Cientista Político y Magíster en Relaciones Internacionales Pontificia Universidad Católica de Chile. Especialista en Cultura e Historia Antigua.

Diplomado en Estudios sobre las Tradiciones del Budismo y la Meditación en la Universidad Rovira i Virgilio y estudiante del Centro de Estudios Griegos de la Universidad de Chile.

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La idea de un monarca comprometido con el Dharma ha sido una idea recurrente del budismo desde los tiempos del Emperador Ashoka Maurya, quien encarnó el modelo de buen gobierno y virtud. Los epítetos de “rey justo” (dharma-raja), y “gobernante a universal “(cakravartin) (Encyclopedia of Buddhism, 424), dan cuenta de esto. Así, en el mundo budista, desde Sri Lanka hasta Japón, diversos monarcas se han inspirado en la imagen de Ashoka como propagador de la religión, distribuidor de riqueza, patrocinador de grandes festivales, constructor de monasterios y  garante de la paz.

Con la difusión y evolución del budismo, surgieron nuevos gobernantes a quienes también les fue atribuido un papel central, cobrando especial importancia el reinado del Emperador Kanishka en el Imperio Kushán, quien a menudo se cita como uno de los principales promotores del budismo Mahayana. Este imperio habría facilitado la expansión del budismo en Asia, pues a través de la Cuenca del Tarim (Xinjiang), este pudo difundirse al mundo chino. Junto con ello, se consolidó una próspera y diversa cultura en los territorios históricos de Gandhara, un área en la que el budismo actualmente ha desaparecido por completo.

Extensión del Imperio Kushán en el II d.C. Fuente: Wikimedia.

Auge y esplendor de Ghandara

A partir de lo anterior se pueden plantear algunas preguntas. ¿Cuáles fueron las características de esta zona cultural? ¿Fue una zona fundamental para el budismo Mahayana, tal como la tradición le ha atribuido?

Antes de abordar específicamente el presunto rol de Kanishka en la promoción del Mahayana, es preciso entender el contexto geográfico y cultural de la zona de Asia Central, correspondiente principalmente a Gandhara (con influencia en las zonas de Bactria y Cachemira), áreas actualmente pertenecientes a Pakistán, Afganistán y el noroeste de India.  

Imperio Kushán en la época de Kanishka. Fuente: Asia Society.
Ubicación de Gandhara en la actualidad. Fuente: Asia Society.

Geográficamente, esta zona estaba vinculada a una de las tantas secciones de la Ruta de la Seda, por lo que, junto con ser una zona de rutas comerciales, también existía un movimiento de personas, prácticas e ideas, dentro de las cuales se encontraba el budismo. Por ello, como zona de transmisión, Gandhara fue clave para la trasmisión de las ideas religiosas, desde Asia del Sur hacia el este de Asia Central y China. Junto con su importancia en la difusión, esta zona es relevante por sí misma, pues supone una síntesis cultural única que incluye tradiciones indias, iraníes, centroasiáticas y helenísticas.

La riqueza cultural de Gandhara se debía a la diversidad imperios que conquistaron esta zona, todos ellos dejando parte de su impronta civilizacional. Cuatro de ellos destacan, y a su modo, promovieron el budismo: los indogriegos, indo-escitas, indo-Partos y finalmente los Kushán, quienes ejercerían el dominio más prolongado. Si bien, la llegada del budismo es bastante anterior, hacia el siglo I a.C, se apreciaba con mayor claridad una zona con estilos regionales distintivos de arte, arquitectura y literatura budista (Encyclopedia of Buddhism, 366-368).

Adentrándonos en la historia, en el año 185 a.C, Gandhara fue conquistada por Demetrio I de Bactria, descendiente lejano de aquellos soldados que habían intentado conquistar India con Alejandro Magno. Aunque su dominio político pudo ser corto, lo cierto es que la influencia griega dejó una huella imborrable en la zona, influyendo en el nacimiento de un estilo de arte único conocido como “greco-budista”. En este contexto, surgen las primeras representaciones iconográficas del Buda, con un estilo original calificado como naturalista, de inconfundible herencia helénica, el cual se mantuvo y desarrolló aún después el fin de toda influencia política griega (The Princeton Dictionary of Buddhism, 311). Posterior a los indogriegos, llegaron los indos escitas (Sakas), quienes continuaron promoviendo un clima de tolerancia cultural, en el cual el budismo pudo seguir prosperando.

Sin embargo, sería en el reinado de la dinastía Kushán (30-375), donde se observaría un verdadero auge económico y religioso, que llevaría a la cultura de Gandhara a su máximo esplendor.  Los Kushán, lograron la unificación y estabilidad de un vasto territorio, convirtiéndose en una potencia política y militar contemporánea al Imperio Romano y la Dinastía Han. Lograron una rápida transición desde comunidades pastorales a un imperio sedentario, agrícola, urbano y altamente organizado.

