Djoomart Otorbaev

Ex Primer Ministro de Kirguistán (2014-2015).

También trabajó como Asesor Principal en el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, con sede en Londres (2006-2011). Es miembro honorario y ponente invitado en numerosos consejos y foros sobre desarrollo e inversión.

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Está ocurriendo un cambio sutil pero significativo en Eurasia. Mientras Rusia permanece inmersa en conflicto y lucha con sanciones, Kazajstán se está convirtiendo gradualmente en una de las economías más vibrantes de la región.

Según los últimos datos del Fondo Monetario Internacional, nuestra nación hermana de Kazajstán ha superado el producto interno bruto (PIB) per cápita de Rusia por primera vez. El PIB per cápita de Kazajstán fue de $14.770, comparado con $14.260 para Rusia y $13.340 para Turkmenistán.

Un factor clave detrás del PIB per cápita más alto de Kazajstán que el de Rusia es que el país todavía experimenta un crecimiento demográfico positivo, a diferencia de Rusia, con un crecimiento poblacional anual de alrededor del 1.4%.

La fuerte posición de Kazajstán proviene de su desarrollo exitoso a lo largo de muchos años, su PIB nominal ha aumentado en un 231% en la última década. De enero a junio de 2025, la economía del país ha crecido un 6.2% extra comparado con el año pasado.

Junto al petróleo y gas, Kazajstán es el principal productor de uranio del mundo y un importante proveedor de cobre, oro y minerales de tierras raras. Estos recursos son cruciales para la transición energética global, dando a Kazajstán una ventaja para atraer inversionistas que miran más allá de los hidrocarburos.

Junto al desarrollo eficiente de materias primas, Kazajstán también está expandiendo activamente otras áreas de su economía.

En infraestructura, el país se está estableciendo como un centro comercial clave entre China y Europa. Las inversiones en ferrocarriles, carreteras, aeropuertos y la infraestructura de los puertos del Mar Caspio están transformando al país en un importante centro de tránsito euroasiático.

A diferencia de Rusia, Kazajstán apunta a diversificar su economía hacia la manufactura y industrias de alto valor agregado. Por ejemplo, el país está buscando un nicho en la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos, invirtiendo en el procesamiento de litio, cobalto, manganeso y grafito.

Kazajstán ha estado trabajando en un programa de reformas para reducir la participación estatal, privatizar grandes empresas y actualizar sus sistemas bancario y tributario durante años. Estos esfuerzos están dando frutos: en 2024, el país atrajo $15.7 mil millones en inversión extranjera directa, el total más alto en Asia Central.

Los inversionistas globales ven a Kazajstán como un país estable, enfocado en reformas y estratégicamente valioso.

Las diferencias entre Kazajstán y Rusia ofrecen una lección valiosa: el tamaño y la historia ya no garantizan el éxito, pero la adaptabilidad sí.

En el incierto mundo de hoy, los ganadores serán aquellos que diversifiquen sus economías, construyan infraestructura resiliente y se mantengan abiertos al comercio global.

Kazajstán muestra que incluso un país sin litoral una vez visto como periférico puede convertirse en un centro para la participación y el crecimiento.

Su camino sirve como un recordatorio para todas las economías emergentes: aquellos que inviertan en apertura y transformación moldearán el futuro, mientras que aquellos que no lo hagan quedarán atrás.

Publicado originalmente en LinkedIn. Traducido y republicado bajo autorización del autor.

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista Tarpán.

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