Magíster en Desarrollo y Cooperación Internacional del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Diplomado en Estudios Chinos. Licenciado en Historia de la Universidad de Chile.
Uno de los conflictos que han marcado el escenario internacional pero que menos resonancia ha tenido en el espacio mediático latinoamericano fue la ofensiva, a finales de 2023, de Azerbaiyán contra la República de Artsaj, Estado de mayoría armenia no reconocido internacionalmente, que colapsó y se disolvió ante el avance azerí, hito que causó a su vez el exilio de la práctica totalidad de los armenios arstajíes y una grave crisis humanitaria.

En ese contexto, aprovechamos la visita a Chile del destacado karateca Artur Arushanyan, fundador de la Federación de Kyokushinkai1 de Artsaj y copresidente de la Comisión de Deportes de la República, quien, forzado a abandonar su nativa Artsaj, encontró en el Cono Sur sudamericano un hogar para él y su familia. Con él, pudimos conversar sobre sus vivencias y perspectivas de esta crisis tan poco conocida en Latinoamérica.
Sobre Artur Arushanyan

Fundador y Presidente de la Federación Regional de Artsaj “Oyama Kyokushin Karate-Do Federation”. Campeón del Mundo de la disciplina en 2015, 2017, 2019 y 2021; Campeón de Europa en 2011, 2012, 2017, 2018, 2019 y 2022.
Nos gustaría conocer de primera fuente lo que ha ocurrido en estos últimos años en Artsaj. ¿Cómo era la vida cotidiana en Artsaj antes del conflicto con Azerbaiyán?

Para mí, para los demás y para los amigos a quienes les hablé sobre esto, Artsaj era como otro mundo. En Artsaj uno podía dejar su casa sin cerrar por la noche, salir de viaje sin preocuparse y dejar el auto sin seguro, ya que no te robarían nada. No pasaba nada con tus cosas. Era una región maravillosa donde reinaba la paz, dejando de lado la guerra y las amenazas. Todos se querían, se respetaban. El único problema era el conflicto con Azerbaiyán, un conflicto arraigado en la historia, alimentado por la religión y el territorio.

¿Cómo se practicaba el deporte en Artsaj?, ¿Había una institución nacional de Artsaj o operaba como parte del conjunto de instituciones de Armenia?

Contábamos con una federación regional independiente, la Federación Regional de Artsaj «Oyama Kyokushin Karate-Do Federation«, que gestionaba todos los asuntos exclusivos de Artsaj. Sin embargo, para las competencias internacionales, participábamos bajo el nombre de Armenia, representando al país. A pesar de ello, siempre mantuvimos la autonomía de nuestra federación, con financiamiento propio y bajo la supervisión del Ministerio de Educación, Ciencia y Deporte de Artsaj. El propio kyokushinkai en Armenia no estaba subordinado al Ministerio de Deportes de Armenia. Solo existía en nuestra región, y nuestra región apoyaba muy bien a los deportistas.
Cada deportista que se convertía en campeón mundial recibía un premio de 10 mil dólares y, si era la primera vez que ganaba el campeonato mundial, recibía un departamento como regalo.
En 10 años logramos expandir nuestra Federación: pasamos de tener 30 alumnos, hace 10 años, a tener 450 alumnos.
¿Cómo defines la identidad del pueblo de Artsaj? ¿La consideras como una identidad propia o es, más bien, una identidad armenia?
El pueblo es el mismo, es el pueblo armenio. Siempre hay diferencias en cualquier país. Hay personas que son del norte, hay del sur, la diferencia es esta. También hay diferencias en la mentalidad, diferencias en muchos aspectos. Pero, si lo miramos globalmente, un armenio es un armenio. No importa si es de Ereván, de Artsaj o de otra ciudad o región.
Una de las diferencias más grandes es que las personas en Artsaj estaban «genéticamente» predispuestas al pensamiento militar y estratégico. Un ejemplo de esto es que durante la Segunda Guerra Mundial, desde Artsaj salieron tantos Héroes de la Unión Soviética como de Georgia, Ucrania, Bielorrusia y Azerbaiyán, teniendo Artsaj solo 150.000 habitantes. De un solo pueblo salieron cuatro mariscales.
Artsaj es el único territorio que, a lo largo de toda la historia, siempre estuvo habitado únicamente por armenios. En el territorio del actual Ereván hubo tiempo en el que no vivían armenios, pero en Artsaj desde los últimos 3500 años es la primera vez que ya no viven armenios. Hoy no hay armenios.

