Tatarstán: La República del Dragón en Eurasia

Los tártaros fueron el primer pueblo túrquico en caer bajo poder ruso tras la conquista de los kanatos tártaros en 1552. En la actualidad, persisten en sus esfuerzos por preservar su identidad cultural y lingüística, adaptándose a las políticas estatales y a los contextos sociopolíticos locales.

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Los tártaros constituyen el segundo grupo étnico más grande de Rusia después de los rusos étnicos, alcanzando una población de casi 4.7 millones según el censo de 2021 (Rozanskij, 2023). De todas las naciones que componen a la Federación Rusa, sólo 5 de 21 repúblicas nacionales tienen raíces túrquicas: Bashkortostán, Chuvasia, Altái, Tuvá, Sajá (Yakutia) y Tatarstán. Esta última, siendo la minoría que mejor ha logrado preservar su cultura e idioma1, ha alcanzado grandes niveles de autonomía en comparación con otros grupos étnicos, posicionándose como un centro de operaciones dentro del negocio del gas y petróleo ruso con la nacional Tatfnet encabezando el futuro de los hidrocarburos en el país (Minnikhanov, 2019).

Templo de Todas las Religiones, Kazán. Fuente: RT Internacional

En la actualidad, la mayor concentración de tártaros se encuentra en la República de Tatarstán, ubicada en el distrito Federal del Volga. Aquí, este grupo alcanza una mayoría numérica de un 53,2%, superando con creces a los rusos étnicos quienes alcanzan un 39,7% (Minority Group Rights, sf). Sin embargo, además de los tártaros del Tatarstán, existen minorías tártaras importantes esparcidas por todo el territorio ruso, en especial en grandes ciudades como Moscú y San Petersburgo, y en territorios como Udmurtia, Bashkortostán o Perm (Bustos, 2023).

Antecedentes Históricos

Los tártaros son descendientes directos de la Horda Dorada o el llamado “Ulug Ulus” (“el vasto estado” en turco kipchak), una de las divisiones territoriales del Imperio Mongol liderada por Batu Khan, nieto Genghis Khan, quien conquistó a las tribus túrquicas (los kipchak turcos) de las planicies de Asia Central, Siberia y partes de Europa del Este en 1236, asimilándolos a su estilo de vida y convirtiéndolos en tártaros mongoles (Rorlich, 1986). Casi un siglo más tarde en 1321, el Uzbeg Khan hizo del Islam la religión estatal y la Horda Dorada se convirtió en un estado musulmán, siendo su capital en Sarái uno de los centros del mundo musulmán (Bowring, 2007).

Territorio de la Horda Dorada con su capital en Sarái. Fuente: MapMaster

De este modo, la desintegración de la Horda Dorada dio origen a diversos kanatos Tartáros, los más importantes siendo los de Kazan y Crimea, en donde se mantuvo al Islam como religión estatal  (Mirgaleyev, 2001). Con el fin del dominio tártaro-mongol y la conquista del Kanato de Kazán por Ivan “el terrible”, los tártaros caen por primera vez dentro de la esfera de influencia del Tsarato ruso.

Bajo el dominio del Tsarato ruso, se decidió reconocer al Islam, aunque con la condición de que esta se convirtiera en una institución centralizada.

La Tsarina Catalina II impulsó en dos decretos, el establecimiento de una Asamblea Eclesiástica del Credo Mahometano (духовное собрание магометанского закона), más tarde conocida como la Administración Espiritual de los Musulmanes (духовное управление мусульман) (Bowring, 2007). En este sentido, la tarea fundamental del Imperio Tsarista no era la asimilación cultural o regional, sino la seguridad del Estado mediante un proceso de incorporación social, que comprendía la separación de clases siguiendo los principios fundamentales del Imperio. 

Catalina la Grande por Vigilius Eriksen (1722-1782)

De esta manera, con la ayuda de la Tsarina Catalina II se vinculó a los musulmanes de Rusia a su regimen garantizando su lealtad y haciendo posible que la élite tártara del Volga se convirtiera en la líder del Islam-ruso, incorporando a sus miembros dentro de la esferas de poder del imperio. Esto se logró con bastante éxito, conduciendo a una época de prosperidad con una favorable clase mercantil tártara, altas tasas de urbanización, y una diáspora esparcida por todo el territorio del imperio (Minority Group Rights, sf). Hasta el final de la dinastía Romanov, la integración tártara fue dentro de todo “benigna” entre los tsares y sus súbditos musulmanes, esto a pesar de los intentos de conversión al cristianismo (Suny, 2006).

