Muhammad Shamsuddinov
Experto en relaciones internacionales, columnista. Colaboro con los principales medios de comunicación de Tayikistán, Asia Central, el Cáucaso, Rusia y Oriente Medio. Estudiante de posgrado (aspirante) del Instituto de Filosofía, Ciencias Políticas y Derecho de la Academia Nacional de Ciencias de Tayikistán.
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Cuatro etapas en las relaciones bilaterales contemporáneas entre Irán y Tayikistán1
1) Primer periodo de hostilidad durante la guerra civil (1992-1997).
2) Un acercamiento y cooperación tras el surgimiento de los talibanes en Afganistán (1997-2013), donde Irán, junto a Rusia, actuó como garante de paz y se convirtió en un importante socio económico e inversor.
3) Un brusco enfriamiento desde 2013, tras un caso de corrupción y el asilo iraní a opositores tayikos, que desató una campaña de deslegitimación histórica por parte de Dushanbé.
4) Un «deshielo» inesperado desde 2019, impulsado por la voluntad política de Emomali Rahmon y la cercanía cultural y lingüística, culminando en visitas de alto nivel, acuerdos de cooperación estratégica y la reciente visita del presidente iraní Masoud Pezeshkian en enero de 2025.
Actualmente existe una alineación pragmática conjunta ante amenazas regionales comunes (como el extremismo religioso en Afganistán) y en el rol de Tayikistán como posible puente entre Irán y Rusia en Asia Central.
En la actualidad, Irán sigue una política exterior de carácter defensivo. Las doctrinas militares del país están orientadas a garantizar la supervivencia de la República Islámica (en la figura del gobierno) y su seguridad. Para comprender esta lógica, es necesario recurrir a la historia.
Tras la Revolución iraní de 1979, el nuevo gobierno adoptó la política de la “exportación de la revolución islámica”. En aquel momento, en Teherán se consideraba que su revolución podía inspirar a los pueblos de la región, quienes podrían adoptar su experiencia. Cabe recordar que esta es una característica común de los movimientos revolucionarios que acceden al poder: la aspiración a extender la revolución más allá de sus fronteras.

Después de la Revolución Francesa, los jacobinos también llamaron a los pueblos de Europa a levantarse contra sus gobernantes y buscaron difundir su experiencia en todo el continente. Bajo Napoleón, gran parte de Europa quedó sometida al dominio bonapartista. Tras la Revolución de Octubre, Trotski llamó a “encender el incendio mundial”, es decir, a expandir la revolución a escala global. Esto dio lugar a toda una corriente y movimiento político que capturó las mentes de millones de personas, algunas de las cuales hoy ocupan posiciones clave en la política mundial.
Los revolucionarios iraníes compartieron una lógica similar. En la euforia de su victoria, también creyeron en su fuerza y en su posible alcance global. Sin embargo, posteriormente estalló la guerra entre Irán e Irak (1980–1988), durante la cual prácticamente todo el mundo (incluidas las principales superpotencias, Estados Unidos y la URSS, así como Israel, que mantenía relaciones tensas con Irak) se alineó contra las nuevas autoridades de Teherán apoyando a Bagdad. Todo este respaldo tuvo como objetivo contener el fervor revolucionario del nuevo liderazgo iraní. Fue entonces cuando el gobierno islámico comprendió que el mundo entero estaba unido contra él y que buscaba destruirlo.

Tras el fin de la guerra irano-iraquí y la muerte de Jomeini, en Irán se iniciaron intensos debates sobre el futuro de su política exterior. La principal controversia giró en torno a la disyuntiva entre mantener el compromiso con la “exportación de la revolución islámica” o priorizar la “preservación del gobierno islámico en Irán”. En ese contexto, Teherán adoptó la denominada doctrina de la Umm al-Qura (“Madre de las Ciudades”). Esta no era una idea original, ya que la doctrina existía en las enseñanzas de reformadores islámicos árabes de comienzos del siglo XX.
Dicha doctrina reconocía a La Meca como la Madre de las Ciudades y capital política del mundo islámico. La versión iraní sostenía que la verdadera fe había triunfado en Irán tras la revolución y que, en consecuencia, el liderazgo del islam pasaba a Teherán. Sin embargo, este no era el núcleo central de la doctrina. Su idea fundamental consistía en proteger la revolución islámica en Irán, encarnada en el gobierno islámico.
Esta concepción se convirtió en la base de la política exterior de la República Islámica de Irán, que adquirió un carácter defensivo. Toda la actividad político-militar de Teherán pasó a estar orientada a la preservación del gobierno islámico. Se creó una amplia red de grupos regulares e irregulares vinculados a Irán, conocida posteriormente como el “Eje de la Resistencia”. Estados Unidos e Israel comenzaron a ser percibidos como enemigos existenciales que buscaban derrocar al gobierno islámico. El “Eje de la Resistencia” se orientó principalmente contra las posiciones de estos países en la región, las cuales serían objeto de ataques en caso de que surgiera una amenaza por su parte contra el gobierno iraní.
De este modo, la defensa y la protección del gobierno islámico se convirtieron en el eje central de la política exterior de la República Islámica de Irán.
Relaciones con Tayikistán
En el contexto de los acontecimientos actuales en Irán, una parte de la intelectualidad tayika (principalmente radicada en el extranjero) ha expresado la opinión de que la República Islámica de Irán supuestamente continúa intentando promover en Tayikistán el denominado «islam político».
Conviene señalar que, tras la disolución de la URSS y la independencia de Tayikistán, Irán efectivamente apoyó a los islamistas tayikos (representados por el Partido del Renacimiento Islámico de Tayikistán, PRIT) durante la lucha política y la guerra civil en el país.



Tras el fin de la guerra civil, en Tayikistán se conformó un Estado secular en el que la antigua oposición, encabezada por el PRIT, obtuvo el 30 % de los cargos en el poder. Sin embargo, el partido fue perdiendo gradualmente sus posiciones y, en 2015, tras ser declarado organización terrorista en Tayikistán, se trasladó a Europa. Cabe destacar que ese mismo año el líder del partido fue recibido al más alto nivel en Irán por el Líder Supremo.

En la actualidad, incluso en el extranjero, el partido continúa perdiendo todas sus posiciones y se ha transformado en una organización infantilizada. Sus dirigentes abandonan sus filas. Además, durante los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán en junio del año pasado, el partido ni siquiera condenó dichas acciones contra Teherán. El gobierno tayiko, por su parte, condenó oficialmente los ataques israelíes contra Irán, lo que le valió un amplio reconocimiento entre la población y las élites de la República Islámica de Irán.
Así, en Irán se fue tomando conciencia de que el «islam político» no tiene futuro en Tayikistán y de que no vale la pena deteriorar las relaciones con las actuales autoridades del país apoyando ese proyecto. Desde la segunda mitad de la década de 2010, cuando los adeptos del «islam político» (ya fuera de Tayikistán, como se ha señalado) demostraron su infantilismo y su incapacidad para influir en la situación de la República de Tayikistán, esta comprensión se consolidó progresivamente en Teherán.
Desde comienzos de la década de 2020, las relaciones entre Tayikistán e Irán han entrado en una etapa cualitativamente nueva de interacción, en la quela cuestión del «islam político», habiendo agotado su relevancia, prácticamente ha dejado de desempeñar un papel en dichas relaciones.

- Extracto y cuadro informativo son material de referencia redactados por el equipo editorial de Revista Tarpán ↩︎
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