¿Cómo eran las relaciones con Azerbaiyán y con los azeríes antes del resurgimiento del conflicto en 2020? ¿Eran relaciones muy hostiles entre los pueblos, o más bien existía cordialidad pese a todo?
Después de 1993, tras la Primera Guerra de Karabaj-Artsaj, simplemente no hubo relaciones entre armenios y azerbaiyanos, porque no teníamos fronteras por las que pudiéramos vernos o encontrarnos. Hay muchos armenios y azerbaiyanos que son amigos en Rusia, en Ucrania, en otros países. Pero eso depende del tipo de personas.

En lo personal, yo no tengo amigos azerbaiyanos, ni conocidos con quienes me comunique que sean azerbaiyanos. Pero para mí, si una persona es sensata, tiene sentido común, piensa de forma razonable y no está pensando en cómo hacer un genocidio contra los armenios o cómo destruir todo Artsaj, entonces es una persona normal. Lamentablemente, en Azerbaiyán, la mayoría piensa que el genocidio contra los armenios es algo bueno y que se debe organizar.
Cuando empezó el bloqueo del corredor de Lachin en 2022, ¿Cómo se vivió este resurgimiento del conflicto y el aislamiento de Artsaj en 2022?, ¿Cómo reaccionó la población?
Azerbaiyán tenía la esperanza de que Artsaj, después del hambre y las dificultades, se rendiría. Pero, nuevamente, nosotros, estamos hechos para luchar, para defender lo nuestro, y nos daba igual todo eso. Es algo que está en nuestros genes. Estuvimos 10 meses bajo bloqueo: sin comida, sin agua, sin gasolina, sin electricidad. Teníamos electricidad solo 4 horas al día. En todo un día, apenas 4 horas de luz.
Pero aun así no pensábamos rendirnos, estábamos 100 % seguros de que resistiríamos hasta el final, incluso cuando ya no teníamos comida ni ninguna posibilidad, ni manera de conseguir alimentos. Porque durante el bloqueo, además de que Azerbaiyán cerró las carreteras, también incendiaban los campos de cereal donde cultivábamos trigo. Los quemaban para que no tuviéramos comida, para que ni siquiera pudiéramos abastecernos dentro del territorio. Disparaban a los cerdos y vacas para arruinar la carne, para que pasáramos la máxima hambre posible y nos rindieran.
Todos pensaban en cómo ayudarse mutuamente, en cómo hacer para que quien tuviera un huerto pudiera cultivar verduras y frutas. Si yo comía y no es que me llenara bien, pero no tenía hambre, lo que me sobraba se lo daba a mi amigo, a mi vecino o a alguien más. Todos se trataban así unos a otros.

А finales del 2023, Azerbaiyán empezó su última ofensiva que culminó, como tristemente ya sabemos, en la toma de Stepanakert y la caída de Artsaj. ¿Cuales recuerdos son los que más te vienen a la mente al hablar de ese momento?
Cuando comenzó la guerra Stepanakert aún no había sido bombardeada. Cuando cayó el primer proyectil y empezaron a bombardear Stepanakert, lo primero que pensé fue si mi familia había logrado bajar al sótano. Durante 10 meses intentaron hacernos rendir, pero al ver que no lo hacíamos, recurrieron al conflicto militar.
Existe la leyenda de los 300 espartanos, pero la realidad era diferente: nosotros teníamos una diferencia mucho mayor. En Artsaj había 3.000 soldados, y cuando Azerbaiyán nos atacó, desplegaron 85.000 soldados. En cada avanzada que había, separadas por 1 o 2 kilómetros, de nuestro lado eran 10 personas y por el otro eran entre 200 y 300 soldados azerbaiyanos. Y no solo había azerbaiyanos, también había turcos, pakistaníes y miembros del ISIS sirio. Sí, peleamos bien, peleamos con fuerza, pero aun así, por cada uno de nosotros había 35 enemigos. En 2020 también, toda la aviación era paquistaní, y además había drones israelíes.
¿Tú te encontrabas en Artsaj cuando ocurrió la invasión?
Si, si, estábamos en Artsaj. Mi esposa estaba embarazada.
¿Y cómo lograron irse? ¿Cómo fue esa retirada?
Cuando la guerra terminó, fue en 2023, el 20 de septiembre. Pero hasta el 25 de septiembre, cuando ya estaba claro que había capitulación y que Artsaj había sido entregado, nosotros no queríamos irnos. Queríamos resistir, queríamos quedarnos en nuestras casas.
Pero el 25 de septiembre de 2023 ocurrió una tragedia: explotó una estación de servicio de gasolina, de donde la gente sacaba combustible para irse, porque no había gasolina. Ese día, probablemente en pocas partes del mundo se informó de esto, había más de 1.000 personas y murieron más de 200 de inmediato. Aunque las autoridades de Azerbaiyán dicen que fue por la gran cantidad de gente, y las autoridades armenias también lo dicen, yo estoy 100% seguro de que fue un sabotaje organizado, un atentado terrorista planeado para que murieran personas allí y después muchos decidieran que ya no podían quedarse y eligieran irse.
Un hecho fue ese, y el segundo hecho fue que Azerbaiyán no dio ninguna garantía de seguridad a los armenios que decidieran quedarse en Artsaj. Esto significaba que, una vez que la policía de Azerbaiyán entrara en Stepanakert, comenzarían a arrestar a la gente y a juzgarlos como terroristas, tal como ahora los azerbaiyanos juzgan a los ex presidentes y generales de Artsaj, como terroristas que supuestamente organizaron un genocidio contra los azerbaiyanos y mataron a civiles, porque al gobierno de Azerbaiyán le gusta inventar historias sin sentido.

