Periodista independiente de Uzbekistán. Estudió Economía en el College of Wooster y en la Escuela de Economía de Estocolmo.
El mar de Aral, que llegó a ser el cuarto lago más grande del mundo, ha perdido más del 90 % de su superficie en las últimas décadas. Situado entre Uzbekistán y Kazajstán, la desaparición de este mar afectó gravemente al medio ambiente, a la economía y a la vida de los habitantes de las zonas circundantes. Aunque Uzbekistán, Kazajstán y diversos organismos internacionales han puesto en marcha proyectos para mitigar los efectos negativos de la crisis, el mar de Aral sigue siendo uno de los mayores problemas medioambientales de Asia Central y recibe relativamente poca atención a nivel mundial.

El mar de Aral fue en su día un enorme lago que abarcaba más de 68.000 kilómetros cuadrados. Se alimentaba principalmente de los ríos Amu Daria y Sir Daria, dos de los más importantes de Asia Central. Sin embargo, durante la época soviética, grandes cantidades de agua de estos ríos se desviaron para el riego de tierras agrícolas, especialmente para el cultivo de algodón. Al llegar menos agua al mar de Aral, el volumen del lago comenzó a disminuir. A lo largo de varias décadas, el mar se redujo gradualmente y aumentó su salinidad, hasta acabar fragmentándose en varias masas de agua más pequeñas.
Las consecuencias de la desaparición del mar de Aral han sido especialmente graves para la región de Karakalpakstán, en Uzbekistán. El mar constituía una importante fuente de empleo y alimento para las comunidades locales, y tanto la agricultura como la ganadería dependían en gran medida de los recursos hídricos de la zona. Cuando el mar comenzó a desaparecer, las comunidades pesqueras perdieron su principal fuente de ingresos, el aprovechamiento de las tierras agrícolas se volvió más difícil y muchas personas se vieron obligadas a buscar empleo en otras regiones.
Las consecuencias ambientales también fueron graves. El lecho seco del mar de Aral se convirtió en un nuevo desierto conocido como Aralkum. El Aralkum abarca millones de hectáreas y contiene grandes cantidades de sal y otras sustancias que se acumularon en el fondo marino a lo largo de décadas. Cuando soplan vientos fuertes, la sal y el polvo del lecho seco pueden dispersarse por las zonas circundantes, afectando a las tierras agrícolas y a la salud de las poblaciones locales.
La desaparición del mar también provocó cambios importantes en la biodiversidad. El aumento de la salinidad hizo que el entorno dejara de ser apto para muchos peces y otras especies acuáticas que anteriormente habitaban el mar de Aral. Al mismo tiempo, la transformación del mar en desierto afectó a las aves, plantas y otros animales que vivían en los alrededores del lago. Algunas especies desaparecieron de la región, mientras que otras se vieron amenazadas de extinción debido a la pérdida de sus hábitats naturales.

La agricultura también se ha visto gravemente afectada por la crisis. La escasez de agua, la salinización del suelo y la desertificación han dificultado el cultivo de la tierra y el mantenimiento del ganado para las comunidades locales. La sal y el polvo provenientes del Aralkum también dañan las tierras agrícolas. Como consecuencia, la seguridad alimentaria sigue siendo un problema importante para algunas comunidades de la región del mar de Aral.
La crisis también ha repercutido en el clima de la zona circundante. La gran masa de agua que antaño ayudaba a regular el clima local ha desaparecido en gran medida, confiriendo a la región un carácter más continental. En algunas zonas, los veranos se han vuelto más calurosos y los inviernos más fríos, al tiempo que se ha acortado la temporada de cultivo. El polvo del antiguo lecho marino puede desplazarse largas distancias y afectar a zonas alejadas del mar de Aral. Por ejemplo, se ha constatado que el polvo salino de la región seca del Aral puede llegar incluso a las montañas de Tian Shan y el Pamir, intensificando el deshielo, ya en curso, provocado por el cambio climático global.