El auge económico-comercial, junto a una mayor estabilidad política, permitieron que ciudades como Taxila, Purushapura, Mathura o Begram, se fortalecieran como centros de cultura budista, en el marco de un auge en las donaciones a monjes por parte de las élites políticas y militares. Así, el budismo se extendió por los territorios del imperio, consolidándose en Asia Central, pues los monjes budistas y los laicos pudieron beneficiarse de las relaciones entre el comercio, el arte y la cultura para prosperar en centros urbanos asociados al poder político. Si los donantes invertían en el arte budista para obtener mérito, esto a su vez posibilitaba el embellecimiento de los lugares de culto, lo que, a su vez, atraía más fieles. Un círculo virtuoso que solo es posible cuando existe riqueza y estabilidad (Lam, 435-437).

Representación del rey Kanishka. Fuente: Kim Do-gyun

La dinastía Kushán, alcanzó su máximo poder bajo los grandes monarcas Kanishka (129-155) y Huvishka (155-193), los cuales han sido asociados por la tradición como promotores del budismo. Lejos de ser exclusivamente budistas, estos gobernantes buscaron favorecer a muchos grupos religiosos, en una política de patrocinio que recuerda a Ashoka.

La diversidad en las inscripciones de sus monedas es muy variada, incluyendo dioses griegos, indios, iranies, siendo el Buda, uno más en la larga lista. Esto no debe sorprender, pues como se había señalado, era una zona de gran diversidad cultural, siendo de interés de los gobernantes mantener esto. En cuanto al budismo, se puede apreciar que la escuela Sarvastivada fue la que gozó de mayor popularidad y patronazgo imperial.  Hacia el primer siglo, cuando esta escuela estaba en su apogeo, se dice que tuvo lugar el “Cuarto Concilio Budista” en Jalandara (Cachemira). En este concilio, patrocinado por Kanishka, se habría compilado el Abidharma de dicha escuela, el Mahavibhaṣa Sastra (con posterior influencia en el Mahayana), además de consolidarse el sanscrito como lengua budista (Pániker, 178-179) (The Princeton Dictionary of Buddhisml, 311).

Huvishka y su impacto en el budismo Mahayana

Huvishka, el sucesor de Kanishka, también tuvo un rol importante en el desarrollo del budismo. Los estudios recientes indican que es posible que el budismo Mahayana haya crecido durante su reinado, pudiendo ser aún más importante que Kanishka, a quien la tradición le atribuye esto.  Una declaración epigráfica afirma que Huvishka «se ha embarcado en el Gran Vehículo (mahāyāna-samprasthita)», lo que sugiere su apoyo y promoción a escala imperial (Lam, 440-441).

Fuente: Francis Chung

El descubrimiento de textos pre-Mahayana y Mahayana en Gandhara (entre el I y IV siglo), parece corroborar la evidencia epigráfica disponible. Manuscritos hallados en Bajaur y Bamiyán, proporcionan indicios de que los practicantes del Mahayana se encontraban dentro de diferentes comunidades, tales como la Sarvastivada, Dharmaguptaka y la Mahasamghika, que comenzó a incorporar elementos sobre la trascendencia del Buda, importantes para el desarrollo posterior. Estos manuscritos, se encontraron junto con colecciones más amplias, donde coexistían junto a textos no-Mahayana. Esto parece respaldar la opinión sobre los orígenes y el desarrollo temprano del Mahayana, según la cual, aquellos quienes adoptaron las nuevas ideas y prácticas, y que además compusieron sus primeros textos, no vivían en comunidades separadas a los monasterios de las corrientes principales, sino que eran monjes dentro de la comunidad que empezaban a desarrollar distintas visiones.

Por lo tanto, la idea de que Gandhara desempeñó un papel formativo en el surgimiento del Mahayana, parece cobrar cada vez más fuerza (Allon, 13-17) (Paniker, 243). Por supuesto, los textos no demuestran de inmediato la popularidad del Mahayana temprano, ni muestran una correlación directa entre la difusión del Mahayana y el gobierno de los Kushán. Sin embargo, su descubrimiento parece confirmar que alguna forma de budismo pre-Mahayana tuvo influencia entre círculos poderosos en la elite de Gandhara y las áreas adyacentes (Lam, 440-441).