Tras la Revolución Bolchevique y el fin del Imperio Tsarista, se gestó la primera idea de una nación tártara. Bajo el Partido Democrático Constitucional (conocido como Partido Kadet, por sus siglas en rusо КДКонституционные Демократы), se vio a la autonomía no-territorial como una opción para una Rusia multiétnica, creando el “Centro Cultural de Autonomia Nacional de Musulmanes en la Rusia Interior y en Siberia” para incorporar la no-territorialidad y proteger su cultura religiosa en una República Tártara-Bashkiria (Bowring, 2007). En cambio, los bolcheviques decidieron separar a los bashkortos de los tártaros, estableciendo la República Socialista Soviética Autónoma Tártara, en donde las fronteras de las repúblicas bashkir y tártara se trazaron de tal manera que hicieron que el 75% de la población tártara quedara fuera de la República Tatarstán (Minority Rights Group, sf). A pesar de esto, la movilidad social de los tártaros durante la Unión Soviética fue superior a la de los rusos étnicos. 

Mapa actual de la República de Tatarstán y Bashkortostán. Fuente: RFE/RL

A mediados de los años 30, comenzó el proceso de industrialización en todo el territorio de la Unión Soviética, impulsado por la aguda situación económica interna y de política exterior. En aquel entonces una región subdesarrollada de la URSS, la república de Tatarstán comenzó a transformarse gradualmente en una región con un fuerte sector industrial (Gapsalamov, 2015). El gran potencial en recursos gasíferos y petrolíferos, hizo que la región del Volga abriera grandes expectativas para transformarla en una de las mayores bases de combustible en el país, la llamada “Segunda Bakú” (haciendo referencia a los antiguos campos petrolíferos en Azerbaiyán) (Gapsalamov, 2015). Así gradualmente, la producción industrial (en específico petrolera) comenzó a asumir un papel destacado en la economía del país, siendo en la actualidad Tatneft y Bashneft unas de las cinco compañías petroleras más grandes de la región del Volga. 

“Hurra! Tenemos dos billones de petróleo tártaro” Obreros petroleros en la URSS. Fuente:vsegda-pomnim

Durante el periodo soviético, los tártaros sufrieron amplias restricciones de libertad y expresión cultural. En este caso en particular, los tártaros de la región de Crimea fueron los más afectados, siendo deportados en masa hacia territorios de Asia Central (principalmente Uzbekistán) luego de ser acusados de colaborar con los nazis durante las políticas represivas de Joseph Stalin en 1944 (Cosman, 2015). El Sürgünlik (o también llamado “exilio”) contó con la deportación de más de 180.000 tártaros étnicos de Crimea, quienes sólo pudieron retornar a su hogar en 1989 después de décadas de protestas y represión de sus líderes2 (Richardson, 2024).

Afiche del día de la conmemoración del genocidio del pueblo tártaro de Crimea. Fuente: Всеосвіта

Los años 90 hicieron que la República Socialista Soviética Autónoma de Tatarstán retomara nuevamente la búsqueda por su soberanía, siendo una de las dos repúblicas junto a Chechenia a negarse a firmar el Tratado de Unión de Boris Yeltsin. Así, el subsecuente desplome de la Unión Soviética brindo a los tártaros la oportunidad de expresarse culturalmente, fomentando la creación de “esferas públicas tártaras” (Oermann, 2011). Este renacimiento cultural impulsó a la República de Tatarstán a adoptar un autogobierno, con su propia constitución y ciudadanía (tanto tártara como rusa) en 1992, pero sin abandonar del todo a la Federación Rusa en una “delegación mutua de poderes” (Minorities at Risk Project, 2004). Y aunque la Duma (Parlamento Ruso) se rehusó a reconocer este tratado, insistiendo en el precedente de la Constitución Rusa por sobre constituciones regionales, la República de Tatarstán simplemente ignoró la presión, continuando en su encrucijada hacia una autonomía dentro de la Federación Rusa. 

