La evolución del Estado soviético no debe entenderse como un proceso monolítico, sino como una sucesión de transformaciones estructurales que exigen una periodización rigurosa.
La transición desde el periodo de entreguerras hacia el apogeo del estalinismo y la subsiguiente descompresión iniciada con la llegada de Nikita Jrushchov al poder en 1953 revela una mutación profunda en las lógicas de control y administración estatal de las poblaciones soviéticas.
