. 29
[18] Ibid. 64-65
[19] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 96
[20] Ibid. 103
[21] GAMER, Gustav A. El helenismo en el Próximo Oriente / Hellenism in the Middle East. Bellaterra Ediciones, 2005.77-82
[22] KUBICA, Olga. Greco-Buddhist relations in the Hellenistic Far East: sources and contexts. Routledge, 2023. 108
[23] YOUSO, Kristina. Afghanistan: Hidden Treasures from the National Museum, Kabul. An Educator Resource Packet. San Francisco: Asian Art Museum of San Francisco – Chong Moon Lee Center for Asian Art and Culture, 2008. 77
[24] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 43
[25] Ibid. 38
[26] KUBICA, Olga. Greco-Buddhist relations in the Hellenistic Far East: sources and contexts. 108
[27] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 42-44
[28] KUBICA, Olga. Greco-Buddhist relations in the Hellenistic Far East: sources and contexts. 111
[29] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 44
[30] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 45
[31] KUBICA, Olga. Greco-Buddhist relations in the Hellenistic Far East: sources and contexts.106
[32] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 135
[33] HOLT, Frank Lee. Thundering Zeus: The Making of Hellenistic Bactria. 136