Sin embargo, esta situación cambia con la llegada a la presidencia de Vladimir Putin en los años 2000, quien debilitó notablemente el movimiento por la autonomía en la República de Tatarstán al consolidar el poder del Estado ruso en el gobierno central, que con restricciones a instituciones sociales y políticas impidieron un pleno desarrollo de lo que había sido la iniciativa social para la soberanía tartára (Oemann, 2011). A pesar de estos altos y bajos, Tatarstán enfocó sus esfuerzos hacia el desarrollo de proyectos locales, con la renovación de espacios históricos y públicos, modernizando así la imagen post-soviética de la capital para generar un atractivo internacional hacia su cultura (Oemann, 2011).

Copa Mundial de la FIFA Rusia 2017, Kazan Arena. [Fuente:Unilumin Sports]

Giro a la rusificación

Los tártaros fueron el primer pueblo túrquico que cayó bajo el dominio ruso desde la conquista de los kanatos tártaros en 1552 (Devlev, 1993). Y si bien, su lucha por su autogobierno ha sido un constante, también lo han sido las fases de asimilación cultural impulsadas por parte de políticas estatales, a este término se le denomina comúnmente como “rusificación”.

En el año 2014, la anexión de Crimea provocó el desplazamiento de aproximadamente 20.000 tártaros de la región, quienes preocupados por la situación de seguridad se relocalizaron hacia el interior de Ucrania (Ukrainskaya Pravda, 2017). Un año más tarde en 2015, autoridades rusas anunciaron el cierre del único canal de televisión tártaro de Crimea, la señal ATR (considerada como un bastión de la cultura tartára), tras repetidos intentos de la señal para obtener una licencia de emisión (Asan, 2023)3. Esto fue considerado como intento para silenciar voces independientes, quienes según las palabras del Gobernador de Crimea Sergei Aksyonov “creaban tensión social al dar esperanza de que Crimea regresaría a Ucrania” (The Moscow Times, 2015). En esta misma línea, durante el periodo de 2017-2022 se denunció un alza en arrestos arbitrarios y persecusión a este grupo étnico, con el Centro de Recursos Tártaros de Crimea documentando más de 7.000 violaciones de derechos humanos de las cuales 5.613 fueron en contra de miembros del pueblo tártaro de Crimea.

Manifestaciones de Tártaros de Crimea Fuente: CulturalSurvival.org

En julio de 2017, en una señal de declive al multiculturalismo presente en Rusia, el Presidente Vladimir Putin declaró en una reunión del Consejo de Relaciones Interétnicas que no se debía obligar a los niños a estudiar lenguas indígenas en las repúblicas nacionales de Rusia (Lyapina, 2019),
ordenando al mes siguiente una revisión del cumplimiento del principio de estudio voluntario de estos idiomas en las repúblicas. 

Quiero recordarles, queridos amigos, que el ruso para nosotros es el idioma del Estado, el idioma de la comunicación interétnica, y no puede ser reemplazado por nada. Es el pilar espiritual natural de nuestro país multinacional. Todos deben conocerlo.

Las lenguas de los pueblos de Rusia también son una parte inseparable de la cultura distintiva de estos pueblos. Aprender estos idiomas es un derecho garantizado por la Constitución, un derecho voluntario. Obligar a una persona a aprender un idioma que no es su lengua materna es tan inaceptable como reducir el nivel y el tiempo de enseñanza del ruso. Les pongo especial atención a esto a los jefes de las regiones de la Federación de Rusia.

Vladimir Putin durante la Reunión del Consejo de Relaciones Interétnicas (20 de julio de 2018).

Continuando con esta narrativa, en noviembre de ese mismo año, el Parlamento de la República de Tartaristán abolió el estudio obligatorio del idioma tártaro en las escuelas, constituyendo así una vulneración a la constitución rusa quien otorga la misma importancia a los idiomas ruso y tártaro dentro de la República de Tatarstán (Lyapina, 2019).

A pesar de que estas medidas no provocaron un revuelo major en otras repúblicas, sí lo hizo en Tatarstán, territorio que presenta una identidad nacional mucho más fuerte y en donde líderes tártaros continúan presionando en contra de estas políticas. En este sentido, es importante considerar que la capacidad de negociación de Tatarstán es mucho mayor a la de otras repúblicas dentro de la Federación Rusa, específicamente por su contribución al presupuesto ruso neto y el peso de sus industrias petrolíferas. 

