Entre arepas y bastermá: Un siglo de vida armenia en Venezuela

Historiador. PhD en Historia por la Universidad de Princeton, MA en Estudios Rusos por la Universidad de Columbia y BA en Estudios Rusos por la Universidad de Nueva York.

Actualmente cursa una maestría en Estudios Armenios en la Universidad de Harvard (2027).

Ha ocupado cargos de investigador visitante posdoctoral en las universidades de Columbia y Harvard, además de haber ejercido la docencia en la Universidad de Princeton, la Universidad Kean y otras instituciones universitarias.

Sus intereses de investigación cubren la historia de Europa Oriental y Eurasia.

Es cofundador y vicepresidente de la Association for the Advancement of North Caucasus Studies (AANCS), la primera sociedad académica dedicada a los estudios del Cáucaso del Norte en las Américas.

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La cobertura mediática de Venezuela en los últimos años ha estado dominada por el colapso político, las calamidades socioeconómicas, el éxodo masivo de venezolanos y los altos índices de delincuencia. Sin embargo, más allá de los titulares recientes sobre la crisis política del país y los posibles reajustes de su alineamiento diplomático, en particular respecto de los EEUU, Rusia e Irán, existe una historia mucho menos conocida, aunque no por ello menos reveladora: la de la pequeña pero dinámica y marcadamente emprendedora comunidad armenia de Venezuela.

Demográficamente modesta en comparación con las colectividades armenias más numerosas de los países rioplatenses, la comunidad armenia en Venezuela ha logrado mantener una notable cohesión interna y ha realizado esfuerzos persistentes por preservar su cultura, su identidad y su memoria colectiva en medio de las profundas transformaciones y crisis que han sacudido al país

Rafael de Nogales Méndez (1879-1936) Fuente: Wikimedia.

Décadas antes de la primera oleada de inmigración armenia a Venezuela, un venezolano sin ascendencia armenia se convirtió en uno de los testigos más importantes de la mayor catástrofe sufrida por el pueblo armenio: el Genocidio Armenio. Rafael de Nogales Méndez, conocido entre sus antiguos camaradas otomanos como Nogales bey, suele ser recordado en el mundo hispanohablante como “nuestro Lawrence de Arabia latinoamericano”. Sin embargo, su breve e intrascendente encuentro con T. E. Lawrence durante una campaña otomana en el Levante estuvo lejos de ser el episodio más significativo de su experiencia en la Primera Guerra Mundial. Autodefinido como “un soldado de fortuna” (el título de una de sus dos memorias, de hecho, es Memorias de un soldado de fortuna), de Nogales participó en más de media docena de conflictos en varios continentes a lo largo de una carrera militar que se extendió durante más de cuatro décadas. 

Nacido en 1877 en el seno de una familia acomodada en San Cristóbal, Táchira, en la frontera venezolana con Colombia, fue educado en varios países europeos y, según diversas fuentes, hablaba hasta ocho idiomas.

Antes de la Primera Guerra Mundial, ya había participado en las Guerras Hispano-Estadounidense y Ruso-Japonesa, en las primeras etapas de la Revolución Mexicana y en un fallido golpe de estado en su país natal. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, de Nogales regresó a Europa y trató de alistarse en el ejército francés, pero fue rechazado tras negarse a renunciar a su ciudadanía venezolana.

Finalmente se incorporó al ejército otomano, donde sirvió bajo el mando alemán y fue destinado al frente del Cáucaso. A pesar de ser cristiano, recibió la misión de comandar a decenas de miles de soldados musulmanes otomanos en operaciones contra insurgentes armenios en regiones de mayoría o de pluralidad armenia como Erzurum, Van y Diyarbakir (Dikranagert). Fue allí donde presenció de primera mano las matanzas sistemáticas de civiles armenios, ejecutadas bajo órdenes directas del alto mando otomano1.

Regiones de Turquía con importante presencia armenia a comienzos del siglo XX. Mapa elaborado por Revista Tarpán

Condecorado y ascendido, de Nogales continuó sirviendo en la gendarmería otomana hasta la derrota del imperio, alcanzando el rango de general. Una década más tarde, publicó Cuatro años bajo la Media Luna, una obra que constituye uno de los testimonios más excepcionales sobre el Genocidio Armenio y describe con notable claridad la destrucción organizada de la población armenia del Imperio Otomano. Así, un venezolano sin raíces armenias se convirtió, mediante su participación en campos de guerra, en un vínculo temprano entre historia venezolana

Primeras comunidades armenias en Venezuela

En la primera mitad de los años 1930, más de una década después de la dispersión de los sobrevivientes del genocidio armenio, se inició la primera oleada de inmigración armenia a Venezuela, coincidiendo con el tercer y último gobierno de Juan Vicente Gómez, cuyas políticas fiscales habían logrado aislar al país, en gran medida, de los efectos más devastadores de la Gran Depresión.