¿Turismo en medio de la crisis ecológica?
Uzbekistán también busca generar nuevas oportunidades económicas en la región del mar de Aral. El turismo se ha convertido en un sector con un potencial creciente. La antigua ciudad portuaria de Muynak, el cementerio de barcos y el singular paisaje del Aralkum atraen a turistas interesados en conocer las consecuencias de uno de los mayores desastres medioambientales del mundo.
La región alberga asimismo al pueblo karakalpako, cuya cultura y tradiciones constituyen una parte importante de la diversidad cultural de Uzbekistán.
Barcos fantasma en la antigua costa del mar de Aral en Moynaq, Uzbekistán. Fuente: Sebastian Kluger.
Consciente de la gravedad de la crisis, Uzbekistán ha puesto en marcha diversos proyectos para mitigar sus consecuencias ambientales y sociales. Una de las estrategias más destacadas consiste en plantar saxaúl y otras especies vegetales en el lecho marino desecado. El saxaúl es una planta desértica propia de Asia Central, perfectamente adaptada a condiciones de aridez y salinidad; sus raíces ayudan a consolidar el suelo y a estabilizar la arena, reduciendo así la dispersión de polvo y sal provenientes del lecho seco.

La envergadura de estos proyectos ha aumentado en los últimos años. En 2025, Uzbekistán informó que, durante la primera mitad del año, se llevaron a cabo labores de forestación en más de 126.000 hectáreas del antiguo lecho del mar de Aral. Estas iniciativas también han contado con el respaldo de organismos internacionales; por ejemplo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha apoyado la iniciativa «Green Aral Sea» (Mar de Aral Verde), centrada en la plantación de saxaúl y otra vegetación en el lecho desecado, así como en la mejora de las condiciones ambientales de la región.
Cooperación internacional ante la crisis hídrica centroasiática
Sin embargo, plantar árboles por sí solo no puede resolver la crisis del mar de Aral. La región también necesita una mejor gestión de sus limitados recursos hídricos. En junio de 2026, Uzbekistán, junto con socios internacionales, impulsó un nuevo marco de gestión integrada de los recursos hídricos para la cuenca baja del Amu Daria. Este enfoque tiene como objetivo mejorar la eficiencia en el uso del agua y fortalecer la cooperación entre los sectores agrícola, de gestión del agua y de protección del medio ambiente.
La crisis del mar de Aral está vinculada a los problemas hídricos más amplios de Asia Central. Uzbekistán, Kazajstán y Kirguistán han intensificado recientemente su cooperación en el uso coordinado de los recursos hídricos y energéticos, al tiempo que los países de la región se enfrentan a una presión creciente derivada del aumento demográfico, la demanda agrícola y el cambio climático. La pérdida de glaciares en las montañas de Asia Central podría ejercer una presión adicional sobre los recursos hídricos en el futuro.
La cooperación internacional se está convirtiendo en otro componente importante de estos esfuerzos. En agosto de 2026, India anunció una subvención de un millón de dólares para apoyar las labores de restauración ambiental en la región del mar de Aral, en Uzbekistán. En septiembre de 2026, Uzbekistán y Mongolia acordaron además desarrollar una «Asociación Aral-Gobi» centrada en la restauración de tierras secas degradadas y en la mitigación de los efectos de las tormentas de arena y polvo. Estas iniciativas demuestran que la experiencia del mar de Aral también puede resultar relevante para otros países que se enfrentan a la desertificación y a la escasez de agua.

No obstante, la magnitud del problema sigue siendo enorme. La restauración de la región del mar de Aral no es algo que pueda lograrse en pocos años. Es posible que no se pueda recrear el mar original ni subsanar muchas de las consecuencias ambientales y económicas. Por ello, el objetivo principal debería ser reducir al máximo los efectos negativos de la crisis, restaurar las tierras degradadas, mejorar la gestión del agua y crear mejores condiciones de vida para las comunidades locales.
La crisis del mar de Aral es un ejemplo de cómo una gestión deficiente de los recursos naturales puede afectar a toda una región durante generaciones. Lo ocurrido con el mar no fue solo un desastre ambiental; también repercutió en la agricultura, la seguridad alimentaria, la salud pública, la biodiversidad y las economías locales. Uzbekistán y sus socios internacionales ya han puesto en marcha diversos proyectos para abordar estos problemas, que van desde la plantación de saxaul en el lecho marino seco hasta la mejora de la gestión hídrica y la creación de nuevas oportunidades económicas.
Sin embargo, la situación en la región del Aral exige redoblar los esfuerzos. Una mayor concienciación internacional sobre la crisis del mar de Aral podría ayudar a atraer financiación adicional, cooperación científica y soluciones innovadoras a la zona. La experiencia de Uzbekistán y de otros países de Asia Central también puede aportar lecciones valiosas para otras partes del mundo que se enfrentan a la escasez de agua, la desertificación y el cambio climático.