Vladimir Putin y Rustam Minnikhanov. Fuente: Moscow Times

No obstante la presión hacia Tatarstán continuo con la escalada de violencia en Ucrania. En 2023, en una señal de Moscú para imponer una identidad nacionalista rusa a las minorías étnicas y reducir la amenaza potencial del separatismo en medio de la guerra en Ucrania, el máximo representante de la República de Tatarstán, Rustam Minnikhanov, pierde el título de presidente al ser nombrado Jefe de la República de Tatarstán, dando a entender que el único presidente de Rusia es Vladímir Putin (Galeev, 2018). 

Y si bien, el primer gran giro hacia la rusificación en el siglo XXI comienza con la llegada al poder del  Presidente Vladimir Putin, este fenómeno se intensifica entre el periodo de 2014 a 2017, en donde Rusia adopta una posición mucho más dura en contra de las autonomías étnicas, al considerarlas vulnerables a influencias extranjeras y al separatismo (Galeev, 2018). 

XVI Cumbre Anual del BRICS en Kazán, 2024. Fuente: WRadio
Kazán se prepara para la próxima cumbre mundial de la juventud [Fuente: Kazan Global Youth Summit]
Personas celebrando el “TatcultFest”, el festival de nueva cultura tártara. Fuente: UNESCO Cities of Music

Dentro de Rusia, para evitar ser tildados de “entidades separatistas” las asociaciones culturales tártaras buscan alejarse de marcadas posturas políticas, y en cambio, eligen revitalizar su cultura mediante asociaciones sociales y la mantención del contacto con miembros de la diásporas tártaras en otras regiones y lugares del mundo (Bustos, 2023). Un ejemplo de esto ha sido el constante apoyo de Turquía a los tártaros de Crimea4, con la figura del Presidente Erdoğan utilizando su capital político para presentar a Turquia como un protector de los musulmanes a lo largo de su periferia, incluso a riesgo de complejizar su relación con Moscú (Kates, 2014). Esto se vio reforzado en 2024, con el llamado del presidente turco a respetar la integridad territorial, soberanía e independencia de Ucrania con el retorno de la región de Crimea y la protección a la población tártara de esta región (Nisa Çebi, 2024).

Rustam Minnikhanov y Recep Tayyip Erdoğan. Fuente RFE/RL

Los tártaros, pese a que han sido la minoría que mejor ha preservado su cultura e idioma con una relativa ventaja ante otras naciones de creencia islámica dentro de Rusia (como Chechenia), no hace que estén exentos a las presiones políticas internas que se han exacerbado por la guerra en Ucrania. De esta manera, su maniobrabilidad política se pone en tensión, especialmente con el escenario de expropiación de las elites locales de las repúblicas nacionales, un ejemplo de esto ha sido el caso de la petrolera Bashneft (principal petrolera de la República de Bashkortostán) quien fue adquirida por Igor Sechin, amigo personal de Vladimir Putin y director de Rosneft (petrolera del gobierno ruso) (Galeev, 2018). Es así que ante un escenario incierto, los tártaros continúan sus esfuerzos por la preservación de su cultura e idioma dentro del marco de las políticas estatales e iniciativas locales, recurriendo a su fe como un medio de expresión, identidad  y resiliencia. 

Tártaros de Crimea. Fuente: VOA

Notas

  1. La lengua tártara pertenece a la rama túrquica de la familia lingüística uralo-altaica. ↩︎
  2. Los tártaros de Crimea intentaron en variadas ocaciones conformar una república autónoma, sin embargo estos esfuerzos fueron truncados por las políticas de Joseph Stalin y la deportación masiva de tártaros étnicos de la región de Crimea, perdiendo así poder y presencia. ↩︎
  3. Actualmente, ATR sigue funcionando desde Ucrania: https://atr.ua/ ↩︎
  4. Turquía ha sido un ávido defensor de los tártaros de crimea con quienes comparten tradiciones túrquicas. ↩︎

Referencias

Rozanskij, Vladimir (2023). Fewer and fewer Russian Tatars. Asia News. https://www.asianews.it/news-en/Fewer-and-fewer-Russian-Tatars-57946.html 

Bustos, Alex (2023). Tatar Dragon Struggles to resist Russia’s uniformization. Nationalia. https://www.nationalia.info/new/11547/tatar-dragon-struggles-to-resist-russias-uniformization?llengua_ant=en 

Bowring, Bill (2007). The Tatars of the Russian Federation and National–Cultural Autonomy: A Contradiction in Terms?. Routledge. Ethnopolitics, Vol. 6, No. 3, 417–435. 