¿Cómo llegaste a Sudamérica? ¿Por qué Argentina y no Estados Unidos o Europa?
Tuve la oportunidad de viajar a muchos países como deportista y entrenar a los atletas de esos países. Pero en Europa y en otras regiones, en otros continentes, todavía persiste una situación en la que, por alguna razón, todos están en conflicto entre sí. Para mí, el mundo entero se ha vuelto loco y va camino al suicidio.
Mi esposa y yo elegimos venir a América Latina porque está lejos de todos esos conflictos. Sí, aquí también hay conflictos, pero están lejos de todo lo que está ocurriendo en otros lugares. ¿Por qué Argentina? Porque en Argentina es muy fácil legalizarse. Además, estábamos esperando el nacimiento de nuestra segunda hija y allí es más sencillo organizar la legalización, también es un lugar tranquilo. En otros países como Chile, Brasil o Uruguay, es más complicado legalizarse y organizar la vida a futuro.
¿Cuál es tu opinión sobre la reacción del gobierno de Armenia y de la comunidad internacional sobre la caída de Artsaj? ¿Cómo crees o sientes que fue esa reacción?

Puedo decir que el actual gobierno de Armenia no tiene ni idea de qué es Artsaj, quiénes son los habitantes de Artsaj ni por qué era estratégicamente importante mantener Artsaj. Para mí, las personas que hoy gobiernan Artsaj son aquellas organizadas por fuerzas globalistas, que ahora en muchos países, probablemente donde se ven los conflictos, eligen como presidentes a personas que antes eran comediantes, ex periodistas, personas que no tienen vergüenza, que no tienen moral, y que están llevando a su pueblo al desastre.
En la situación actual en la que se encuentra el pueblo de Artsaj: diseminado, sin territorio. ¿Qué perspectivas tiene del futuro el pueblo armenio de Artsaj y cómo crees que se puede sostener la identidad de Artsaj en este momento, en esta situación? ¿Cómo van a continuar la esencia del pueblo de Artsaj? ¿Piensan regresar? ¿Cómo ven que eso sea posible?
Primero, empecemos diciendo que intentamos conservar al máximo nuestra identidad, porque el dialecto de Artsaj es muy diferente del armenio literario, la diferencia es aproximadamente como la que hay entre el español y el portugués. Es una diferencia muy grande en el idioma. En segundo lugar, nuestra cultura: la región de Artsaj tiene una cultura muy antigua, su propia gastronomía y otras tradiciones.
Actualmente hay muchos grupos en Facebook e Instagram que apoyan el idioma para que la gente no lo olvide, para que los niños no lo olviden. Por ejemplo, mi hija mayor, que tiene 7 años, para que no olvide su lengua, habla armenio literario y el dialecto de Artsaj. También intentamos mantener esos contactos en todas las generaciones: jóvenes, adultos mayores, para que cada generación mantenga viva la cultura.