En las décadas siguientes, nuevos inmigrantes armenios llegaron desde Medio Oriente junto a contingentes mucho más numerosos de cristianos y drusos de habla árabe procedentes de Irak y del Levante, atraídos por las oportunidades generadas por la expansión de la industria petrolera venezolana. Al igual que muchos de estos inmigrantes cristianos árabes, los armenios se asentaron principalmente en ciudades a lo largo de la densamente poblada costa caribeña del país, aunque grupos más pequeños también se asentaron en ciudades del interior, como San Cristóbal.

Iglesia de San Gregorio el Iluminador en Caracas, Venezuela. Fuente: Wikimedia

Además de en grandes centros urbanos como Caracas, Valencia y Maracay, familias armenias se establecieron en localidades vinculadas a la economía petrolera, entre ellas Puerto La Cruz y Lechería. Muchos se convirtieron en pequeños y medianos empresarios, mientras que otros encontraron empleo en el sector de servicios. De manera similar a los venezolanos de origen árabe, los armenios desarrollaron una presencia visible en el comercio de joyería, la importación y exportación a pequeña escala de bienes de consumo, la construcción y el sector hotelero y de la hospitalidad.

Según Kevork Dikijian, miembro activo de la comunidad armenia de Maracay nacido en Siria y entrevistado para este artículo, muchos armenios en Venezuela cultivaron estrechos vínculos comerciales, sociales y personales con venezolanos de origen árabe, debido a su extendido dominio del idioma árabe y a su proximidad cultural y religiosa con las comunidades cristianas árabes. En los primeros años del siglo presente, recordó Dikijian, esta proximidad había llevado a que parte de las generaciones jóvenes comenzaran a identificarse principalmente como árabes, mientras que el español y el árabe se consolidaban como las lenguas predominantes en la vida cotidiana de la comunidad.

Mientras tanto, varias figuras influyentes asumieron la tarea de preservar la vida religiosa y cultural armenia en el país. A mediados de los años 1960, los aportes de los sectores más acomodados de la comunidad permitieron construir la primera iglesia apostólica armenia en Venezuela. Dos décadas más tarde se inauguró en Caracas la Iglesia de San Gregorio el Iluminador, que hasta hoy funciona como centro espiritual y comunitario a través de liturgias celebradas íntegramente en armenio occidental y de actividades organizadas por el Centro Armenio. La presencia armenia también se hizo visible en el espacio público.

En 2002, gracias al financiamiento de Marco Zarikián, propietario de la cadena hotelera Eurobuilding, se inauguró un monumento al Genocidio Armenio en el municipio caraqueño de Chacao. Inspirado en el memorial de Tsitsernakaberd en Ereván, el monumento continúa siendo el punto de referencia de las conmemoraciones anuales del 24 de abril. Tres años después, tras una labor sostenida encabezada por el Padre (Srpazan) Gomidás Ohanián, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una resolución de reconocimiento del genocidio armenio, que posteriormente fue respaldada por Hugo Chávez Frías.3

A comienzos de los años 2010, con el objetivo de reforzar la identidad armenia entre las generaciones más jóvenes, el padre Gomidás comenzó a encabezar delegaciones juveniles a eventos deportivos y culturales sudamericanos, en particular a los Juegos Navasartián, organizados anualmente por el Homenetmen en Argentina, Uruguay, Chile y Brasil. Según testimonios de miembros de la comunidad, fue a partir de estas experiencias que numerosos jóvenes armenio-venezolanos empezaron a asumir activamente su herencia armenia y establecer vínculos duraderos con comunidades más numerosas y dinámicas en Argentina y Uruguay. En paralelo, iniciativas impulsadas por Zarikián permitieron la apertura de centros comunitarios armenios en ciudades más pequeñas como Puerto La Cruz y Maracay, ampliando, aunque de manera limitada, la geografía institucional de la comunidad.

XXVII Juegos Regionales Deportivos Navasartian de Homenetmen. Fuente: Diarioarmenia

Aunque el tamaño y la vitalidad de la comunidad armenia en Venezuela han sido drásticamente afectados por la prolongada crisis económica iniciada en 2013, la comunidad sigue. Las estimaciones publicadas suelen situar a la población armenia de Venezuela entre aproximadamente 3.000 y 6.000 personas, aunque algunas fuentes comunitarias recientes sugieren una población activa incluso menor4. No obstante, Dikijian recordó la existencia, antes de la crisis, de una red mucho más amplia de hasta 50.000 familias de origen armenio en todo el país, con la salvedad importante de que muchas de ellas mantenían vínculos apenas débiles o simbólicos con las instituciones armenias. Según estimaciones, a partir de 2013, la emigración masiva ha reducido la comunidad a aproximadamente un tercio de su tamaño previo, dejando en el país a unas 15.000 familias. Entre quienes permanecen, la asistencia a los oficios religiosos y la participación en actividades comunitarias continúan siendo un eje central de la vida colectiva.

