Graduada en Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Valencia. Estudiante del programa de maestría Humanitarian Action and Conflict en Uppsala Universitet (Suecia).
annaortizvivas@gmail.com
Finales de agosto y principios del otoño en el campo sueco. Todo está rodeado de verde, aunque algunas hojas ya son marrones. Entre montañas, y al lado del río Österdalälven, se encuentra Älvdalen, un pequeño pueblo de la región de Dalarna que destaca por tener un idioma propio que suena a eco de otro tiempo. Un cartel rojo con el texto en elfdaliano recibe al viajero: Welkumin adð Övdalim! Jär dalskum wįð (en español: ¡Bienvenidos a Älvdalen! Aquí hablamos elfdaliano).

El elfdaliano es reconocido por el Consejo de Europa y por el Instituto Lingüístico de Verano Global (SIL Global, por sus siglas en inglés), el cual les otorgó un código ISO de idioma: iso-code 639-3 ovd. Este es más cercano al nórdico antiguo que al sueco, con el cual es mutuamente incomprensible. No obstante, y a pesar de que cumple todos los criterios para ser reconocido como lengua regional según el Estatuto del Consejo de Europa para las lenguas minoritarias y regionales, el gobierno de Suecia continúa negándole la categoría de idioma, clasificándolo como un dialecto del sueco. Sin embargo, esto no desanima a los habitantes del pueblo en su lucha por la protección del elfdaliano, y es por ello que consiguieron una beca de 7,2 millones de coronas suecas (más de 653.000 euros) centrada en la promoción del elfdaliano entre los niños. Recientemente han conseguido otra beca de 5,1 millones de coronas suecas (más de 462.000 euros) durante tres años para actividades centradas principalmente a personas mayores de 65 años.
Desde mediados de los años 80, la agrupación Ulum Dalska ha luchado por preservar y proteger el idioma elfdaliano (älvdalska). Esta asociación fue creada en 1984 y, bajo el proyecto Glamgleðį, tienen su lugar de trabajo en el edificio que era la antigua estación de tren de Älvdalen.

Cuando llegamos, nos esperaban reunidos Björn Rehnström, Ing-Marie Bergman, Ulla Schütt, Gunnar Barke, Frida Martinsson, Olivia Morin, Folke Morin, y Therese Folkesson. Adultos y jóvenes emocionados por contarnos sobre su idioma y todo lo que hacen por protegerlo. Nos hicieron un recorrido de los avances logrados en las últimas décadas. En la sede había libros, un diccionario elfdaliano-sueco, una película doblada al elfdaliano por vecinos del pueblo, y hasta un libro de recetas tradicionales en elfdaliano y sueco, aún en proceso.



También explicaron brevemente y con ejemplos algunas características particulares del elfdaliano, una lengua llena de características gramaticales y fonológicas arcaicas.

Desde la creación de la asociación, los avances en la protección y propagación del elfdaliano han sido enormes. Sin embargo, no siempre ha sido así. En la década de 1940, si los maestros escuchaban a un alumno usar la lengua, le golpeaban las manos o el rostro con una regla. Aquellas experiencias dejaron una huella profunda en las generaciones, que aún hoy pueden sentir cierta vacilación al expresarse en el idioma.
Este tipo de castigos se ha utilizado en muchos casos cuando se quiere prohibir el uso de una lengua minoritaria. En mi región, en la Comunidad Valenciana, ocurría algo muy similar. Bajo la dictadura de Francisco Franco se golpeaba a los niños en la escuela si hablaban valenciano. A día de hoy, en cambio, existen políticas de protección de la lengua, y hay escuelas que penalizan de forma simbólica, con un negativo en la nota, si no hablan valenciano. Este contraste muestra lo lejos que pueden llegar las políticas lingüísticas en pocas décadas y hace más admirable el caso de Älvdalen.
En la actualidad, los niños tienen la posibilidad de aprender elfdaliano en el ámbito escolar, y una beca de 10.000 coronas suecas destinada a adolescentes de entre 14 y 15 años que dominen el idioma actúa como incentivo adicional. La promoción del elfdaliano ha puesto especial énfasis en las generaciones más jóvenes, consideradas clave para su preservación y transmisión. Como bien dijo Ulla Schütt: “Para que la lengua siga adelante, debe haber jóvenes que se interesen por ella”.

El elfdaliano sigue vivo gracias al entusiasmo de jóvenes como Frida Martinsson y Olivia Morin, quienes junto a un grupo de amigos decidieron crear el primer podcast en esta lengua: Dalskum. Este proyecto, parte de la iniciativa Glamgleðį, busca acercar al público al idioma y a la cultura de Älvdalen a través de conversaciones variadas y cercanas. En sus episodios abordan temas que van desde músicos locales y paisajes emblemáticos, hasta relatos históricos como el conocido “triple robo” ocurrido en 1995. Con invitados en casi cada entrega, el podcast se convierte en una ventana viva al mundo elfdaliano, impulsada por voces jóvenes que lo celebran y lo comparten.
A pesar de su compromiso con el elfdaliano, los jóvenes reconocen que cambiar de idioma no siempre es sencillo. Cuando el sueco ha sido la lengua habitual entre amigos, resulta difícil pasar al elfdaliano, y muchas conversaciones terminan desarrollándose en sueco. Sin embargo, continúan haciendo esfuerzos conscientes por utilizar su lengua, y expresan con orgullo el hecho de contar con un idioma propio.
Cuando les preguntamos cuál es su relación con el idioma y si se sienten orgullosas, no dudaron en responder que sí:
Últimamente lo he hecho más, ahora que se comprende un poco mejor que quizá sea importante conservarlo
Olivia Morin, habitante de Älvdalen
Es realmente algo que te hace sentir un poco única.
Frida Martinsson, habitante de Älvdalen

La hospitalidad del grupo no se detuvo en las conversaciones ni en los gestos cotidianos: nos acompañaron incluso hasta la torre de la iglesia, desde donde se contempla una parte del pueblo. Allí, Mikael Knagg, el bedel de la iglesia, nos mostró las campanas, nos habló de la historia del templo y compartió con nosotros los relatos de la caza de brujas que tuvo lugar en la región entre 1667 y 1676. Al preguntarle si hablaba elfdaliano, nos confesó que, aunque no lo dominaba del todo, disfrutaba usándolo, especialmente con las personas mayores. Es conmovedor ver cómo en el pueblo se le tiene tanto aprecio a la lengua, sin importar el nivel de fluidez que cada hablante tenga. Al final, la lengua local no es solo un medio de comunicación: es parte de quienes la habitan.


Ver y escuchar de primera mano lo que había leído sobre Älvdalen y el elfdaliano fue especial. Me siento muy agradecida de haber podido visitar el pueblo y sus alrededores, hablar con varias personas de la comunidad y conocer su historia y la historia de la asociación.
Los esfuerzos y la colaboración de los habitantes de Älvdalen para preservar el elfdaliano son admirables, y constituyen un ejemplo inspirador para otras lenguas minoritarias del mundo. Conocer comunidades que no solo aprecian profundamente su cultura e historia, sino que también trabajan activamente por mantenerlas vivas, resulta apasionante.
Tjär tokk fer, Övdaln! (frase en elfdaliano que significa “¡Muchas gracias, Älvdalen!”)