En cuanto al futuro, diría que no hay ningún habitante de Artsaj, ningún artsají, que no esté seguro de que volveremos a nuestra tierra. Pero la cuestión es cuándo. Creemos que esto tomará entre 5 y 10 años, aproximadamente, hasta que esta situación cambie. Hasta que el mundo no se dé vuelta, que el orden mundial no cambie.
Porque en este momento hay una guerra por quién controla las zonas de influencia: cuál es la zona de influencia de Estados Unidos, cuál es la de Rusia, cuál es la de otros países. Mientras eso siga así, estamos seguros de que volveremos a nuestra tierra. Sea por la guerra o por la paz, no puedo decirlo, pero estoy seguro, y toda la gente está segura, de que volveremos. No es solo una esperanza, es una certeza, Es un sentimiento.
Aprovechando justo ese puente ¿Qué planes hay para Artur y su familia? ¿Se vuelve, entonces a Stepanakert?
En este momento, tratamos de ser lo más útiles posible no solo para los armenios, sino también para toda la sociedad que mira la situación mundial con sensatez. Mi esposa trabajó en el Ensamble Estatal de Danza de Artsaj y ahora va a ayudar a la comunidad armenia en Argentina en el ámbito de la danza. Yo, por mi parte, intento mejorar al máximo la calidad del Karate en América Latina. Porque el nivel de Karate en América Latina actualmente no es muy alto, y ahora estoy organizando seminarios constantemente en Chile, Uruguay y Brasil. Tenemos esos planes.
No se trata solo de vivir, sino de ser útiles para este mundo, de ser útiles para esta población. No queremos dividir a las personas por naciones, diciendo que esta nación es buena y esta otra mala. Porque ahora, con el mundo tan loco, hay ese tipo de pensamiento: que uno es bueno y otro es malo. No, la nacionalidad no es buena ni mala. Hay personas que son buenas o malas. Juzgar si un chileno o un argentino es bueno o malo es muy incorrecto.
Como ya conversamos, el Cáucaso es una región muy conocida por la gran cantidad de deportistas talentosos. ¿Por qué crees que el Cáucaso tiene tanto talento para estos tipos de deportes?

Primero, está la mentalidad. La mentalidad de que a los niños se les enseña de manera más estricta. Por ejemplo, en América Latina la actitud hacia los niños es diferente, si un niño no quiere, puede no hacerlo. En el Cáucaso la actitud es distinta.
Además de eso, influye también que es una región montañosa. El terreno, la flora y la fauna también afectan esto. Mientras más tranquilo sea el clima de la región, más tranquila suele ser. Y mientras más dura sea la región, más duras son las condiciones, y más preparado está el ser humano para condiciones más estrictas y entrenamientos más exigentes.
Tú practicas karate. Entiendo que existen tradiciones europeas, latinoamericanas, y también en Artsaj, Armenia y el Cáucaso. ¿Qué diferencias ves en la práctica aquí, en Latinoamérica? ¿Qué aspectos son más profesionales y cuáles no son tan buenos?
Mira, se pueden destacar muchos aspectos. ¿Qué es bueno en Europa? En el deporte en general. Que tienes mucha práctica en distintos torneos y en participación. En Latinoamérica, el problema es que todo está muy lejos. Viajar a cada campeonato es caro y lejos, y por eso hay poca práctica, pocos torneos para participar. Ese es uno de los factores.
El segundo factor es, por supuesto, la economía. Porque para un deportista profesional no es solo ir a entrenar y luego ir a casa. Tienes que tener un nutricionista, un masajista, hacer distintos tratamientos, dedicar tiempo a una alimentación correcta. Lo que hay en casa es una cosa, y tu alimentación especial y comida sencilla más los suplementos deportivos, es otra. Además, todo el equipo deportivo implica un gran gasto.
Por lo que veo aquí en Latinoamérica, la gente ayuda financieramente, sí. Pero llega un momento en que el deportista tiene que ganar por sí mismo. Y en karate, el problema es que se basa más en la idea que en ganar dinero. Por eso, en karate no se puede ganar mucho dinero siendo deportista.
Ha sido una muy buena conversación. Queremos preguntarte si puedes dar algún comentario sobre qué quieres hacer respecto a la situación de Artsaj.

Quiero decir todo esto así, basándome en toda esta situación. Hace poco estuvimos hablando con unos amigos que hicimos aquí, que son de Ereván. Y ellos nos dijeron una sola cosa: por más que les expliquemos, que nos entienden y comparten nuestro dolor, dicen que no pueden entenderlo porque no lo han vivido.
Al mismo tiempo, un día antes, mi esposa y yo hablábamos sobre el conflicto israelí-iraní. Tenemos amigos cuyos padres viven en Irán, que han vivido esa situación. Mi esposa dijo que se preocupa más por ellos que por ella misma. Y yo le respondí que es porque nosotros sabemos lo que es, porque lo hemos vivido.Y en relación con eso, al haberlo sentido en carne propia, sabemos lo que es perder el hogar, pasar por la guerra, perder amigos.
Quiero dirigirme a todos los oyentes y lectores que lean este artículo: amen la vida, amen a sus amigos, amen a todas las personas, sean buenas o malas. Amen cada segundo que viven y disfruten de cada segundo, porque en un segundo, o mañana, podrían ya no estar ustedes ni sus seres queridos.