Al mismo tiempo, muchos de los armenios que abandonaron Venezuela han preservado redes sociales y afectivas forjadas en el país, ahora reconstituidas en el exterior. En ciudades como Los Ángeles, Miami, Santiago de Chile, Ciudad de Panamá, Buenos Aires y Madrid, encuentros de armenios venezolanos reúnen regularmente a cientos de personas, reproduciendo formas de sociabilidad, memoria y pertenencia que se gestaron en Venezuela. Más que una ruptura definitiva, la emigración ha dado lugar a una diáspora secundaria, en la que la experiencia venezolana sigue ocupando un lugar central en la identidad de quienes partieron.

A pesar de su modesto tamaño, la comunidad armenia ha dejado huellas claras en diversos ámbitos del panorama cultural, intelectual y económico venezolano. Más allá de la familia Zarikián (cuyo imperio hotelero Eurobuilding llegó a extenderse más allá de Venezuela, incluso hasta las cercanías del Aeropuerto Internacional de Miami), entre los venezolanos de ascendencia armenia destacan figuras como el aclamado director de orquesta Domingo Hindoyan, nacido en Caracas y de origen armenio; el politólogo nacido en Alepo Elie Habalián; el chef televisivo George Durán (Kevork Gudalián); la cantautora Thalía Samardjián; la activista política Georgette Topalián; la actriz radicada en Chile Mariana Derderián; la actriz radicada en México Diana Aboujian; y la novelista Eliana Habalián.

Además, la presencia armenia también ha trascendido las fronteras de lo étnico para insertarse en la cultura venezolana más amplia.

En 2007, Lucía Fernández de Devletián, una venezolana casada con un armenio, publicó Del Ararat al Ávila, una obra que recorre la historia de la comunidad armenia en Venezuela y su entramado de memorias y tradiciones a la sombra de aquel emblemático cerro caraqueño. Diez años después, en 2017, el cineasta venezolano Miguel Ángel Nieto estrenó La sombra de Ararat, un documental que recorre la diáspora armenia en múltiples continentes y explora el arraigo emocional hacia la patria ancestral. La música también ha sido un vehículo de confluencias culturales. Uno de los instrumentistas de flautas más destacados del mundo es el venezolano Pedro Eustache, cuyo virtuosismo abarca una gama impresionante de públicos de todo el mundo, incluido el duduk armenio, y cuya carrera ha hecho posible que sonidos tradicionalmente ligados a la diáspora armenia resuenen en escenarios internacionales.

La historia armenia en Venezuela no es una historia de peso demográfico ni de influencia política, sino de resiliencia, cohesión y permanencia. A medida que la comunidad se ha reducido en el país y se ha reconstituido en el exterior, su legado ha quedado profundamente entrelazado con el tejido social venezolano, incluso mucho después de que Venezuela dejara de ser un destino activo para la migración armenia.

Hoy en día, mientras una nueva realidad política comienza a formarse en Venezuela, algunos armenio-venezolanos dispersos en el exterior están considerando la posibilidad de regresar, según miembros de la comunidad en Los Ángeles y Santiago de Chile entrevistados para este artículo. Si lo realizan, ese retorno sería no solo un gesto de arraigo afectivo, sino también una contribución importante a la reconstrucción del país, en continuidad con una tradición marcada por el trabajo, el espíritu emprendedor, una diestra capacidad de adaptación y un profundo sentimiento patriotista.

El ministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores y Comercio Internacional de Venezuela, Félix Plasencia González, sostuvo encuentro el 10 de agosto con el monseñor Bedros Manouelian, Obispo de la Iglesia Apostólica Armenia en Venezuela, orientado a fortalecer los lazos entre Armenia y Venezuela. Fuente: Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores y Comercio Internacional.

La versión original fue publicada en inglés en The Armenian Weekly. La presente versión en español fue traducida y redactada por el autor.

  1. Rafael de Nogales Méndez, Cuatro años bajo la media luna: su diario e impresiones durante la guerra mundial en los diversos frentes de Europa y Asia (Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana, 2006), 139–141 ↩︎
  2. El 14 de julio de 2005, la Asamblea Nacional de la República de Bolivariana de Venezuela, reconoce mediante el acuerdo No. A-56 14/7/05 el Genocidio Armenio y establece la constitución del Grupo Parlamentario de Amistad Venezuela – Armenia. Firma Nicolas Maduro Moros, presidente de la Asamblea ↩︎
  3. Las estimaciones publicadas varían. Fuentes vinculadas al gobierno armenio y fuentes en lengua armenia han situado con frecuencia a la comunidad en torno a las 4.000 personas, mientras que el capítulo de SOAR en Caracas ofrece una estimación reciente más baja, de aproximadamente 1.930. Véase también “Արամ Ա կաթողիկոսը ծանոթացել է Վենեսուելայի հայ համայնքի խնդիրներին,” Armenpress, 22 de mayo de 2017. ↩︎

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