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¿Cuál es el peso de nuestra historia? Imposible decir adiós es la novela más reciente de la escritora surcoreana Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024. 

Aclamada por su capacidad de habitar y explorar emocionalmente las vida de sus personajes, Han Kang nos relata la historia de Gyeongha, una escritora radicada en Seúl, y el viaje contra el tiempo que debe realizar a la isla de Jeju para salvar a Ama, la pequeña mascota alada de su amiga Inseon. Es en medio de una tempestuosa tormenta de nieve, que Gyeongha comienza a develar los oscuros secretos de la isla, su conexión con Inseon y su proyecto en conjunto.

Han Kang en Madrid en el año 2017. Fuente: Lisbeth Salas

Han Kang es la primera escritora en obtener un premio de tan alta categoría en Corea del Sur, llevando a una ola de interés por sus obras y traducciones. Nacida en la ciudad de Gwangju en 1970, su vida se ve enmarcada prematuramente por tragedias personales y el alzamiento que azotó a las calles de la ciudad durante las revueltas en contra la dictadura de Chun Doo-hwan. En 1980, la masacre de Gwangju marcó un antes y después en el desarrollo de la democracia en Corea del Sur, afectando la trayectoria literaria de Han Kang y despertando su interés por la historia revuelta y los testimonios de sus sobrevivientes. Al igual que Gyeongha, Han Kang desea ser aquel conductor que brinda una voz hacia las generaciones de los no-escuchados, comprendiendo que el pasado es un lazo invisible que nos conecta irremediablemente.

Despliegue militar en Gwangju. Fuente: Na Kyung-Taek

Imposible decir adiós hurga profundamente en el pasado de Corea, sacando a la luz las heridas entreabiertas que aún aprisionan a sus habitantes. ¿Como podemos comprender los horrores que ocurrieron donde habitamos? La obra nos narra las historias de dos masacres que ocurrieron en el país durante la Guerra Fría, una en la ciudad de Gwangju y otra en la isla de Jeju.


Sur de la península coreana. Fuente: Atlas Nacional de Corea. Ministerio de Tierras, Infraestructuras y Transportes

En aquellos espacios atemporales, el pasado se vuelve tan tangible como el presente.  De esta manera, Gyeongha e Inseon se vuelven nuestras guías en este tránsito nebuloso, en medio de tormentas y conversaciones en una remota isla, ambas mujeres narran y habitan estos dos mundos al mismo tiempo; el pasado y sus horrores, su presencia actual y el eco de sus historias compartidas. Este dolor se vuelve una parte de ellas y su arte, logrando desentrañar una verdad universal: las atrocidades humanas son una experiencia colectiva, en donde, el precio de recontar la historia tiene consecuencias tanto personales como políticas.

Zona desmilitarizada que divide a las dos coreas. Fuente: Jung Yeon-Je/Pool por AP

Para los surcoreanos el pasado es una mirada en un espejo, una guerra congelada en el tiempo. Generaciones acalladas de contar sus propias historias por miedo a represalias, con el peso de la ausencia y el silencio aprisionándolos. Han Kang saca la voz por aquellas familias aún afectadas por el trauma, por la búsqueda de familiares desaparecidos, habitando su dolor en un acto de amor y empatía. No podemos entender la inmensidad del duelo ajeno hasta conocer sus historias y el innegable poder de su verdad. 

Puede que no haya una próxima vez” nos dice Incheon al final del libro, advirtiéndonos sutilmente que es nuestro momento de mirar hacia atrás y ser testigos de aquella inmensidad histórica. Entre el limbo del pasado, entre el ensueño y la realidad, entre aquellas pesadillas que fueron reales, Han Kang escribe un mensaje de esperanza hacia las nuevas generaciones. 

La historia de la humanidad puede estar trazada por la innegable evidencia de violencia humana, pero así como existe una universalidad en los relatos de violencia, también las hay en amor. El poder transversal del amor,  y el dolor como un signo de nuestra empatia y humanidad.

Monumento a  las personas desaparecidas en el Parque de la Paz 4-3 en la Isla de Jeju. Fuente: D4P.World

Han Kang nos invita a afrontar esto miedos, desenterrando y hurgando en nuestra propia historia. Confrontando la imposibilidad de decir adiós a quienes les fueron arrebatadas sus vidas injustamente, a todos aquellos que no llegamos a conocer pero son parte de nosotros. 

No estamos exentos de los horrores que ocurrieron donde habitamos. Sin embargo, algo es certero, sin una memoria de aquellos quienes sufrieron represión inhumana y  violencia, no hay un futuro posible. Se lo debemos a quienes ya no están con nosotros, a aquellos quienes su recuerdo habita palpitante bajo nuestro ser. Así, al final de su trayecto Gyeongha nos susurra “No es el final. Aún no nos hemos separado del todo, todavía no”. Aún, nos dice Han Kang, aún no decimos adiós.

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