Rorlich, Azade-Ayse (1986). The Volga Tatars: A profile in National Resilience. Hoover Institution Press.

Mirgaleyev, I. (2001). The history of the reception of Islam by the Tatar people. Idel, (7), pp. 72–73, at http://www.tataroved.ru/institut/novhist/publ/6/ 

Suny, R. (2006) A working relationship. Review of Robert D. Crews For Prophet and Tsar: Islam and Empire in Russia and Central Asia, Moscow Times, 16–22 June. http://context.themoscowtimes.com/stories/2006/06/16/106.html 

Minority Rights Group (sf). Tatars in the Russian Federation. https://minorityrights.org/communities/tatars-3/   

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Minorities at Risk Project (2004). Chronology for Tatars in Russia. https://webarchive.archive.unhcr.org/20230520233949/https://www.refworld.org/docid/469f38d434.html 

https://theenergyyear.com/articles/tatarstan-russias-powerful-oil-base

Devlet Nadir (1993). A struggle for independence in the Russian Federation : the case of the Tatars. CEMOTI, n°16. Istanbul – Oulan Bator: autonomisation, mouvements identitaires et construction du politique. pp. 63-82; 

A. R. Gapsalamov, 2015. «Development Of The Industry Tatar The Autonomous Soviet Socialist Republic During Industrialization,» Russian Journal of Industrial Economics, MISIS, issue 1.

Ukrainskaya Pravda. (2017). Dzhemilev: Unos 20.000 tártaros de Crimea abandonaron Crimea. https://www.pravda.com.ua/rus/news/2017/02/27/7136562/ 

Asan, Elmaz (2023) Crimean Tatars face ongoing persecution under Russian occupation. Open Democracy. https://www.opendemocracy.net/en/odr/crimea-tatar-persecution-russia-ukraine-war-genocide/ 

Minnikhanov, RN (2019). Tartarstan: Russia’s powerful oil base. The Energy Year.  https://theenergyyear.com/articles/tatarstan-russias-powerful-oil-base/ 

Oermann, Ross (2011). Kazan’s new spirit: lasting social effects of Tatarstan’s sovereignty movement. Wilson Center. https://www.wilsoncenter.org/publication/kazans-new-spirit-lasting-social-effects-tatarstans-sovereignty-movement 

Cosman, Catherine (2015). Crimean Tatars: “We did not reject Russia, Russia Rejected us”. The Atlantic Council. https://www.atlanticcouncil.org/blogs/ukrainealert/crimean-tatars-we-did-not-reject-russia-russia-rejected-us/ 

Richardson, Jon (2024). Time to recognize the Crimean Tatar genocide. The Interpreter. https://www.lowyinstitute.org/the-interpreter/time-recognise-crimean-tatar-genocide 

The Moscow Times (2015). Russia to Fund Crimean Tatar TV After Forcing Independent Channel to Close. https://www.themoscowtimes.com/archive/russia-to-fund-crimean-tatar-tv-after-forcing-independent-channel-to-close 

Lyapina, Elmira (2019). National Minority and The Rule of Law: The case of Tatars and Tatar language in Contemporary Russia. International Comparative Jurisprudence. Mykolas Romeris University. 

Kates, Glenn (2014). Turkey Torn Over ‘Brothers’ In Crimea, Good Ties With Russia. Radio Free Europe Radio Liberty (RFE/RF). https://www.rferl.org/a/turkey-crimea-russia-demonstration-ukraine/25290858.html 

Nisa Çebi, Gizem (2024). Turkish President Erdogan reaffirms support for Kyiv, calls for Crimea’s return to Ukraine. AA. https://www.aa.com.tr/en/politics/turkish-president-erdogan-reaffirms-support-for-kyiv-calls-for-crimeas-return-to-ukraine/3327489

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