Las fotografías que se describen a continuación capturan escenas de un período crucial: las últimas décadas del dominio otomano sobre Palestina, que se extendió desde su conquista en 1516-1517 hasta su final tras la Primera Guerra Mundial (1917-1918).
Durante esta larga era, la región no era una entidad política otomana unificada con ese nombre, sino que sus territorios se administraban dentro de distintas provincias (o vilayets) y distritos (o sanjaks) del Imperio Otomano, entendiéndose «Palestina» dentro de los registros otomanos como una importante zona cultural y geográfica amplia dentro de la correspondencia oficial, informes militares y mapas.
La sociedad palestina de esos años era predominantemente agrícola, con una población multiétnica y multiconfesional compuesta por musulmanes (la amplia mayoría), cristianos de diversos ritos y judíos, muchos de ellos sefardíes cuya lengua era el ladino. La vida giraba en torno a la agricultura, el comercio local y regional, y la artesanía, dentro de un marco de relativa autonomía comunal bajo el sistema otomano de millets.
Este fue el mundo estable, complejo y vibrante que comenzó a transformarse drásticamente a finales del siglo XIX con la llegada de nuevas ideologías, intereses coloniales europeos y, de manera decisiva, el movimiento sionista y el posterior Mandato Británico.



Estas imágenes de Palestina antes del Mandato Británico (todas pertenecientes a colecciones de estereografías de la Biblioteca del Congreso y la Universidad Brown) se dividen en dos grandes categorías: tarjetas para estereoscopio (realizadas por empresas extranjeras como Keystone View y Stereo-Travel) y fotografías producidas por la Colonia Americana con sede en Jerusalén (que a menudo suministraban escenas a los fabricantes de estereoscopios).

La gran mayoría de las imágenes producidas por estas organizaciones tenían como objetivo alimentar la manía por la «Tierra Santa» que obsesionó cada vez más a Estados Unidos a lo largo del siglo XIX, un período en el que solo la Biblia y La cabaña del tío Tom superaron en ventas a los libros sobre Palestina. Además del auge del turismo internacional, esta obsesión fue alimentada por una corriente de pensamiento cristiano que veía a Palestina como un «remanso» otomano descuidado, necesitado de restauración, revitalización y repoblación para facilitar la segunda venida de Cristo.
Para aquellos incapaces de tomar el vapor transatlántico, la «Tierra Santa» llegaba a casa en forma de relatos de viaje, libros de fotos, parques temáticos, exposiciones y, por supuesto, a través de las tarjetas para estereoscopio, que (con su tecnología 3D) ofrecían una forma única de peregrinación sagrada para el viajero de sillón.

Si bien la mayoría de las fotografías se centran en lugares históricos y bíblicos (relegando a los lugareños a una mera función ornamental), el encuadre ocasionalmente se posa en los habitantes de Palestina, capturando tanto rutinas diarias como experiencias cumbre. Muchas de estas imágenes, a menudo montadas para ocultar todo rastro de modernidad, conservan aún el aire de una reconstrucción bíblica (si no escenificadas como tales, entonces creadas a posteriori mediante pies de foto y citas bíblicas). Pero en otras, somos testigos de una visión menos filtrada de lo cotidiano.


Aunque, por supuesto, son parte de una visión parcial y fruto de una mirada orientalista (exotización de la realidad), estas fotografías nos ofrecen un valioso vistazo de Palestina en la bisagra de los siglos XIX y XX. Bajo la superficie de la fantasía bíblica, podemos vislumbrar una tierra palpitante de historia y potencial, una población (de muchas confesiones) inmersa en los vaivenes de la vida familiar, urbana y aldeana ; una visión de Palestina que dista mucho de ser, como rezaba el primer eslogan sionista, una «tierra sin pueblo».


Las escenas agrarias predominan en el archivo. Cuando se tomaron estas fotografías, los palestinos cultivaban olivos, algodón, tabaco, dura (sorgo), sésamo, y exportaban cebada al Reino Unido, trigo a Italia y Francia, y naranjas Jaffa a todo el mundo.


De los aproximadamente medio millón de residentes en los sanjaks otomanos que conformaban Palestina en ese período, alrededor del setenta y cinco por ciento eran agricultores, que vivían en más de setecientas aldeas. El otro veinticinco por ciento habitaba en pueblos y ciudades, ganándose la vida con la educación, el comercio, la administración, la religión y la artesanía. Aquí aparecen alegres escenas escolares, conversaciones en cafés, tenderos y artesanos trabajando arduamente, y festivales de gran júbilo.

A principios de la década de 1900, el censo otomano registró una población compuesta aproximadamente por un 85% de musulmanes, un 11% de cristianos y un 4% de judíos. El entusiasta del estereoscopio habría contemplado escenas de vida religiosa y familiar de todas estas poblaciones, y hay aquí un atisbo de la armonía y el mestizaje descritos en las memorias y diarios de residentes de Jerusalén como Wasif Jawhariyyeh y Yaakov Yehoshua, que detallan cristianos disfrazándose para las festividades de Purim, músicos judíos sefardíes actuando en bodas islámicas y mujeres musulmanas aprendiendo el ladino de sus vecinos.




Las imágenes y textos presentados en esta publicación fueron seleccionados, traducidos, editados y complementados desde The Public Domain Review. Click aquí para leer la publicación original y acceder al archivo fotográfico completo.
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