Como posible prueba de un cambio hacia una sensibilidad Mahayana, es preciso analizar los cambios artísticos que se comenzaron a producir en Gandhara. Este círculo virtuoso entre auge económico y donaciones permitió la fundación de numerosos sitios budistas, la mayoría de ellos organizados alrededor de un monasterio y una estupa. Estas estupas estaban decoradas con relieves narrativos que contaban la vida y las acciones del Buda. Sin embargo, a partir del Siglo III, comenzaron a aparecer imágenes devocionales del Buda y ciertos Bodhisattvas. Estas figuras ya no narraban un evento biográfico, sino que se apreció un cambio hacia conceptos más simbólicos, como lo es la iluminación del Buda. Gradualmente, estas figuras devocionales se volvieron más complejas en cuanto a iconografía, y desde el siglo IV al VII (cuando ya no gobernaban los Kushán), algunas de estas imágenes devocionales adquirieron un tamaño verdaderamente monumental (Behrendt, 4).

A pesar de la divergencia histórica sobre cómo se dio la inserción de estas figuras, hay dos hipótesis recurrentes, una de ellas es que debido a que Gandhara se encontraba tan lejos de la cuenca del Ganges, donde el Buda vivió en realidad, existía la necesidad de tener un lugar sagrado. Para ello fue de utilidad situar las leyendas e historias de estos personajes del pasado en Gandhara:  Dipankara (Buda del pasado) y Sumedha (Sakyamuni como Bodhisattva). Los múltiples monumentos descritos por Xuanzang, parecen confirmar su importancia como lugares de peregrinación local (Behrendt, 35).

Otro cambio ideológico gradual se da en cuanto a las representaciones: En el budismo Mahayana, la iluminación y la enseñanza se consideraban los aspectos más importantes de la vida del Buda, por lo que las representaciones del Parinirvana, fueron quedando más relegadas (Behrendt, 82), lo anterior podría entenderse como otra señal de cambio ¿Un rumbo gradual hacia el Mahayana?

fonte: https://theindosphere.com/history/kushan-empire-giant-of-ancient-history/

El cambio ideológico de las tradiciones budistas del Imperio Kushán

Lo cierto es que, tras el fin de la dinastía Kushán, desde el siglo IV al VI, las tradiciones budistas experimentaron un período de cambio ideológico, reflejado en una iconografía cada vez más compleja, con la aparición de imágenes monumentales. También el foco de desarrollo comenzó a trasladarse desde Gandhara hacia Bamiyán en el oeste, en el actual Afganistán (Behrendt, 89). La construcción de Budas colosales en Bamiyán, presumiblemente correspondientes a Sakyamuni y Vairochana, en un área donde predominaba la escuela Lokottaravāda, dan cuenta de que el Mahayana estaba ya establecido en esta zona. De esta manera apoteósica, culmina la influencia cultural de Gandhara, una cultura budista por derecho propio, que se extendió desde los tiempos indogriegos hasta la llegada del islam.

Uno de los Budas colosales de Bamiyán. Fuente: UNESCO

Más allá de saber cuándo exactamente nació el Mahayana, o de que, si los gobernantes Kushán fueron realmente promotores de esta tradición, lo cierto es que la evidencia muestra un cambio gradual hacia una nueva forma de budismo.  Es apreciable un paulatino cambio doctrinal, literario y artístico, que da cuenta de una nueva forma de apreciar el budismo, donde la figura del Bodhisattva y la iconografía devocional, adquieren una importancia central.

En definitiva, en las culturas de Gandhara se aprecia una síntesis cultural en la cual el budismo jugó un papel central, pues su mensaje pudo reunir elementos griegos, indios, persas y centroasiáticos, una fusión cultural que sirvió como vínculo entre India y China y fue crucial para la formación y la expansión de lo que hoy conocemos como budismo Mahayana.  Aunque la civilización de Gandhara haya desaparecido y los Budas de Bamiyán fueran destruidos, su cultura aun vive en el corazón del arte y las enseñanzas budistas.

Referencias

BEHRENDT, Kurt A. The art of Gandhara in the Metropolitan Museum of Art. Metropolitan Museum of Art, 2007.

BUSWELL, Robert E.; LOPEZ, Donald S. The Princeton dictionary of Buddhism. Princeton University Press, 2013.

BUSWELL JR, Robert Evans. Encyclopedia of Buddhism. 2004.

LAM, Raymond. Kuṣāṇa emperors and Indian Buddhism: Political, economic and cultural factors responsible for the spread of Buddhism through Eurasia. South Asia: Journal of South Asian Studies, 2013, vol. 36, no 3, p. 434-448.

PÁNIKER, Agustín. Las tres joyas. El Buda, su enseñanza y la comunidad, 2019.

ALLON, Mark; SALOMON, Richard. New evidence for Mahayana in early Gandhāra. The Eastern Buddhist, 2010, vol. 41, no 1, p. 1-22.

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